China, una raya en la arena en defensa del mercado

A partir de ahora, los controles por coronavirus deben coordinarse con el crecimiento. Los inversores internacionales a largo plazo son bienvenidos

Un centro comercial en Pekín.
Un centro comercial en Pekín.

China intenta lograr en dos o tres décadas lo que a los países occidentales les costó todo el siglo XX. En algunos campos ya lo han logrado, como en el acero y otras industrias tradicionales. En otros, como los semiconductores, seguramente no podrán cerrar la desventaja, ya que el progreso es exponencial por definición: cuanto más se sabe, más rápido se avanza, y ese avance se recicla de nuevo cada vez más y más rápido. Los ganadores se hacen más fuertes, y los que lo intentan en segundo lugar no pueden competir en costes ni en tecnología. Finalmente, hay otras áreas, como la inteligencia artificial o la computación intensiva, donde China intenta no caer en ese mismo error, y desde el primer momento ha redoblado sus esfuerzos y su inversión para intentar liderar. A día de hoy muchos consideran que el país es uno de los líderes mundiales en IA y en machine learning por ejemplo.

El problema cuando nos enfrentamos a ciclos de innovación tan rápidos y disruptivos es que las reglas del juego de repente no consiguen abarcar situaciones y posibilidades antes inimaginables. Sin viajar tanto al futuro como el metaverso, que aún queda algo lejos, la innovación tecnológica ha tenido un enorme impacto en muchos mercados y negocios. El comercio electrónico compite con el tradicional, las fintech compiten con la banca, el take away compite con la restauración tradicional, las VTC y la movibilidad compartida compiten con las concesiones de transporte público, etc.

Desde noviembre de 2020 (cuando Ant Financial, de Alibaba, estuvo a punto de salir a Bolsa, hasta que les detuvo el gobierno), China puso en marcha su adaptación a estos mercados evolucionados, intentando ordenar, regular, e incluso limitar los campos de actuación de lo que había crecido tan rápido, y en ocasiones con cierto desorden. La intención o la excusa era proteger a consumidores, trabajadores e incluso proteger al país de riesgos sistémicos. Algo parecido también ocurre en Occidente, con nuestras políticas de salarios mínimos, competencia o protección de datos. Durante unos pocos meses el mercado, un termómetro que suele reflejar una mezcla de sentimiento y fundamentales, no reparó en las corrientes que se habían puesto en marcha bajo la superficie. Pero desde febrero de 2021 a pesar de la solidez de los fundamentales, el sentimiento cambió. De repente, todo ello supuso un golpe a expectativas de crecimiento infinito, que justificaba valoraciones estratosféricas en muchos casos.

El mercado chino de tecnología e internet medido por el índice Nasdaq Golden Dragon China cayó un -75% hasta el 14 de marzo de 2022, una corrección comparable a su propia caída durante la crisis de Lehman de 2008 (-72%), o la del Nasdaq en EEUU por la crisis de las puntocom (-78% desde el pico en marzo de 2000).

Mas de 13 años de rentabilidad se evaporaron en 13 meses. Sin embargo, el día 15 de marzo algo sucedió; algo que ha hecho que, a pesar de Covid, y de la inflación, y del conflicto en Ucrania y de todas las incertidumbres que siempre nos rodean, parezca que se marcó una raya en la arena que ya no se debe cruzar, y que debería devolver la confianza. El mercado reaccionó con la mayor subida que yo recuerdo, un +32,9% el día 16 de marzo para el índice Golden Dragon.

La raya en la arena la dibujó el gobierno chino, a través de su agencia de noticias Xinhua, que publicó una serie de puntos cardinales para los próximos años. Y puede que sea suficiente. El Gobierno dejó claro su compromiso en defensa del mercado y de la economía. Principal, en mi opinión, es que a partir de ahora los controles por coronavirus deben coordinarse con los objetivos de crecimiento y desarrollo; la política de Covid Zero a cualquier coste que acababa de cerrar Shenzhen ya no es apropiada. De hecho, pocos días después acaba de anunciarse la reapertura de muchas industrias en esta ciudad de 17 millones de habitantes, y muchos responsables políticos por los cierres han sido cesados.

Además, se dice explícitamente que la rectificación de las plataformas de internet se completará lo antes posible, un riesgo regulatorio que ha lastrado pesadamente a muchos de los campeones tecnológicos chinos desde noviembre de 2020. Así mismo, se compromete el Gobierno a introducir un plan efectivo para prevenir y resolver los riesgos de los promotores inmobiliarios, que han estado amenazando con impagos masivos de deuda, con su correspondiente riesgo de contagio económico.

El Ejecutivo introducirá políticas que beneficien al mercado para acelerar la economía en el primer trimestre de 2022, y así poder alcanzar su objetivo de crecimiento del 5,5% para el año. Finalmente, se sigue buscando un acuerdo con EEUU para preservar la cotización de compañías chinas en EEUU a través de acciones ADR. En definitiva, y además así lo han dicho: China busca seguir atrayendo a inversores internacionales de largo plazo, que contribuirán cada vez más a que Pekín sirva de contrapeso frente a las economías occidentales.

China está presente en nuestro fondo desde su lanzamiento, aunque con un peso relativamente bajo por todos los riesgos a los que se enfrentaba. La gestión del riesgo es un punto crucial para nosotros. Pero con la reciente capitulación, incluido algún gran banco americano tirando la toalla, comienza el contador para poder construir alguna posición adicional, compañía a compañía, como siempre.

Andrés Allende es Gestor del fondo DIP Value Catalyst Equity de A&G Banca Privada