Las empresas occidentales tienen 50 maneras malas de irse de Rusia

La amenaza de expropiación, junto a la esperanza de hallar comprador, determina la rapidez de la mudanza

Restaurante de McDonald's en Encinitas, California (EE UU).
Restaurante de McDonald's en Encinitas, California (EE UU). reuters

Las multinacionales tienen pocas opciones buenas en lo que se refiere a Rusia. La invasión de Ucrania por el presidente Vladímir Putin y las sanciones resultantes han dado a muchas empresas occidentales razones financieras, legales y morales para marcharse. La amenaza de expropiación, unida a la esperanza de encontrar un comprador extranjero, determinará la rapidez con la que se mudarán las que quedan.

 

Las prisas por salir no cesan. McDonald’s dijo el lunes que había iniciado un proceso de venta de sus establecimientos rusos que pondría fin a la presencia de la cadena de hamburgueserías de 181.000 millones de dólares en Rusia. Renault vende su participación mayoritaria en el fabricante de automóviles Avtovaz a un instituto científico local. Siguen los pasos del grupo de cosméticos L’Oréal, que se arriesgaba a un boicot de los consumidores en otros mercados si sigue ganando dinero en Rusia. La prohibición de importar microchips fabricados en Occidente también dio a empresas tecnológicas como Apple pocas alternativas a una salida.

El problema de vender a toda prisa es que los compradores suelen ser oligarcas favorables al Kremlin, como Vladímir Potanin, que compró las operaciones rusas del banco francés Société Générale por una suma simbólica. Una de las razones por las que grupos de consumo como Nestlé y Unilever permanecen en Rusia es que marcharse significaría entregar sus activos al régimen de Putin.

Esperar podría hacer aparecer un abanico más amplio de compradores. Por ejemplo, India ha animado a sus empresas energéticas estatales a considerar la compra de activos rusos. Eso podría dar una salida a gigantes petroleros occidentales como ­Shell y BP, que están deteriorando sus activos combinados en hasta 30.000 millones de dólares. El gigante cervecero Anheuser-Busch InBev vendió su empresa conjunta rusa a su socio turco Anadolu Efes. La cadena de calzado FLO, otra firma turca, está en conversaciones para comprar algunas tiendas de Reebok.

Algunos intentan dejar la puerta entreabierta: la venta del negocio ruso de Renault, que según Reuters fue por un simbólico rublo, viene con una opción de recompra durante seis años. Pero para empresas como el banco italiano UniCredit, que sigue explorando posibles opciones para sus operaciones en el país, el retraso aumenta el riesgo de expropiación por parte del Estado.

El legislador Vyacheslav Volodin dijo recientemente que Rusia debería confiscar los activos de los países no amigos. Las multinacionales que aún planean su salida, como las cerveceras Carlsberg y Heineken, podrían captar la indirecta. Hay muchas maneras de que una empresa abandone Rusia, pero todas son malas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías