El coste de construir la cartera de inversión con el retrovisor

Hay ejemplos muy documentados con la misma conclusión: los inversores suelen lograr rentabilidades inferiores a las de los fondos en que invierten

Desde que en 1774 a Adriaan Van Ketwich se le ocurriera la simple pero conveniente idea de ofrecer a un grupo de comerciantes holandeses comprar conjuntamente deuda de distintas compañías, el número de vehículos colectivos de inversión se ha multiplicado exponencialmente. En la actualidad hay un sinfín de fondos y ETF entre los que elegir y la forma en que combinan bonos, acciones, divisas y sus derivados, es de lo más variopinta.

Prácticamente, al cierre de abril, los mercados se asomaron a los mínimos del año, evaporando la sensación de alivio que supuso un mes de marzo de recuperación tras la invasión de Ucrania. La Bolsa mundial retrocede un 11,2% en lo que llevamos de 2022, algo parecido a lo que caen el Euro Stoxx 50 o el S&P 500. Visto con un poco de perspectiva, sin embargo, no parece tan grave. Incorporando la caída de este año, el índice mundial sube un 51% a cinco años (8,6% anualizado), desde finales de abril del 2017.

Hasta aquí las buenas noticias, o las no muy malas, pues está claro que estábamos mejor hace unos meses. Los problemas empiezan a aparecer cuando analizamos en qué parte de la Bolsa, qué tipo de compañías, han estado posicionados los inversores. Hay algunos fondos que han podido batir esa rentabilidad, hay bastantes fondos de Bolsa que no han alcanzado dicha rentabilidad, pero, sobre todo, hay muchos inversores en fondos de Bolsa que no han alcanzado esa rentabilidad.

Por ejemplo, el famoso ARK Innovation de Cathie Wood. Su rentabilidad es del 15,8% anual a cinco años. Un inversor que lo hubiese comprado hace cinco años y lo mantuviera todavía hoy habría obtenido esa buena rentabilidad. Se da la circunstancia, sin embargo, de que una clara mayoría de sus partícipes invirtió a partir de junio del 2020 al calor de la buena rentabilidad precedente y de las buenas expectativas para las empresas innovadoras durante la pandemia. ARK Innovation cae casi un 70% durante el último año y la mayoría de sus inversores está perdiendo bastante dinero.

Hay casos clásicos muy documentados, como el realizado por Fidelity sobre el fondo Magellan cuando lo gestionaba Peter Lynch, que llegan a la misma conclusión: los inversores invierten con el retrovisor (compran cuando suben los productos o activos y venden cuando bajan) y obtienen rentabilidades inferiores a las de los fondos en los que invierten. Algo parecido a esto, con menor intensidad, ha ocurrido en muchos fondos temáticos que despertaron un gran interés inversor durante los últimos años. En palabras de Seth Klarman, director de inversiones de Baupost Group y uno de los grandes inversores de las últimas décadas: “En la inversión, como en la mayoría de las cosas, a la gente le gusta lo popular, moderno, excitante y le desagrada lo aburrido, marginal e impopular. Les gustan los activos que han estado subiendo y evitan los que han estado cayendo”.

Los disgustos no terminan aquí. La mayoría de los inversores tienen carteras mixtas en las que incorporan renta fija y otros activos con la intención de diversificar y disminuir el riesgo. Y aquí, en la renta fija, el año está siendo dramático. El índice mundial de bonos de buena calidad, que incorpora bonos de gobierno y corporativos con grado de inversión (aggregate), acumula una caída del 7,5% en estos cuatro meses. Desde el año 2000 la mayor caída anual se limitaba al 2,23% (¡el año pasado!, así que llueve sobre mojado). Destacados fondos de renta fija –muy vendidos en España– han perdido toda la rentabilidad acumulada en los últimos cinco años, y algunos incluso más.

Encontramos bastantes carteras mixtas que están cayendo igual o más que carteras que solo invierten en renta variable. En renta variable hay algunas cosas que están funcionando bien en el año, como energía, materias primas o empresas de telecomunicaciones, mientras en renta fija no ha habido un reducto seguro donde esconderse. Nos hemos podido encontrar en carteras multiactivos, además, ante un problema de polarización, o reducida diversificación, de riesgos. Si suben los tipos de interés sufren los activos que tienen más duración, provocando caídas importantes en casi toda la renta fija, pero afectando negativamente también a la renta variable más sensible a las subidas de tipos, como son aquellas empresas de crecimiento que tienen mayores flujos futuros que hay que descontar –ahora a un tipo mayor– para encontrar su valor presente.

La buena noticia que nos deja la subida de los tipos de interés, por mirar el lado positivo, es que a futuro inviertes a tipos más altos, lo que aumenta tu colchón de protección en el caso de que los tipos continuasen subiendo o incrementa tu rentabilidad en el caso de que estos se estabilicen o bajen. Después de dos años en los que veíamos poco atractivo en la renta fija y en los que nuestro posicionamiento –tanto en duración como en crédito– ha sido muy conservador, empezamos a verla con mejores ojos y ya estamos incorporando, en pequeñas dosis todavía, algunas estrategias nuevas en nuestras carteras.

En la renta variable seguimos apostando por las empresas de calidad. Creemos que, en general, están bien posicionadas para trasladar los posibles incrementos de costes en periodos más inflacionistas como el actual. Por otro lado, en el caso de que la situación económica se deteriorase más de lo previsto actualmente, suelen proteger más en momentos de caídas de las bolsas al ser compañías con beneficios más estables y recurrentes.

Ángel Olea es Socio y director de inversiones de Abante