Invertir en compañías excelentes a precios atractivos es hoy posible

La clave es seleccionar una serie de valores de alta calidad que garanticen un crecimiento y una rentabilidad extraordinarios durante mucho tiempo

El primer semestre de 2022 deja una sorprendente estadística: ha sido la peor primera mitad de año para la Bolsa americana en más de un siglo. Los principales motivos que explican esta estadística son la inflación, la política monetaria y la desaceleración económica. Los datos de inflación, lejos de relajarse, han continuado al alza. El último dato publicado en España mostraba una inflación por encima del 10%, niveles que no se veían desde principios de la década de los 80. En Estados Unidos, la inflación en mayo fue del 8,6%, mismo dato que la última lectura de inflación de la eurozona.

Gran parte de la evolución de los precios se debe al profundo shock de oferta que se ha producido como consecuencia del Covid-19. Las roturas de las cadenas de suministro y de los procesos de fabricación han contraído la oferta de una manera vertiginosa. Al mismo tiempo, la demanda se ha disparado. A lo largo de 2021 aún se sentían los efectos positivos de unos estímulos desorbitados, a lo que debemos añadir el exceso de ahorro generado durante el periodo de confinamiento. En otras palabras, la oferta se ha contraído en un momento en que la demanda se ha disparado. El resultado no podía ser otro que la inflación.

Y el conflicto bélico en Ucrania agrava aún más la situación. Más contracción de oferta y nuevos problemas geopolíticos que presionan aún más algunos componentes como la energía. En este sentido, Europa tiene una situación más complicada que Estados Unidos al no ser autosuficiente energéticamente. El reflejo de esta situación podemos observarlo en los precios del gas natural en Estados Unidos y Europa: mientras en Estados Unidos los precios del gas han caído en torno a un 40% en las últimas semanas, en Europa han seguido disparándose y se sitúan en zona de máximos históricos.

Ante este contexto económico, los bancos centrales han tenido que cambiar el discurso y tomar medidas. La Reserva Federal ha llevado a cabo la mayor subida de tipos de interés en seis meses desde la época de Alan Greenspan (1994-1995). En estos momentos, los tipos de interés de referencia de la Fed se sitúan en el 1,75% y el mercado espera que para finales de año se sitúen en torno al 3,25%. El BCE, aunque de momento no ha actuado, está dando avisos al mercado de que necesita llevar a cabo varias subidas de tipos de interés este año.

La voluntad de los bancos centrales por contener los precios ha tenido un profundo impacto en los mercados financieros, tanto de renta fija como de renta variable. Si comenzábamos comentando que ha sido la peor primera mitad de año para la Bolsa americana, lo cierto es que los activos de renta fija han sufrido caídas que tampoco se veían en mucho tiempo. En España, por ejemplo, el bono a 2 años español ha pasado de ofrecer una rentabilidad negativa en diciembre de 2021 a ofrecer más de un 1,5% a mediados de junio (ahora ofrece en torno a +0.75%). Esto implica que un bono español con vencimiento en 2024 habría perdido en la primera mitad del año en torno a un -3%. Pero si ampliamos el plazo, las caídas son más dramáticas: el bono español a 10 años habría perdido sobre un -15% en la primera parte del año.

Como se puede advertir por los datos y el contexto económico, la primera parte del año ha sido una de las más complicadas para los activos financieros. La descorrelación que suele existir entre la renta fija y la renta variable tampoco ha funcionado, por lo que, incluso las carteras conservadoras, lo han tenido difícil para encontrar un refugio en el mercado. Como no podía ser de otra manera, la inflación desorbitada, los problemas energéticos y el drenaje de ahorro y de liquidez del sistema han avivado el miedo a la recesión económica, que es el nuevo enemigo de los inversores.

Pero los mercados no se mueven por noticias, sino por expectativas. Esto complica la toma de decisiones, ya que es muy difícil adivinar qué hay metido en precio y qué queda por meter en precio aún. No obstante, la respuesta solo es importante para un horizonte de corto plazo. Si nuestro enfoque es de largo plazo (todo inversor debería tener un enfoque de largo plazo), poco nos importa cuál vaya a ser el dato de inflación del próximo mes o si el próximo trimestre habrá una caída del PIB, lo que nos debería importar es que la tendencia de crecimiento y la rentabilidad de las compañías en las que vamos a invertir se mantenga. Por ello, en mi opinión, lo más importante a la hora de invertir es seleccionar una serie de compañías de excelente calidad que nos garanticen un crecimiento y una rentabilidad extraordinarios durante mucho tiempo.

A corto plazo, las cotizaciones se mueven por elementos ligados al contexto económico, como pueden ser los tipos de interés o la inflación. Es por ello por lo que, durante la primera mitad de 2022, la contracción de múltiplos de las compañías de calidad y de las compañías de crecimiento ha sido tan agresivo. Pero a medio y largo plazo son los fundamentales los responsables del rendimiento de las acciones, no tanto el múltiplo de cotización. Es decir, lo único que importa a largo plazo es la creación de valor. El precio que paguemos es relevante a corto plazo, pero a largo plazo importa más la calidad del negocio que el precio que hayamos pagado por el mismo.

Los dos motores que explican el rendimiento de las acciones a medio y largo plazo (precio y calidad) suelen tener una relación inversa, es decir, cuanto mayor sea la calidad del negocio, mayor será el múltiplo al que cotice, y viceversa. Pues bien, la consecuencia del complejo escenario actual es que los negocios de calidad, que suelen disfrutar de una prima de cotización respecto al resto del mercado, han sufrido tal compresión de múltiplos que es posible adquirirlos, por primera vez en mucho tiempo, a precios atractivos. Esto implica que el margen de seguridad es muy elevado en la actualidad.

En un contexto en que reina la incertidumbre, la inflación sigue siendo muy elevada y el coste de financiación se dispara, invertir en compañías de calidad es más importante que nunca. Estos negocios ofrecen una alta visibilidad de ingresos, gozan de márgenes muy elevados y disponen de ventajas competitivas para trasladar la inflación vía precios y, por lo general, suelen tener balances muy saneados, incluso ausencia de deuda, lo que elimina el riesgo de solvencia en un momento en que las condiciones financieras se endurecen y la demanda se contrae. Además, por primera vez en mucho tiempo, estos negocios están disponibles a precios atractivos. De esta manera se activan los dos motores que explican el rendimiento de las acciones: calidad y precio. Pocas veces funcionan los dos motores al mismo tiempo…

Álvaro Jiménez es Gestor de Renta Variable en Gesconsult