Transportes busca un nuevo impulso para la construcción española en Estados Unidos

La ministra Sánchez ofrece colaboración a su homólogo Pete Buttigieg con el foco en la alta velocidad

El secretario de Transportes de EE UU, Pete Buttigieg (izquierda), y la ministra española de Transportes, Raquel Sánchez, frente a frente con sus equipos el miércoles en Montreal (Canadá).
El secretario de Transportes de EE UU, Pete Buttigieg (izquierda), y la ministra española de Transportes, Raquel Sánchez, frente a frente con sus equipos el miércoles en Montreal (Canadá).

España busca ir a más con sus empresas de infraestructuras en Estados Unidos. Un encuentro mantenido el miércoles entre la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, y el secretario de Transportes de EE UU, Pete Buttigieg, tuvo entre los principales asuntos la búsqueda de nuevos “mecanismos de colaboración”, en palabras del Gobierno español, “para facilitar y potenciar la participación de empresas españolas en el desarrollo de infraestructuras en Estados Unidos”.

Atraen especialmente los planes de obra ferroviaria, donde constructoras como ACS y Ferrovial tienen un pie en California, y Renfe está ayudando en el diseño y será operadora de la primera línea de alta velocidad del país, la que enlazará Houston y Dallas, en el Estado de Texas. Ello, si los promotores vencen los escollos de una notable oposición que llegó a acudir a los tribunales y si son capaces de levantar la financiación para las obras.

Sánchez y Buttigieg, que ya habían mantenido algún encuentro previo por videoconferencia, han coincidido en Montreal (Canadá) durante la asamblea de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI por sus siglas en inglés). Sobre su reunión, el Ministerio de Transportes indica que la representante española ha trasladado a su homólogo “la importancia de que se relance la colaboración entre ambos países”.

Las citadas ACS y Ferrovial, junto a OHL, tienen en Estados Unidos su principal destino exterior. Y las también cotizadas FCC y Sacyr pelean por consolidarse allí, pero la tarea no es sencilla para otras referencias del sector con menor volumen de negocio. Estados Unidos mantiene un potente plan de infraestructuras, pero la entrada en él precisa certificaciones y amplia presencia prácticamente Estado por Estado.

Públicas y privadas

La ministra de Transportes ha jugado la baza de la experiencia de empresas públicas como Renfe, Ineco y Adif en el desarrollo de proyectos de alta velocidad durante los últimos 30 años. También ha puesto en valor la escuela en que se convirtió la red española, la segunda más extensa del mundo tras la de China, para el sector privado de la construcción.

Buttigieg juró el cargo de secretario de Transportes el 3 de febrero de 2021 y desde entonces ha defendido el macroplan de inversiones de la Administración Biden en infraestructuras, conocido como Build Back Better, y su propia apuesta personal por la inversión en el ferrocarril de alta velocidad.

Entonces dijo que se trataba de “un salto al siguiente nivel. No entiendo por qué otros países tienen un mejor servicio ferroviario y mayor inversión en alta velocidad que EE UU”.

En un país con gran peso de la automoción y el sector aéreo, hay debate abierto sobre la necesidad de fomentar el tren. Se habla de devolver el respaldo público a la línea de alta velocidad Los Ángeles-San Francisco, a la que la Administración Trump retiró subvenciones por 1.000 millones de dólares entre cuantiosos sobrecostes; de la necesidad de potenciar los servicios de larga distancia del operador Amtrak; de la conclusión del eje Chicago-San Luis, o de la mejora de los accesos ferroviarios de Newark a Nueva York. Con visión más a largo plazo, los lobbies estadounidenses presionan para la creación de una red de alta velocidad por todo el país.

Durante la etapa de Barack Obama en la Casa Blanca hubo Estados, como Wisconsin, Florida y Ohio, que llegaron a rechazar fondos federales para la alta velocidad. En todo el país apenas se puede considerar como una línea de altas prestaciones la que enlaza Boston y Washington. El tren más veloz de Amtrak, el Acela, circula a 240 kilómetros por hora y el próximo año entrarán unidades en su flota capaces de acercarse a los 260. Lejos aún de las velocidades que se alcanzan en España.

Décadas de idas y venidas

Regulación. Una Ley de 1965, la de Transporte Terrestre de Alta Velocidad, ya abría espacio a un desarrollo ferroviario que apenas se ha dado. A día de hoy existen varios proyectos en el cajón y tan solo hay tres con cierto avance: la línea Los Ángeles San Francisco; la Houston-Dallas, y la Brightline West que pretende comunicar Las Vegas con el sur de California.

Iniciativas políticas. Un proyecto de Ley presentado el pasado diciembre por el demócrata Seth Moulton valora la inversión para la creación de una red nacional de alta velocidad en 205.000 millones de dólares. Ya la pasada primavera una decena de senadores y más de 60 congresistas demandaron 3.500 millones de dólares, con cargo a 2023, para el desarrollo de corredores de alta velocidad.

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