Vigésimo congreso del Partido Comunista

Dudas económicas sobre China en un momento clave

A las puertas del encuentro que empezará a trazar el rumbo de China durante los próximos cinco años, nuevas advertencias por parte del FMI sobre la economía del gigante asiático y la rivalidad con Estados Unidos sirven de preludio para la cita

Dudas económicas sobre China en un momento clave
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El deseo estaba claro. Un año sin demasiados sobresaltos. Lograr estabilidad. Prosperidad. Llegar a una importante cita política con el máximo crédito posible. Pero los deseos no siempre se cumplen o, al menos, no todos. Y es que el año no ha estado precisamente exento de sobresaltos o elementos desestabilizantes. Tras un trayecto más ajetreado de lo que habría cabido imaginar, el Partido Comunista chino arrancará este domingo su vigésimo congreso.

De esa reunión, de una semana de duración, saldrán las bases que guiarán los pasos del gigante asiático durante los próximos cinco años. Una vez finalice, se espera que se nombre a Xi Jinping secretario general del partido otra vez más, un movimiento que allanaría el camino hacia un excepcional tercer mandato presidencial que se materializaría en marzo del año que viene y que le convertiría en el líder más poderoso que China ha tenido en décadas. Si bien la continuidad de Xi Jinping es una certeza, el congreso se produce en un momento de grandes incertidumbres.

Uno de estos campos en los que no se termina de ver que ocurrirá una vez finalizado el congreso del partido es la economía. La salud económica de la segunda potencia del planeta preocupa a organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta misma semana, el FMI rebajó sus previsiones de crecimiento a nivel mundial y actualizó una lista de amenazas para la prosperidad económica ya de sobra conocidas. La inflación, el endurecimiento de las condiciones monetarias, la invasión rusa de Ucrania y la persistencia del Covid lastran las perspectivas futuras, según los expertos del organismo. Pero en el documento que resume las predicciones, el nombre de un país se repite más que el de ningún otro: China.

En concreto, el FMI coloca el riesgo que supone para el resto del globo una desaceleración del gigante asiático a la misma altura que otros graves problemas como los anteriormente citados. Según la institución, en 2023, el crecimiento del PIB real chino debería rondar el 4,4%. Este porcentaje, que cualquier país europeo firmaría sin dudar, se encuentra por debajo de la tendencia que China lleva marcando entre el 2000 y 2021, periodo en el que de media creció un 8% anual.

Además de anticipar un “estancamiento” que sufrirán las tres principales áreas económicas del mundo (Estados Unidos, China y la Unión Europea) de cara al año que viene, el FMI detalla los motivos de su preocupación por el gigante asiático.

“En China, los frecuentes confinamientos derivados de la política de cero Covid han pasado factura a la economía, en especial en el segundo trimestre de 2022. Además, el sector inmobiliario, que representa aproximadamente una quinta parte de la actividad económica en China, está debilitándose con rapidez. Dado el tamaño de la economía china y la importancia que reviste para las cadenas mundiales de suministro, esto impondrá un pesado lastre al comercio y la actividad mundiales”, profundiza la institución presidida por Kristalina Georgieva.

¿Qué hiere al dragón?

El resto del planeta ya tuvo ocasión de comprobar los efectos de los confinamientos. China aún sigue sufriéndolos en el marco de su política de cero Covid. Además de la factura en las libertades de la ciudadanía y en la salud mental, y de generar efectos perniciosos en el tejido empresarial privado, también provocan agujeros en las cuentas públicas de forma asimétrica acrecentando con ello desigualdades preexistentes. “La dinámica actual de cero Covid que sigue el país, así como el frenazo inmobiliario, han golpeado con dureza al crecimiento. Ambos factores tendrán efectos duraderos en las arcas de aquellas regiones más fiscalmente débiles o con economías menos resilientes”, analiza Esther Yong, analista de renta fija asiática en Julius Baer.

Hubo un momento en el que esta forma de afrontar la pandemia parecía funcionar mejor que la de Occidente. “Cuando se levantaron los confinamientos en Wuhan, China lo hizo antes que el resto del mundo. Esto dio una sensación a la población china de que su modelo era más efectivo. Pero ahora, justamente, se ha dado la vuelta la situación. Esa narrativa de victoria ahora está en duda”, comenta al respecto Inés Arco, investigadora del think tank Cidob (Barcelona Centre for International Affairs).

