Infraestructuras

La apuesta de Biden por la alta velocidad da alas a ACS, Ferrovial o Renfe en EE UU

El secretario de Transporte aboga por un salto en la inversión y el plan demócrata de crear una red nacional cuesta 170.000 millones

Pete Buttigieg jura su cargo de secretario de Transporte de Estados Unidos ante la vicepresidenta, Kamala Harris, en el acto celebrado el pasado 3 de febrero.
Pete Buttigieg jura su cargo de secretario de Transporte de Estados Unidos ante la vicepresidenta, Kamala Harris, en el acto celebrado el pasado 3 de febrero.

El sector español de las infraestructuras vuelve a mirar con optimismo a EE UU tras la rotunda declaración del nuevo secretario de Transporte de Estados Unidos, Pete Buttigieg, a favor de la inversión en la alta velocidad ferroviaria. “Tenemos que saltar al siguiente nivel”, señaló en una entrevista concedida al canal MSNBC, “no entiendo por qué otros países tienen un mejor servicio ferroviario y mayor inversión en alta velocidad que EE UU”.

El responsable de Transportes juró el cargo el 3 de febrero y pocos días después suscribe las promesas incluidas en el paquete Build Back Better, en el que Joe Biden concreta su visión sobre las infraestructuras y da un papel central al tren.

ACS, Ferrovial o Renfe son referencia para el sector ferroviario estadounidense tras haber entrado, las dos primeras, en la línea de alta velocidad de California, y Renfe como operador del AVE de Texas. En el entorno de las compañías se escucha con esperanza el mensaje que llega ahora desde el otro lado del Atlántico.

El 'lobby' ferroviario pide respaldo de la Administración a las líneas de California y Texas

El Gobierno de Biden ya ha detectado apetito inversor en diversos puntos de EE UU y su secretario de Transportes apunta hacia una nueva oportunidad para la alta velocidad.

Desde la High Speed Rail Alliance se le ha demandado que restaure la subvención de 929 millones de dólares retirada por Donald Trump a la línea Los Ángeles-San Francisco, así como una colaboración estrecha de la Administración Federal de Ferrocarriles con dicho proyecto. También se reclama desde este lobby que se potencien los servicios de larga distancia del operador Amtrak; la finalización del corredor Chicago-San Luis, y respaldo a la ampliación, en número de vías, de la línea entre Newark y la estación neoyorquina de Penn.

Respecto al proyecto de Renfe, el sector pide al nuevo Gobierno una relación lo más cercana posible con el promotor privado Texas Central Partners. El objetivo es que arranque cuanto antes la construcción de la línea de alta velocidad Houston-Dallas. El colectivo, patrocinado por la española Talgo, Siemens, Alstom o Bombardier, entre otras muchas, también presiona para la renovación de flota y el diseño de un plan para crear una red nacional de alta velocidad. El terreno es, en estos momentos, más fértil que nunca.

Reticencias en el pasado

Estados como Florida, Ohio o Wisconsin rechazaron el apoyo federal durante el mandato de Barack Obama. El servicio de mayores prestaciones de EE UU, el que une Boston y Washington DC, está por detrás de la alta velocidad desarrollada en 18 países. Una situación que para el nuevo titular de Transporte debería revertirse a corto plazo si se logra el apoyo necesario en el Congreso.

Buttigieg: “No entiendo por qué otros países tienen mejor servicio y más inversión en alta velocidad”

La ambicionada red nacional de alta velocidad ha sido presupuestada en 205.000 millones de dólares (unos 170.000 millones) en el proyecto de Ley presentado en diciembre por el congresista demócrata Seth Moulton. “El tren de alta velocidad es más rápido, más limpio, más seguro y mejor para nuestra economía. Conectará a las personas con sus trabajos en nuevos lugares, dará opciones a los estadounidenses en su forma de viajar y nos pondrá a la par con el resto del mundo”, explicó Moulton en ese momento.

El secretario de Transportes durante el primer mandato de Obama, Ray LaHood, protagonizó días atrás un cruce de acusaciones, a través de CNN Business, con el ex gobernador de Florida, Rick Scott, por el hecho de que el Estado congelara en 2011 la que iba a ser la primera línea de alta velocidad de EE UU. LaHood acusa a Scott de renunciar a ayudas por 2.300 millones de dólares. Y el hoy senador defiende que frenó el proyecto porque iba a costar cientos de millones a los contribuyentes de Florida.

El impulso de Obama sí enraizó en California, donde el corredor San Francisco-Los Ángeles se vió cercenado entre sobrecostes y la retirada de fondos federales. Con todo, la Autoridad para la Alta Velocidad de California sigue confiando en que el sector privado apoyará el desarrollo de la línea.

Texas Central Partners, promotora del proyecto Houston-Dallas, tampoco ha sido ajena a la posición del secretario de Transporte y ha agradecido públicamente el nuevo aire de impulso a la alta velocidad.

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