Ojo con el futuro: volatilidad en mercados de valores

La compraventa de alta frecuencia y bajos costes, la automatización y la gran concentración de la gestión en pocas manos han elevado las fluctuaciones

En los debates sobre globalización o desglobalización, el indicador que acapara la atención es el comercio, pero la expansión del valor de las acciones cotizadas y la concentración paralela de transacciones en manos de pocos operadores y en las bolsas de valores de Estados Unidos también merece atención. La implicación, junto con el papel de otros factores de cambio estructural en los mercados de valores, es que la volatilidad en los precios de los valores ha venido para quedarse y toda estrategia de financiación e inversión debe tenerlo en cuenta.

Las agitadas cotizaciones bursátiles del 2022 son un buen ejemplo de volatilidad disparada, incluyendo fluctuaciones muy por encima de lo normal en el espacio de una sola sesión bursátil, incluso sin nueva información que la motive. Por ejemplo, oscilaciones en índices de más de un 2% de un día para otro ya no son infrecuentes, y recientemente hemos visto en bolsas de EEUU oscilaciones diarias de casi un 5%.

El valor de la capitalización bursátil (en dólares) es alrededor del 150% del tamaño de la economía mundial. Este ratio lleva décadas en tendencia creciente (con altibajos importantes): creció progresivamente durante las últimas décadas del siglo XX hasta llegar a un punto álgido en 1999 con la exuberancia de las empresas puntocom, retrocediendo después hasta alcanzar el mismo nivel en el 2007 para recular otra vez tras la crisis financiera, volver a crecer durante la década del 2010, retroceder brevemente en 2020, al principio de la pandemia, y recuperarse rápidamente, de nuevo, hasta que la invasión de Ucrania y la inflación han llevado a un importante repliegue.

Este ratio creciente refleja el efecto combinado del hecho de que más empresas coticen en Bolsa en todo el mundo y de que su valor aumente. Paralelamente, ha habido un aumento continuado del porcentaje que EEUU representa en la capitalización bursátil global, a pesar de que su participación en la economía global ha ido disminuyendo como resultado del ritmo más rápido de crecimiento del PIB en Asia Oriental.

Esto supone que gran parte del aumento en el valor de la capitalización bursátil mundial ha tenido lugar en bolsas con sede en Estados Unidos, donde muchas empresas globales (con independencia de su base de operaciones) han escogido cotizar sus acciones. Los mercados de valores estadounidenses son también aquellos en los que la volatilidad ha tendido a ser más alta, posiblemente porque los costes operativos son relativamente bajos, tanto con relación al pasado como respecto a la mayoría de las demás bolsas.

Potencialmente, incluso más significativo que el tamaño y la localización de las acciones cotizadas, es otro aspecto de esta dinámica: el incremento de activos gestionados por fondos de inversión en detrimento de la selección individual de valores por parte de los inversores y, en paralelo, la concentración de activos en fondos en manos de unos pocos gestores.

El movimiento hacia mecanismos de inversión más institucionales (impulsados, especialmente en Estados Unidos, por el cambio de los planes de pensiones tradicionales a las cuentas de jubilación individuales con beneficios fiscales) creó un terreno fértil para esta concentración muy rápida y masiva de activos en manos de unos pocos gestores multinacionales. Los 5 principales gestores han multiplicado por ocho el tamaño de los activos que controlan en menos de 20 años al pasar de 3 a 24 miles de millones de dólares. El tamaño de estos gigantescos gestores de activos significa que no solo desempeñan un papel clave en la transmisión de las señales de demanda de los inversores, sino que también dan forma a dicha demanda a través de la innovación en sus ofertas.

Otra dinámica que contribuye a generar volatilidad es la de la creciente importancia de la gestión pasiva de fondos, sobre la base de índices predeterminados. Lo hace a través de la automaticidad, ya que los administradores de fondos indexados se comprometen a mantener la composición prometida por el índice respectivo, así que todos operan a través de decisiones mecánicas de compra y venta en un comportamiento similar al de un rebaño.

La otra cara de la creciente intermediación de inversiones de capital a través de fondos es la reducción del papel de la selección de valores tradicional por parte de los inversores individuales. Este fue tradicionalmente un factor estabilizador, ya que los inversores individuales no tendían a ser operadores de actividad frecuente. Mientras el papel de los inversores individuales tradicionales se ha reducido, ha surgido un nuevo fenómeno de inversión masiva (en transacciones, aunque no en valor) y de alta frecuencia, que añade volatilidad al mercado de valores, facilitado por redes sociales y plataformas como Robinhood.

La expansión de mercados institucionales transparentes para valores de renta variable tiene muchos beneficios positivos para la economía mundial, tanto para empresas en busca de financiación como para particulares buscando invertir sus ahorros. Pero un desafío importante que generan tiene que ver con el potencial de volatilidad (incluso, a través de casos excepcionales, pero explosivos de manipulación) que resulta de la combinación de compraventa de alta frecuencia y bajos costes, automatización y gran concentración de la gestión en pocas manos.

Enrique Rueda es investigador sénior de EsadeGeo, Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade