Europa puede relajarse respecto al plan B para el gas de Putin con China

En los próximos años, Moscú no dispondrá de los gasoductos, ni de los barcos, ni siquiera del combustible

Vladímir Putin, el día 13 en las afueras de Moscú (Rusia).
Vladímir Putin, el día 13 en las afueras de Moscú (Rusia). reuters

Vender más gas a China es uno de los proyectos más antiguos de Putin. Y tiene lógica Desgraciadamente para él, se ha vuelto más urgente y menos factible tras la guerra.

Los Gobiernos de la UE pueden ignorar las amenazas de Putin de que venderá a Pekín lo que los europeos ya no compran. Es posible que con el tiempo pivote. Pero en los próximos años, Moscú no dispondrá de los gasoductos, ni de los barcos, ni siquiera del gas.

Un gasoducto, aún en fase de expansión, lleva gas a China a un ritmo anual de unos 10.000 millones de metros cúbicos (10 bcm), con el potencial de suministrar 38 bcm a plena capacidad en unos años. Esta cifra se compara con los 155 bcm que compró la UE en 2021 y con los 210 bcm que exportó Rusia por gasoducto. En febrero se llegó a un acuerdo con Pekín para otro, y puede que algún día se acuerde un proyecto de larga duración para traer gas desde la península de Yamal. Pero la construcción de un nuevo gasoducto puede llevar 15 años desde su concepción.

China también está tomando parte del gas natural licuado de Rusia, de sus yacimientos orientales. Pero es un área en la que las sanciones occidentales están golpeando con fuerza. Para aumentar las entregas, Rusia necesitaría nuevos barcos capaces de atravesar el hielo durante el largo invierno. Pero se fabrican en Corea del Sur, que participa en las sanciones.

Incluso si Rusia pudiera construir esos barcos, estos no podrían transportar mucho gas extra. El gas de los nuevos yacimientos no puede licuarse sin tecnologías occidentales, y las grandes petroleras de Occidente, como Shell y Total, se han retirado de los proyectos en los que invirtieron.

Por último, si todos los proyectos de Putin con China resultaran, el límite superior podría ser que Pekín se resistiera a depender demasiado de la energía rusa, pese a haberse convertido este año en el principal importador de su petróleo y gas al aprovechar su posición para obtener precios favorables.

La UE parece estar enfriando la aplicación de un tope al precio del gas ruso. Si es por el temor a que Moscú pueda pivotar hacia el este, deberían relajarse.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías