BlackRock fastidia los planes de los activistas ecológicos

Su nuevo enfoque para las juntas le resultará rentable, pero desincentivará la descarbonización

Sede de BlackRock en Manhattan, Nueva York.
Sede de BlackRock en Manhattan, Nueva York. reuters

El tono verde de BlackRock está adquiriendo un tinte marrón. El gigante de los fondos de 10 billones de dólares expuso el martes las razones por las que podría votar en contra de las resoluciones de los accionistas presentadas por los grupos de presión sobre el clima que pretenden prohibir la producción de petróleo y gas. Su jefe, Larry Fink, tiene motivos para hacerlo, pero su movimiento sitúa los esfuerzos por descarbonizar el mundo para 2050 en una nueva e incierta trayectoria.

 

La nueva postura de BlackRock tiene un tono discordante. En la cumbre COP26 de noviembre, los bancos y gestores de activos, incluido el grupo de Fink, se unieron a la Alianza financiera de Glasgow para las [emisiones] netas cero, prometiendo establecer objetivos a largo y corto plazo para reducir las emisiones.

La gestora de fondos seguirá exigiendo a las empresas en las que invierte que fijen esos objetivos, pero ahora probablemente no apoyará las propuestas de los accionistas que pretendan “microgestionar” sus estrategias. Prestará “especial atención” a las que exijan a los bancos o a los grupos energéticos alinear sus negocios únicamente con escenarios que restrinjan el calentamiento global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, lo que implica que tampoco las apoyará.

Fink tiene dos justificaciones clave. El capital privado no tiene ningún reparo en ir más rápido que los políticos, que actualmente están más centrados en la seguridad energética que en la descarbonización. La necesidad de Occidente de sustituir el gas ruso ha hecho que la Unión Europea esté deses­perada por importar la mayor cantidad posible de gas natural licuado estadounidense. Y la Agencia Internacional de la Energía, cuyo escenario de emisiones netas cero proporcionó el año pasado la base intelectual para poner fin a la inversión en el suministro de nuevos combustibles fósiles, ha subrayado que esto depende de forma crucial de un impulso de eficiencia energética para reducir la demanda ahora ausente.

Sin embargo, los gigantes de los fondos como BlackRock tienen otra motivación más básica. La semana pasada, la petrolera británica ­Shell presentó su mayor beneficio neto trimestral desde 2008. El ebitda del carbón de la minera Glencore será este año más del doble que en 2021. Los inversores quieren seguir el ejemplo del gestor de fondos de cobertura Dan Loeb, que dijo hace una semana que sus inversiones en empresas como estas dos devolverán el 20% de sus valores de mercado anualmente mediante recompras y otras acciones, siempre que los precios de las materias primas se mantengan en sus niveles actuales.

Para los gestores de dinero, las inversiones en combustibles fósiles son simplemente demasiado buenas para ignorarlas. Pero si los billones de dólares de dinero institucional sí hubieran pasado de ellas, los productores de petróleo y los grupos de gas se habrían enfrentado a un mayor coste de capital, y a una mayor presión para descarbonizarse. Tal y como están las cosas, el respaldo del mayor gestor de activos del mundo probablemente estimulará la inversión en una importante fuente de emisiones.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías