Guerra fría tecnológica

EE UU y China sitúan a Taiwán en el epicentro de su batalla por dominar el negocio de los chips

EE UU prohíbe a los fabricantes que subsidien invertir en plantas en China en 10 años

TSMC, Samsung, SK Hynix, Intel y ASML, entre las afectadas por esta restricción

Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, se reunió con TSMC, además de con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, en su visita a este país.
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, se reunió con TSMC, además de con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, en su visita a este país.

EE UU ha echado un órdago a China en su batalla por el liderazgo económico mundial. Y lo ha hecho en el campo de los chips, un área estratégica para la economía del futuro, cada vez más digital y dependiente de estos pequeños componentes. El Congreso de EE UU acaba de aprobar la Ley de Chips y Ciencia, con un programa federal histórico de 52.000 millones de dólares (más de 51.200 millones de euros) para impulsar las capacidades nacionales de fabricación de chips, una cantidad que, sin embargo, algunos juzgan corta en comparación con el programa chino de 150.000 millones de dólares.

El programa americano incluye, no obstante, otras herramientas para balancear el desequilibrio financiero, la más potente una píldora envenenada para el gigante asiático: prohíbe a los fabricantes de chips que obtengan fondos federales de EE UU abrir nuevas plantas de chips avanzados o expandir su producción ya existente en China durante 10 años. Una restricción que afecta, entre otros, al gigante taiwanés, TSMC, a las surcoreanas Samsung y SK Hynix, y a la estadounidense Intel, pero también a la europea ASML.

La medida, que les hará perder oportunidades de crecimiento en el mercado de chips más grande del mundo, también se extiende a Rusia. Y tiene una excepción: no afecta a la producción de chips de 28 nanómetros o generaciones anteriores, menos avanzadas. Los productos más sofisticados del fabricante de chips chino SMIC están en ese umbral, y difícilmente lo superará si ASML sigue sin venderle sus sistemas de litografía ultravioleta extrema continuando el boicot que comenzó bajo presiones del Gobierno del expresidente de EE UU, Donald Trump.

Los beneficiarios que violen las restricciones de producción o venta a China pueden verse obligados a pagar los subsidios federales recibidos en su totalidad, según Bloomberg, que dice que la Casa Blanca firmará en breve la ley tras la aprobación por Senado y Congreso.

Se espera que una gran parte de la subvención federal de EE UU se destine a Intel, TSMC y Samsung, las cuales están construyendo nuevas instalaciones de fabricación de chips por valor de decenas de miles de millones en EE UU. No obstante, según Reuters, el Departamento de Comercio ha anunciado que existirán restricciones sobre el tamaño de las subvenciones y otros compromisos sobre su finalidad para garantizar su eficacia.

Grandes beneficiarios

Entre los posibles grandes beneficiarios de las subvenciones solo TSMC está fabricando chips relativamente avanzados en China en este momento; en sus plantas en Nanjing fábrica chips de 28 y 16 nanómetros. Intel, por su parte, tiene instalaciones de empaquetado y prueba de chips en China, y ya ha señalado su temor a que las restricciones “puedan socavar inadvertidamente la competitividad global de las empresas que reciben fondos chips”.

La visita estos días de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, Nancy Pelosi, a Taiwán no ha hecho más que echar leña al fuego. La política estadounidense mantuvo una reunión este miércoles con directivos de TSMC, con quien habló de la nueva Ley de Chips y le pidió colaboración en áreas tecnológicas clave, según informó Nikkei Asia.

En una conferencia de prensa el mismo día, Pelosi elogió la aprobación de la Ley de Chips como “una gran oportunidad para la cooperación económica entre EE UU y Taiwán”. EE UU también ha expresado repetidamente su preocupación por la seguridad de los suministros de chips y la posibilidad de que los conflictos geopolíticos en Asia interrumpan la cadena de suministro global de semiconductores.

EE UU, que se apresura a construir una industria nacional de semiconductores en su batalla con Pekín por la supremacía tecnológica, considera que TSMC es vital para sus intereses en este campo, pues la taiwanesa, que es el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, suministra este componente a gigantes estadounidenses como Apple, Google, Qualcomm y Nvidia.

Muchos políticos estadounidenses han expresado su preocupación de que China pueda apoderarse de TSMC, en caso de que invada Taiwán, dándole el control de los semiconductores más avanzados del mundo. Pero, como ha explicado el presidente de esta compañía, Mark Liu, “nadie puede controlar TSMC por la fuerza. Si lo tomas por la fuerza militar o la invasión harás que sus fábricas no funcionen”.

Washington incluso ha señalado la dependencia de Taiwán específicamente como un riesgo, según Nikkei Asia. Para romper esa dependencia, hace poco ha sellado un acuerdo con Japón para trabajar conjuntamente en el desarrollo de chips de 2 nanómetros, según informa Reuters, y trabaja para alcanzar una alianza más estrecha con Corea del Sur.

Precisamente, se espera que Pelosi también se reúna con directivos de Samsung y SK Hynix en Corea del Sur, el siguiente país en su visita por Asia. Al cierre de esta edición, el encuentro aún no se había producido. Según Kim Young-woo, jefe de investigación de SK Securities en Seúl, “las barreras de protección contra China acelerarán el cambio de los fabricantes de chips coreanos a EE UU desde China”.

Europa en una posición cada vez más difícil

Inversiones. No solo EE UU y China están ofreciendo importantes sumas de dinero para atraer la fabricación de chips a sus territorios. También lo están haciendo Corea del Sur, Japón, Taiwan, Singapur y la UE, que en febrero anunció la Ley Europea de Chips, que movilizará más de 43.000 millones de euros de inversiones tanto del sector público como privado con el objetivo de que en 2030 el 20% de los chips del mundo se produzca en la UE (ahora es el 10%). Pero, los últimos movimientos parecen dejar a Europa en una posición de mayor desventaja.

Chip4. Y no solo por la partida económica destinada a atraer a los fabricantes de chips, que es menor a la ofrecida por China o EE UU, sino porque la Ley de Chips de EE UU ya se ha aprobado y la europea no se prevé que esté hasta el segundo trimestre de 2023. Además, porque según diferentes fuentes, EE UU ha propuesto a Japón, Corea y Taiwán crear la alianza Chip4 para construir una cadena de suministro de semiconductores, dejando fuera de la iniciativa a la UE.

Competencia. En julio, Will Hunt, analista especializado en políticas de semiconductores del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de Georgetown, ya dijo a The Wall Street Journal, que se esperaba que EE UU se coordinara con otros países fabricantes de chips para evitar una competencia de subsidios que pueda conducir a excesos de producción o inversiones gubernamentales superpuestas.

Rival para ASLM. También Corea del Sur parece estar dispuesta a invertir para fortalecer su ecosistema en torno al negocio de los chips y uno de sus objetivos sería impulsar una empresa capaz de crear máquinas avanzadas para fabricar chips de última generación, que entraría a competir con la europea ASML.

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