La cúpula de EY ultima su decisión sobre la escisión de sus negocios de auditoría y consultoría

El Comité Ejecutivo Global prevé adoptar una postura a finales de esta semana y dar paso a la votación de los 13.000 socios de la entidad

La cúpula de EY ultima su decisión sobre la escisión de sus negocios de auditoría y consultoría

El gigante de la consultoría y auditoría EY encara una semana decisiva. Después de que se conociera esta pasada primavera que la compañía estudia la viabilidad de separar sus dos áreas de negocio en empresas totalmente diferentes al calor de la estricta regulación y recomendaciones del regulador británico, este lunes se reunieron los miembros que forman parte del Comité Ejecutivo Global de la firma, el máximo órgano de gobierno de la sociedad, tal y como publicaron esta madrugada The Wall Street Journal y Financial Times.

En dicha reunión, fuentes conocedoras del proceso abierto explicaron que la cúpula de la compañía puso sobre la mesa la propuesta de escisión diseñada para poder empezar a conocer la opinion de los 13.000 socios patrimoniales o propietarios con que cuenta la entidad y que serán quienes decidan si se sigue adelante con el plan de escisión o se paraliza. En España, la entidad cuenta con 300 socios.

Por tanto, si a finales de semana la primera votación llevada a cabo por dicho comité es partidaria de la escisión del negocio de consultoría del de auditoría se podrá dar inicio a la siguiente fase. A partir de ese primer plácet, la propuesta deberá recabar el apoyo o rechazo de los socios de la empresa en cada uno de los 140 países donde opera.

No obstante, según las informaciones publicadas hasta la fecha, son todavía muchas las cuestiones que quedan por definir. He aquí las más importantes. La primera y esencial es ratificar cómo será la anunciada escisión. Tal y como describe The Wall Street Journal EY tiene previsto dividir su red global de ingresos de aproximadamente unos 45.000 millones de dólares anuales en una proporción de 60/40 entre el negocio de consultoría y la actividad centrada en auditoría, que será la que previsiblemente mantenga la marca EY.

Otras informaciones han llegado a especular con que la nueva consultora que surja en la operación podría sacar a Bolsa hasta un 15% de su capital con el fin de obtener hasta 10.000 millones de dólares para la financiación de su reconversión. Una transformación que además requerirá de la solicitud de préstamos valorados en otros 17.000 millones de dólares para hacer frente a los pagos o compensaciones que supuestamente recibirán los socios como parte del proceso.

He aquí otro de los escollos o particularidades que pueden hacer finalmente que la balanza se incline hacia el sí o el no de la operación de escisión: las millonarias retribuciones que se ha publicado podrían recibir los socios de la firma.

Los socios de auditoría, que, según el citado diario, cobran salarios en Reino Unido y EE UU de entre 850.000 y 900.000 dólares anuales, podrían recibir al menos un millón de dólares como compensación por la operación. Mientras, para el caso de los socios del negocio de consultoría se ha llegado a hablar de cifras de entre siete y nueve veces superiores a sus emolumentos ordinarios anuales.

La clave para que salga adelante la separación, no obstante, no está tanto en convencer a los socios de que el proyecto será bueno para sus finanzas personales, como que el negocio de la compañía no se verá resentido, sino todo lo contrario, subrayan algunos analistas conocedores del mercado. Y es que EY audita las cuentas de gran cantidad de gigantes de Silicon Valley, incluidos Amazon, Salesforce Inc., Workday Inc. o la matriz de Google, Alphabet Inc.; lo que limita su capacidad para competir en el área de la consultoría, una actividad que sigue demostrando un rápido crecimiento dados los procesos de transformación digital y profundos cambios en los que están inmersas empresas y economías de todo el mundo.

También se espera que la decisión de la cúpula prevista para finales de esta semana, suponga el inicio de las negociaciones con la Comisión de Bolsa y Valores y otros reguladores de todo el mundo que deberán autorizar la operación de manera explícita. Los organismos de control vigilarán sobre todo que con la escisión de ambos negocios de la firma se pone definitivamente fin a posibles conflictos de intereses, un problema de larga tradición en este sector.

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