Dividir Renault en dos requiere una conducción cuidadosa

Separar la parte eléctrica puede aumentar el valor del grupo, pero también incrementar los costes

Renault Megane E-Tech 100% Eléctrico.
Renault Megane E-Tech 100% Eléctrico. reuters

Una división de Renault en dos requeriría una conducción muy cuidadosa. El fabricante de automóviles francés, con un valor de 7.300 millones de euros, podría separar sus unidades de electricidad y de combustibles fósiles. Ello podría aumentar su valoración y abrir la puerta a nuevos capitales. También aumentaría los costes y la complejidad para el director general, Luca de Meo.
Al igual que la mayoría de los fabricantes de automóviles, Renault está lidiando con el cambio a los vehículos eléctricos, que requieren enormes cantidades de inversión. Los nuevos actores, como Tesla, se alejan cada vez más, y el margen operativo de Renault, de apenas un 3% el año pasado, es inferior al de rivales como Stellantis o Mercedes-Benz.

Una valoración hundida y una gobernanza compleja –entre los accionistas se encuentran el Gobierno francés y el socio japonés Nissan Motor, en el que la propia Renault posee una participación del 43%– dificultan la obtención de nuevo capital. Y una fusión es poco probable después de un intento fallido de unirse con Fiat en 2019.

Separar las unidades de vehículos eléctricos y de combustión interna podría ayudar. La primera podría valorarse mejor, recompensando a los accionistas y permitiéndole obtener capital. Si se toman las ventas previstas por Berenberg para 2023, y se aplica un múltiplo de valoración de 3 veces –la mitad que Tesla–, la nueva Renault Electric podría valer casi 11.000 millones de euros. Eso es más que el valor actual de empresa del grupo, después de tener en cuenta la deuda y los pasivos por planes de pensiones, de 3.000 millones de euros.

El riesgo es que los inversores apliquen un descuento por accidente automovilístico al moribundo negocio de combustión interna, que absorberá la financiación durante años.

Como una fusión en marcha atrás, una disgregación también podría aumentar los costes si se duplicaran las actividades. Incluso si ese solapamiento solo se aplicara al 2% de los costes operativos, quizá la mitad que en una fusión tradicional de fabricantes de automóviles, se comería aproximadamente la mitad del beneficio antes de impuestos de Renault este año, según nuestras estimaciones.

La parte política también podría ser compleja. Los planes para mantener la sede de Renault Electric en Francia ayudarían a mantener al Gobierno y a los sindicatos de su lado. Sin embargo, la incorporación de Nissan como socio fabricante podría implicar una renegociación del complejo acuerdo de gobernanza franco-japonés.

Puede haber formas de hacer frente a estos retos. Renault podría mantener algunas unidades, como las de compras y logística, a nivel de holding, lo que permitiría a ambas empresas compartir recursos comunes. La fusión del negocio de los motores de combustión con otras compañías también supondría un ahorro. Sin embargo, cualquier división creará más riesgo y complejidad, y consumirá tiempo de gestión. Tal vez la esperanza de De Meo sea que cuanto más se ilumine el negocio eléctrico de Renault, menor será la necesidad de una cirugía radical en otros ámbitos.

 

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

 

 

Una escisión de Renault requeriría una conducción muy cuidadosa. El fabricante de automóviles francés, con un valor de 7.300 millones de euros, podría separar sus unidades de electricidad y de combustibles fósiles. Ello podría aumentar su valoración y abrir la puerta a nuevos capitales. También aumentaría los costes y la complejidad para el director general, Luca de Meo.
Al igual que la mayoría de los fabricantes de automóviles, Renault está lidiando con el cambio a los vehículos eléctricos, que requieren enormes cantidades de inversión. Los nuevos actores, como Tesla, se alejan cada vez más, y el margen operativo de Renault, de apenas un 3% el año pasado, es inferior al de rivales como Stellantis o Mercedes-Benz.
Una valoración hundida y una gobernanza compleja –entre los accionistas se encuentran el Gobierno francés y el socio japonés Nissan Motor, en el que la propia Renault posee una participación del 43%– dificultan la obtención de nuevo capital. Y una fusión es poco probable después de un intento fallido de unirse con Fiat en 2019.
Separar las unidades de vehículos eléctricos y de combustión interna podría ayudar. La primera podría valorarse mejor, recompensando a los accionistas y permitiéndole obtener capital. Si se toman las ventas previstas por Berenberg para 2023, y se aplica un múltiplo de valoración de 3 veces –la mitad que Tesla–, la nueva Renault Electric podría valer casi 11.000 millones de euros. Eso es más que el valor actual de empresa del grupo, después de tener en cuenta la deuda y los pasivos por planes de pensiones, de 3.000 millones de euros.
El riesgo es que los inversores apliquen un descuento por accidente automovilístico al moribundo negocio de combustión interna, que absorberá la financiación durante años.
Como una fusión en marcha atrás, una disgregación también podría aumentar los costes si se duplicaran las actividades. Incluso si ese solapamiento solo se aplicara al 2% de los costes operativos, quizá la mitad que en una fusión tradicional de fabricantes de automóviles, se comería aproximadamente la mitad del beneficio antes de impuestos de Renault este año, según nuestras estimaciones.
La parte política también podría ser compleja. Los planes para mantener la sede de Renault Electric en Francia ayudarían a mantener al Gobierno y a los sindicatos de su lado. Sin embargo, la incorporación de Nissan como socio fabricante podría implicar una renegociación del complejo acuerdo de gobernanza franco-japonés.
Puede haber formas de hacer frente a estos retos. Renault podría mantener algunas unidades, como las de compras y logística, a nivel de holding, lo que permitiría a ambas empresas compartir recursos comunes. La fusión del negocio de los motores de combustión con otras compañías también supondría un ahorro. Sin embargo, cualquier división creará más riesgo y complejidad, y consumirá tiempo de gestión. Tal vez la esperanza de De Meo sea que cuanto más se ilumine el negocio eléctrico de Renault, menor será la necesidad de una cirugía radical en otros ámbitos.