El secreto de invertir es admitir que la incertidumbre es nuestra compañera de viaje

La experiencia indica que ceder a la emocionalidad y abandonar el mercado sale terriblemente caro: todavía más caro que pasar por las crisis

Debes estar dispuesto a ser un principiante cada una de tus mañanas” es una frase de Meister Eckhart, un filósofo y dominico alemán del siglo XIII. Me reconforta saber que alguien reflexivo supo describir tan bien cómo nos sentimos muchos gestores de fondos muchas mañanas de nuestra vida profesional. Eso, o sentirte un poco Sísifo empujando por enésima vez la piedra montaña arriba.

Y es que sabemos que la rentabilidad (especialmente la buena rentabilidad) no se obtiene de manera lineal y detrás de las buenas cifras anualizadas hay varios o muchos periodos de cierto sufrimiento. A ese sufrimiento técnicamente se le llama volatilidad, que no es nada más que un dato estadístico que muestra cuál es la variación del precio de un activo con respecto a su media histórica. La desviación dolorosa es la que se produce por debajo, cuando los mercados, es decir, los precios, caen.

Ahora estamos, de nuevo, en un momento de volatilidad, de nervios en los mercados y de precios cayendo con fuerza. Todos los periodos de caídas de mercado generan malas sensaciones en los inversores, ya que somos, por naturaleza, aversos al riesgo. No obstante, hay episodios de volatilidad que nuestro cerebro procesa mejor que otros.

Cuando los motivos son económicos, o tienen que ver con alguna cuestión medianamente objetiva, ese juicio racional nos reconforta un poco. Si la inflación es alta y los bancos centrales empiezan a subir los tipos de interés, pero lo hacen por las buenas razones porque la economía es suficientemente robusta y puede aguantar ese cambio de timón de la política monetaria, podemos hacernos un hilo argumental de relaciones de causa-efecto, pero, al fin y al cabo, lo entendemos y tomamos las decisiones que nos parecen más adecuadas para ese nuevo entorno que pintamos. De hecho, algunas partes del mercado ya venían cayendo con cierta contundencia desde mediados del año pasado por estos motivos, pero el sentimiento del mercado, en general, seguía siendo bueno.

Ahora es diferente. La invasión de Ucrania y la escalada de tensión de las últimas jornadas han añadido un elemento adicional a la emoción de los inversores: el miedo. El miedo a un escenario terrible, que sería una Tercera Guerra Mundial, o sin llegar a ser mundial, que sea larga y más cruenta aún. No queremos ni pensar en ello, pero una parte del mercado no le da probabilidad cero.

Los inversores tienen miedo y buscan certezas: cuándo acabará el conflicto, si se rendirá Putin, si hará aún más daño, cuánto va a deteriorar esto la economía europea… pero, como siempre ocurre, el secreto de invertir está en admitir que jamás tendremos certeza de nada y que la incertidumbre será permanentemente nuestra compañera de viaje. La buena noticia es que, a pesar del carácter permanente de la incertidumbre, invertir tiene mucho sentido. Permanecer invertidos es siempre la mejor estrategia. Muchas veces decimos que los mercados son el mecanismo perfecto de ajuste de precios de acuerdo a las circunstancias que se estén viviendo. Los mercados cayeron en enero por los bancos centrales, cayeron en febrero por los bancos centrales y por la invasión de Ucrania, y siguen cayendo en marzo por el recrudecimiento de la invasión perpetrada por Rusia. En el momento en que escribo estas líneas, la Bolsa europea cae el 13% en el año, Estados Unidos y Japón, sendos 8%, y la Bolsa mundial en euros, alrededor del 6%. En el fondo no son caídas tan grandes (en marzo de 2020, en plena irrupción del Covid, las veíamos en un solo día), pero la sensación de muchos inversores es muy mala. Es mucho peor que el termómetro del mercado.

En momentos como estos pensamos que nuestra profesión, la del asesoramiento financiero, cobra mucho valor, ya que tenemos la labor de acompañar al cliente en el camino que supone invertir. En los momentos buenos vamos en Formula 1; en los momentos malos hay que tirar del carro. Los inversores tendemos a vender o querer vender cuando nuestras sensaciones son malas o cuando tenemos miedo. Nuestro refugio es meter la cabeza en el agujero, salirnos del mercado y esperar tiempos mejores.

Nuestra experiencia como asesores es que abandonar el mercado sale terriblemente caro. Más caro que pasar por las crisis. En momentos de alta emocionalidad, el acompañamiento es más importante que nunca. Eso, y la buena gestión de la cartera, en especial, la gestión del riesgo de la cartera.

Como muchos de ustedes saben, nosotros comenzamos el año con un enfoque cauto. Muy infraponderados en renta fija, que además está sufriendo mucho, y sobreponderados en renta variable. Después de un año tranquilo, suele ser lógico esperar algún repunte de la volatilidad, por ello, decidimos incrementar las coberturas que teníamos en las carteras. Si las cosas van bien te restan algo de rentabilidad. Si las cosas se tuercen, te dan mucho soporte. Nuestro enfoque en renta variable está mayoritariamente invertido en empresas de calidad y teníamos bastante liquidez. Los momentos de volatilidad siempre abren oportunidades. Eso ha sido así siempre y ahora no es distinto. Hay partes del mercado de renta variable que están sufriendo mucho, el crédito y los bonos high yield están viendo una enorme ampliación de spreads, y pensamos que hay que empezar a trabajar en analizar todas esas oportunidades que se están poniendo a buenos precios.

Más difícil es la elección del timing o del cuándo. Por el momento, lo primero que hemos hecho ha sido ir deshaciendo poco a poco las coberturas. En los momentos de más estrés hemos ido comprando un poco de renta variable para no perder exposición. A partir de aquí tenemos muchas palancas para seguir añadiendo riesgo a las carteras, pero de momento preferimos ser algo prudentes. Primero, porque no sabemos lo que puede llegar a pasar. Segundo, porque el mercado ha cambiado de emoción y ahora está en modo vender y depurar esas tendencias lleva su tiempo. Lo que no haremos, ni aconsejamos hacer, es salir del mercado.

Tirar de la experiencia de inversores exitosos (y conocidos) siempre ayuda. Por este motivo, quería dejarles con dos reflexiones muy potentes de Peter Lynch, que suscribo en su totalidad. La primera es que “se ha perdido más dinero intentando prever las correcciones que sufriéndolas realmente”, y tiene que ver con aprender a convivir con un elemento que es consustancial a la inversión en renta variable, o sea, la volatilidad como el precio a pagar por tener buenos retornos a largo. Tratar de evitar esa volatilidad es sencillamente inútil y catastrófico como estrategia. La segunda es: “No sé si los próximos 1.000 puntos del Dow Jones serán hacia arriba o hacia abajo, pero estoy seguro de que los próximos 10.000 serán hacia arriba”. Nosotros no invertimos solo en el Dow Jones, ni solo en Bolsa americana, pero estamos seguros de que las mejores compañías del mundo valdrán mucho más de lo que valen hoy dentro de un tiempo.

Marta Campello es Socia y gestora de Abante