Salud

La deuda comienza a apretar a Grifols

Exane y Bestinver cuestionan si el grupo necesitará ampliar capital. El pasivo llega hasta ocho veces el ebitda por el acuerdo con GIC y la compra de Biotest

Raimon Grifols (izquierda) y Víctor Grífols Deu, co-consejeros delegados de Grifols.
Raimon Grifols (izquierda) y Víctor Grífols Deu, co-consejeros delegados de Grifols.

Grifols ve dispararse su deuda, una partida que ya preocupaba anteriormente a los inversores, tras la compra de su rival alemana Biotest y, de forma inesperada, desde que el jueves reformulara las cuentas a petición de su auditor KPMG al considerar el acuerdo con el fondo soberano de Singapur (GIC) como pasivo en vez de como capital.

El laboratorio catalán llegó a un acuerdo en junio con GIC para que este fondo inyectara 830 millones de euros a cambio del 23,8% de Biomat, la filial estadounidense con 300 centros de obtención de plasma, unos fondos que precisamente hubieran debido servir para aligerar la deuda. Pero KPMG considera que las condiciones de ese acuerdo lo convierten realmente en un pasivo.

“Desde que conocimos la estructura de la toma de una participación por parte de GIC en Biomat, siempre hemos considerado la misma como deuda fuera de balance, ya que esta contemplaba pagos futuros en forma de dividendos preferentes y la obligación de recomprar la participación en el futuro al mismo precio de la venta”, señala Renta 4 en un informe de ayer. “Es más, siempre hemos dicho que se trataba de otra forma de deuda e incluso con un coste mayor a la deuda media del grupo”, añade.

Tras la reformulación de las cuentas, la deuda pasa de 5.828 millones reconocidos en febrero a 6.480 millones. Desde Exane BNP, en otro informe del viernes, se explica que el ratio de endeudamiento pasa de 6,5 veces el ebitda a 7,5 veces, incluso a 8,5 veces si se considera el instrumento de factoring utilizado por la compañía. En Bestinver apuntan a cifras similares, de 7,6 veces tras adquirir Biotest e incluso de ocho veces el ebitda de ratio de apalancamiento si se cuenta sus compromisos con la firma Scranton (controlada por directivos del laboratorio y la familia Grifols).

La multinacional catalana tenía desde septiembre un compromiso de reducción del apalancamiento por el que suspendió el reparto del dividendo hasta que el pasivo no esté por debajo de cuatro veces el ebitda y, adicionalmente, se comprometió a no realizar otras adquisiciones más allá de la de Biotest.

Por eso, tras la reformulación del balance, suenan tambores de que tal vez la farmacéutica especializada en derivados del plasma necesite una inyección en el capital. “En general, no descartaríamos la necesidad de una ampliación de capital”, se asegura en el análisis de Bestinver. Coincide Exane BNP al asegurar que puede reavivarse “el riesgo de un aumento de capital”.

La intención inicial de Grifols con el dinero del fondo soberano asiático, era, precisamente, aliviar su deuda. “No hemos llegado nunca a compartir el racional de esta operación, ya que a la vez que los fondos obtenidos en la venta servirán para reducir el endeudamiento en balance, se han generado otros compromisos de pagos”, se indica desde Renta 4, “incluso mucho más caros que la misma deuda que vienen a reemplazar”. No se prevé que este cambio afecte a la liquidez del grupo ni que afecta a covenants ni al coste de su financiación.

Incremento del negocio

El alivio sobre la deuda, además de la opción de una ampliación de capital, debería llegar para Grifols por la mejora del negocio, que impulse el ebitda y sus resultados. La compañía entró en pérdidas en el segundo semestre de 2021, tras pasar dos años complejos porque la pandemia ha limitado la obtención de plasma, la materia prima para producir hemoderivados.

La compra de Biotest, recién aprobada, deberá impulsar el ebitda también en los próximos ejercicios. Para 2024, la multinacional espera que Biotest aporte 310 millones de ebitda en 2024, y una cifra de negocio de 7.000 millones, desde los 5.340 millones del pasado año.

La compañía, igualmente, asegura que va a trabajar para que el acuerdo con GIC vuelva a considerarse como capital y no como deuda.

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