La inocentada de Putin con el gas enmascara segundas intenciones

Con sus amenazas, ha conseguido que el precio suba lo suficiente como para compensar ingresos perdidos

Gasoducto de Gazprom en Svobodny, Siberia (Rusia).
Gasoducto de Gazprom en Svobodny, Siberia (Rusia). reuters

Vladímir Putin está troleando a los líderes europeos. Tras una semana insistiendo en que los grandes importadores occidentales debían pagar el gas de Moscú en rublos en lugar de en euros, el presidente ruso desveló el jueves un plan que aparentemente les permite librarse de la carga. Sin embargo, es posible que su inocentada no haya sido en vano.

 

En un momento dado, la táctica de Putin amenazaba con causar un enorme daño económico. Si Uniper, Eni y otras empresas no hubieran conseguido rublos en el mercado abierto, Moscú podría haber cerrado los grifos que suministran más de un tercio del gas del bloque. El temor era lo suficientemente real como para que Alemania activara el primer paso de los planes de racionamiento de emergencia.

Así las cosas, la calma comercial puede prevalecer. El decreto de Putin sugiere que los importadores occidentales pueden pagar el gas en euros, depositados en una cuenta específica en divisas en Gazprombank. El banco se encarga entonces de hacer el cambio a rublos. El principal impacto tangible es que los exportadores de gas rusos tienen ahora que convertir todos sus ingresos en rublos, no solo el 80%. De forma marginal, esto podría ayudar a la maltrecha moneda rusa.

Tal mecanismo Potemkin [un pueblo Potemkin es cualquier construcción, literal o figurativa, que da una fachada externa a un país al que le va mal, haciendo que la gente crea que le va mejor], parece una pérdida de tiempo para todos. Por otra parte, Putin puede aparentar dureza, algo que no está mal teniendo en cuenta los reveses que ha sufrido su invasión de Ucrania. Y los líderes occidentales, que han negado sistemáticamente que vayan a pagar en rublos, consiguen centrar aún más la atención de sus ciudadanos en las posibles dificultades económicas y quizá incluso en el racionamiento de energía.

Mientras, el gas debería seguir fluyendo. Si a esto se añade la promesa del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de liberar un millón de barriles de petróleo al día durante seis meses de la reserva estratégica de Estados Unidos, los mercados energéticos tienen al menos algún motivo de tranquilidad.

Putin puede haber tenido una motivación última. Los contratos de Gaz­prom permiten a los importadores europeos sustituir el 20% de su gas por producto de otros proveedores si el precio de mercado al contado es más barato. La semana pasada, la diferencia era tal que Rusia podría haber estado recogiendo solo el 80% de sus ingresos potenciales de gas, lo que perjudica su capacidad para financiar su maquinaria de guerra. Los desplantes de Putin sobre el rublo hicieron que los precios del gas en Europa pasaran de 100 euros por megavatio/hora a más de 120 euros, cerrando esa brecha. De ser cierto, el presidente ruso puede ser más inteligente de lo que parece por su inocentada primaveral.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías