El apretón del BCE deja margen para la respuesta fiscal a la guerra

La UE no tiene motivos para restablecer sus normas de deuda y déficit a corto plazo

Sede del BCE, en Fráncfort (Alemania).
Sede del BCE, en Fráncfort (Alemania). reuters

Los países europeos tienen que asumir la carga de la respuesta económica a la guerra de Ucrania. Eso se sumará a la carga de la deuda acumulada durante la pandemia, en un momento en el que el Banco Central Europeo está haciendo subir los costes de los préstamos. Pero los Gobiernos pueden permitirse el lujo de ser audaces.

 

En tiempos normales, la respuesta política clásica a un aumento de los precios de la energía sería dejar que los hogares y las empresas absorbieran el impacto. Los Gobiernos no amortiguarían el golpe con controles de precios, y los bancos centrales no se preocuparían demasiado por la inflación temporal.

Esta vez, sin embargo, descuidar la amenaza de la inflación podría obligar al BCE a tomar medidas más duras más adelante. Los precios ya estaban subiendo un 5% anual en enero, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera que el choque energético añadirá otros dos puntos porcentuales a la inflación en este 2022. Por eso, el BCE ha programado el fin de sus compras de bonos, e incluso podría subir los tipos de interés este año.

El endurecimiento de la política llega en un mal momento para los Gobiernos, que todavía tienen que ayudar a sus economías a absorber la subida de los precios de la energía y la afluencia de refugiados, e impulsar el gasto en defensa. El think tank Bruegel estima que el coste fiscal podría alcanzar el 4% del PIB. La deuda bruta de la zona del euro ya se ha elevado a algo menos del 100% del PIB, y la de Italia al 150%. Y las medidas del BCE están haciendo subir los costes de financiación, ya que el rendimiento de los bonos italianos a 10 años se ha duplicado hasta el 2% desde octubre. El inminente golpe presupuestario ha hecho que se reclame la creación de un fondo común de la Unión Europea, aunque parece poco probable.

Por suerte, los tipos de interés siguen siendo más bajos que la inflación: con un aumento de los precios en Italia, según Bank of America, de más del 6% este año, el país todavía se financia al -4% en términos reales. Eso reduce el impacto del endeudamiento adicional en los ratios de deuda. Además, el vencimiento medio de la deuda pública de la zona euro se ha alargado en los últimos 15 años: de seis a siete años en Italia, y de siete a más de ocho años en Francia.

Y la política monetaria del BCE sigue siendo relativamente flexible. A diferencia de la Reserva Federal de EE UU, no está a punto de reducir su balance. Los costes de endeudamiento deberían de seguir siendo moderados. Incluso en el caso de que tuviera que pedir prestado otro 4% del PIB, los costes de intereses de Italia solo aumentarían en 1.500 millones de euros anuales a los tipos actuales.

Europa suspendió sus normas de deuda y déficit para permitir a los Gobiernos gastar durante la pandemia. No tiene motivos para restablecerlas a corto plazo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías