La formación como puerta del futuro

La educación financiera y la digitalización no son marcos separados, sino complementarios y urge impulsar ambos

El 46% de la población española considera que sus conocimientos financieros son “bajos” o “muy bajos”, según la encuesta de competencias financieras realizada por el Banco de España (BdE) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). ¿Por qué resulta tan difícil el manejo de las finanzas básicas? ¿Qué se puede hacer para prepararnos a todos, jóvenes y mayores, o para que los consumidores puedan tomar mejores decisiones en su día a día? La respuesta a estas preguntas es muy clara: es necesario reforzar los conocimientos financieros.

En el sector bancario estamos convencidos de que la educación financiera y la capacitación digital son dos herramientas muy poderosas para mejorar nuestra calidad de vida. La educación financiera es una buena compañera de viaje, tanto para proporcionar tranquilidad en la administración de los bienes como para preparados en el caso de que puedan surgir imprevistos y no nos cause un daño irreparable. En todas las etapas de la vida es necesario saber gestionar los recursos de que se dispone y ser conscientes, desde edad temprana, de que son limitados, y que es imprescindible ser realista para evitar cometer errores de cálculo y apreciación.

Hay principios financieros ampliamente extendidos, como, por ejemplo, “es conveniente ahorrar para afrontar futuras complicaciones”, “es malo vivir más allá de nuestras posibilidades”, o “no es razonable estar fuertemente endeudado”. Todos somos sensibles a estos principios y, a pesar de ello, en algún momento de nuestra vida podemos llegar a incumplirlos. Uno de los inversores más acreditados del mundo, Warren Buffett, sostiene que él no invierte en cosas que no entiende, y esa es justamente la raíz de la educación financiera, que cada persona sea capaz de entender el porqué y el para qué de las decisiones económicas y financieras que adopta.

La importancia de la educación financiera trasciende fronteras. A finales del año pasado se lanzó el marco de competencias de educación financiera a través de un trabajo conjunto de la Comisión Europea y de la OCDE. Se trata de una base conceptual sobre la que construir medidas y apoyo a estrategias nacionales, al diseño de programas con herramientas y materiales, y también a la evaluación de iniciativas todo ello para mejorar la educación financiera. Nuestras autoridades han mostrado interés en trabajar en esta línea en los próximos años.

En convergencia a la educación financiera está la capacitación digital. Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), la digitalización es la principal herramienta para fomentar la inclusión social e impulsar el desarrollo económico, la diversidad y la sostenibilidad en los países menos desarrollados. En el resto de los países no se suele pensar en las ventajas de la digitalización porque ya las tenemos interiorizadas y nos beneficiamos de ellas en nuestro día a día. Más bien se han asumido los actuales límites de la digitalización: una insuficiente conexión y, en algunos casos, una limitada capacitación digital, dos aspectos que las autoridades se han comprometido a mejorar y que Europa quiere resolver. Por esta razón más del 20% de los fondos europeos se van a dedicar a la digitalización de la economía y de la sociedad, sin perder de vista que el objetivo es unir y no separar.

La existencia de una brecha digital es evidente en países como España y va más allá de la edad o de las características socioculturales de las personas.

La clave para resolver esa distancia reside en que cada persona pueda tener la oportunidad de adaptarse a la digitalización a su propio ritmo, para que sirva de herramienta facilitadora y nunca una barrera de acceso, y mejore su calidad de vida. La digitalización debe ser considerada como un complemento y mejora de la accesibilidad a productos y servicios privados y públicos, y no como un elemento de exclusión.

La educación financiera y la digitalización no son marcos separados. La formación financiera es un complemento perfecto de la digitalización, porque favorece un proceso meditado de toma decisiones, una actitud muy diferente de la tendencia impulsiva a la que en ocasiones puede inducir internet. Un ejemplo muy reciente de esa necesidad reflexiva y prudente en la gestión de las finanzas personales se puede encontrar en el auge de las criptomonedas y de los riesgos que conllevan. Todos los activos financieros conllevan un alto riesgo y es imprescindible conocerlos y entenderlos antes de tomar una decisión.

Sabemos que hay mucho camino por delante para mejorar. Pero también sabemos que la unión hace la fuerza. Por ejemplo, de forma reciente los bancos hemos creado una plataforma que aglutina todo el esfuerzo por el sector por mejorar la educación financiera y la capacitación digital de la sociedad. De esta forma nos unimos al esfuerzo colectivo que realizan las autoridades de ayudar a la formación de las personas.

En el sector bancario estamos ­convencidos de que el activo más valioso de nuestro tiempo es el conocimiento. Generarlo entre todos y compartirlo con todos es la mejor forma de hacerlo crecer.

José Luis Martínez Campuzano es Portavoz de la Asociación Española de Banca