El plan de salida de Rusia de Renault tiene lógica, pero es algo ilusorio

A corto plazo, es una forma de reducir daños, pero las condiciones de su retorno las acabará imponiendo Putin

Coche de Renault en un concesionario de  Sint-Pieters-Leeuw (Bélgica).
Coche de Renault en un concesionario de Sint-Pieters-Leeuw (Bélgica). reuters

Renault parece estar negociando una salida inteligente de su atolladero ruso. El acuerdo permitiría al fabricante de automóviles francés traspasar sus instalaciones en el país a una entidad local no sancionada, con una opción de recompra dentro de unos años. A corto plazo, el acuerdo tiene sentido. A la larga, parece ilusorio.

 

Según el Ministerio de Comercio ruso, Renault vendería su filial rusa Avtovaz –el fabricante de los coches Lada, de reputación soviética–, de la que tiene un 68%, por 1 euro simbólico a un instituto de investigación, NAMI, fundado hace más de un siglo y que está detrás del diseño y la fabricación de los automóviles rusos. Renault no ha comentado el asunto.

Ello resultaría neutro para el balance de la empresa francesa, que ya ha anunciado que se haría una amortización de 2.200 millones de euros en el valor de los activos. Otra fábrica, que actualmente produce coches de la marca Renault, sería transferida en términos similares al gobierno de la ciudad de Moscú.

Renault se ahorraría dinero. Sigue pagando los salarios de los 45.000 trabajadores que emplea en Rusia, aunque las operaciones en sus fábricas se han suspendido por falta de componentes. Por otra parte, el grupo francés evitaría provocar la ira del presidente Vladímir Putin ante las empresas de “países hostiles” que se apresuran a salir. También mantendría abiertas sus opciones si algún día quiere volver a Rusia, donde controla el 30% del mercado automovilístico.

Renault aún tiene que acordar con las autoridades rusas el precio al que podrá recomprar sus activos, lo que podría ocurrir dentro de cinco o seis años. Pero esa parte del acuerdo demuestra que el grupo francés se hace dos ilusiones sobre su eventual regreso al frío.

La primera es creer que la Rusia de Putin es un Estado de derecho donde los contratos son inamovibles. En realidad, los términos del regreso de Renault serán dictados, si y cuando llegue el momento, por lo que decida el Kremlin.

La segunda ilusión es que las cosas “volverán a la normalidad” una vez que la guerra haya terminado, y que los negocios retomarán su curso normal, como si nada hubiera pasado.

La única manera de que el acuerdo de retorno a Rusia funcione sería después de un cambio radical de régimen en Moscú, lo que por ahora es improbable en el mejor de los casos. Lo que importa ahora es que Renault salga de Rusia minimizando el daño sobre sus trabajadores de allí.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías