Un Palacio de Correos que ahora es un 5 estrellas

El nuevo hotel, situado en el corazón de Logroño, se suma a la gama Áurea de Eurostars

Las habitaciones y las zonas comunes mezclan elementos originales del edificio de 1932 con otros modernos

Fachada del Áurea Palacio de Correos, en la plaza San Agustín de Logroño.
Fachada del Áurea Palacio de Correos, en la plaza San Agustín de Logroño.

Dos cabezas de leones con la boca abierta custodian la puerta. Son los antiguos buzones del Palacio de Correos de Logroño, construido en 1932, que aparecieron entre los escombros de las obras que han convertido al edificio en el Áurea Palacio de Correos, el primer hotel de cinco estrellas de la ciudad.

Desde que las oficinas centrales de Correos cerraron sus puertas en 2004, se han llevado a cabo varias intervenciones para conservar el espacio, como la restauración de la fachada. En el interior, en cambio, “no quedaba nada”, según afirma el director de área de Eurostars, Borja Cermeño. Aun así, su relevancia arquitectónica y su valor testimonial hicieron que la cadena apostase por incluirlo entre su colección de hoteles Áurea, la marca boutique de la compañía que actualmente cuenta con nueve establecimientos en cuatro países, caracterizados por su legado histórico.

Una de las habitaciones del hotel.
Una de las habitaciones del hotel.

El Áurea Palacio de Correos, con una inversión de 12 millones de euros, se suma, así, a la cadena de hoteles de lujo con un total de 41 habitaciones, entre las que destacan la Junior Suite Torreón (alrededor de 250 euros la noche en la habitación doble) y la Junior Suite Dúplex Portales, a dos alturas (alrededor de 300 euros). Además, dispone de bar-cafetería, gimnasio, spa con servicio de masaje (entre 50 y 80 euros, dependiendo de la duración) y parking privado.

El arquitecto especializado en proyectos hoteleros Daniel Isern ha sido el encargado de idear esta nueva vida del Palacio de Correos, en pleno corazón de Logroño. “El edificio tiene mucho carácter, forma parte de la historia familiar de un montón de gente de la ciudad, así que no podíamos hacer lo que nos diera la gana porque nos iban a comer. Intentamos traer todo lo que el siglo XXI nos puede ofrecer en este entorno que es del siglo XX, casi XIX”, sostiene. De esta manera, todos los espacios del edificio mezclan elementos originales, como los torreones, con un toque moderno, o los cabeceros con tomas de USB, o el sistema de sonido vía Bluetooth. “No hemos intentado fingir que somos de un momento que ya no somos, pero tampoco romper con el sitio en el que estamos, sino intentar tratarlo con un poco de justicia y respeto”, reconoce.

El spa del hotel.
El spa del hotel.

También está lleno de guiños a la actividad que se ejerció en su interior durante décadas. Los corredores de las cuatro plantas del hotel acogen una completa colección de postales con las que los carteros felicitaban antaño las fiestas navideñas, y algunas habitaciones están decoradas con composiciones realizadas a partir de sellos representativos de Logroño.

De hecho, la inauguración del nuevo Áurea, el pasado 22 de diciembre, coincidió con la de su propuesta gastronómica a través del Restaurante Matasellos, también fiel a su origen. Sus platos están basados en la cocina de proximidad y los productos riojanos, con una carta exclusiva que se refuerza cada día en función de los proveedores y el mercado local. Cogollo de Tudela César (7,5 euros), alcachofa confitada con coliflor (8 euros), pulpo confitado y guisado (15 euros) o cochinadas: manita, carrillera y panceta (12 euros) son algunos de los platos estrella de su carta. Tratándose de la capital riojana, además, no falta una amplia selección de vinos representativos de la zona en constante cambio.

Restaurante Matasellos.
Restaurante Matasellos.

Aun así, el propio edificio, considerado el mejor exponente de la construcción neobarroca de la ciudad, demuestra que Logroño es mucho más que vinos. También es historia, arquitectura y arte.

Normas
Entra en El País para participar