Arco prevé que el cuándo y el cómo transicionar de esta política hacia otra distinta será sin duda una de las cuestiones candentes del país hasta bien entrado 2023. La experta cree que hubo un cálculo y, en busca de mantener la mayor estabilidad posible, se estimó que era mejor sacrificar la economía en este caso. “Habría que tener en cuenta cuál hubiera sido la alternativa al Covid cero en un país con bajas tasas de vacunación en la población adulta. Queda la incógnita de qué hubiera ocurrido si hubieran levantado las medidas con el consiguiente efecto en la mortalidad”, afirma.

"En China están convencidos de que la política de Covid cero ha ahorrado la muerte de más de 10 millones de personas. Hay que tener en cuenta que China es un país aglomerado poblacionalmente. Dos tercios de la población viven en un tercio del país. Tiene más de 100 ciudades con más de un millón de habitantes. Las aglomeraciones humanas en una situación como la del Covid les obligó a tomar medidas drásticas. Evidentemente, la pandemia ha frenado la economía china, pero es un coste que han asumido porque creen que compensa", asegura Marcelo Muñoz, decano de los empresarios españoles en China y presidente emérito de Cátedra China.

Sector inmobiliario y bancario

Más allá del evidente perjuicio derivado de las restricciones, tanto la experta de Julius Baer como el FMI mencionan problemas en el sector inmobiliario. “En julio de 2021 estalló el caso Evergrande: la crisis del principal promotor chino se ha prolongado desde entonces y ha desbordado a todo el sector y las industrias relacionadas”, señala Marco Mencini, gestor senior de renta variable de Plenisfer Investments SGR.

La crisis de Evergrande fue la constatación de que algo ocurría en el sector inmobiliario del gigante asiático. “La economía china ha crecido desde 1978 hasta hoy de forma ininterrumpida. Ha pasado a ser la segunda potencia mundial y no solo desde el punto de vista económico. Este crecimiento tan destacado, que nunca se ha dado antes en la historia y, sobre todo, en un país tan grande, crea problemas. Una crisis inmobiliaria, dudas en el sector financiero... son cuestiones que tienen que resolver todavía. Esa es la situación; no obstante, es un país que seguirá creciendo pese a estos contratiempos”, indica Muñoz.

Precisamente, en un artículo publicado en el think tank Fondo Carnegie para la Paz Internacional, el experto en economía china Michael Pettis apunta en la misma dirección que Muñoz en cuanto al origen del problema inmobiliario: el crecimiento. Además de a prácticas como la de conceder hipotecas a los compradores de vivienda incluso antes de poner el primer ladrillo, Pettis señala que, tras tantos años de bonanza económica (desde 1976 no ha caído el PIB chino ni un solo año, ni siquiera en 2020), las constructoras, los hogares y el sector financiero han desarrollado una suerte de visión distorsionada en tanto que han tomado una situación excepcional, como ha sido el crecimiento de China durante tantos años, como una norma.

En este entorno de expansión continua, prosigue Pettis, los incentivos han favorecido a aquellos que más se arriesgaban con las operaciones, a los que más se endeudaban y a los que más duramente especulaban; y ha animado a que todos actúen asumiendo más riesgo dado que, si no, quedarían atrás. La rueda del mercado inmobiliario se sostiene en tanto se piensa que las viviendas siempre se revalorizarán, ya que, si se cree eso realmente, entonces tiene sentido tomar más riesgos. Como así ha sido durante décadas, la situación invita a pensar que así seguirá siendo, de ahí la citada distorsión.

El economista considera que los problemas del sector inmobiliario o financiero que se han visto en casos concretos, más que ser hechos individuales, son la muestra de un fallo sistémico. “Es mucho más probable que sean parte de un problema estructural que se ha estado cociendo durante la última década. Esto significa, entre otras cosas, que incluso si el mercado inmobiliario se recupera el año que viene, fruto del final de los confinamientos, la recuperación puede ser solo parcial y temporal. En el medio plazo, los precios de las propiedades continuarán descendiendo y seguirán emergiendo insolvencias. Hasta que el problema sistémico no sea resuelto, no puede haber una estabilización permanente del mercado inmobiliario chino”, augura Pettis.

Tal y como indica Arco, tanto las dudas en el inmobiliario y el sector bancario son elementos que preocupan enormemente al partido y, a buen seguro, serán objeto de debate en el congreso al ser sistémicos. "Venimos de una época de desarrollo económico muy rápido con riesgos que han sido asumidos por parte de empresas inmobiliarias. El modelo de desarrollo que ha tenido China hasta ahora está caduco y ahora están intentando cambiarlo. Una de las fases es que haya una mayor participación por parte del consumo doméstico en su economía. El consumo interno chino representa alrededor del 50% del PIB mientras que en otros países ronda el 80%", recuerda la experta sobre los planes económicos a medio plazo de China, conseguir estimular aún más ese consumo interno y volverlo su motor fundamental.

Posición en el mundo

Además de los retos que señala el FMI y el resto de expertos consultados para el presente artículo, China tiene uno geopolítico. La semana pasada, Estados Unidos prohibió que fabricantes chinos compren semiconductores y materiales de producción estadounidense, lanzando un torpedo a la línea de flotación del sector tecnológico chino en un nuevo capítulo de su lucha por la supremacía mundial.

“El mercado bursátil chino ha experimentado la mayor corrección a la baja de los últimos 18 meses desde la crisis financiera de 2008. En comparación con el máximo del 16 de febrero de 2021, el índice que representa a la renta variable china, el MSCI China, ha bajado un 55%; sólo el sector de Internet ha perdido más de 2 billones de dólares de capitalización bursátil. En nuestra opinión, tenemos que ser cautelosos con China desde el punto de vista inversor ante la continua incertidumbre que pesa sobre los principales asuntos pendientes del país”, aconseja Mencini.

La declaración de amistad con Rusia es una de las cuestiones que ha añadido más leña al fuego de la tensa relación con Washington, que teme que Moscú y Pekín se alíen en su contra. “China es el primer socio comercial de 142 países. Tiene una política de multilateralismo a ultranza. Desde Occidente se dice que China apoya a Rusia, esto es una falacia. China no es aliado de Rusia. Es socio comercial y vecino, Rusia es una potencia media con la que mantiene una relación importante, como la que mantiene con muchos países del mundo”, dice Muñoz al respecto.

Por su parte, Arco estima que en este contexto geopolítico cada vez más ­adverso, el hecho de no poder importar unas tecnologías tan necesarias no solo para los elementos más punteros, sino para usos intermedios, puede limitar mucho la capacidad de expansión de capacidades tecnológicas de China. “Lo que ha aceptado China es que la situación con EE UU solo puede ir a peor. De producirse un cambio de ritmo con su relación con Rusia, Pekín tampoco tendría ninguna otra alternativa en el sentido de encontrar países simpatizantes que permanezcan a su lado en esta competición con EE UU, pero creo que ellos son muy conscientes de que necesitan esta integración a nivel económico en el mundo, y ese es uno de los elementos que van a intentar mantener como puedan”, prevé la investigadora.

Con todo, Muñoz cree que el desafío de mayor calado para China se trata de las diferencias. "Con el desarrollo de los últimos 40 años han aparecido grandes diferencias sociales, regionales y de género. Ese es el reto más grande en mi opinión para China, así como desarrollar una economía y una política que aminoren esas diferencias a medida que construyen el estado del bienestar al que aspiran y, que ya están construyendo, paso a paso", destaca.

A la pregunta de si China hará los deberes tras el congreso de cara a revertir la desaceleración, desde UBS creen que sí. “No obstante, esta estabilización de la actividad no tendrá efectos positivos significativos para el resto del mundo. Mientras la política de Covid cero siga en marcha, la recuperación de China será frágil y estará expuesta a una brusca desaceleración”, sostienen.

Si bien queda en el aire la incógnita sobre el devenir de la economía China o las decisiones que se tomarán más allá de la reafirmación de Xi Jinping, Arco resume qué se podrá extraer en todo caso del congreso que empieza este domingo: "Lo que es seguro es que vamos a ver con mucha más claridad lo que quiere China".

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