El peso de Rusia en el trigo puede dar al mundo donde más duele

La interrupción de las exportaciones de Ucrania es grave, pero puede ser mayor si Putin corta el grifo propio

Campo de trigo en Sredniy, Stavropol (Rusia).
Campo de trigo en Sredniy, Stavropol (Rusia). reuters

Vladímir Putin puede golpear al mundo en las tripas, literalmente. El jueves, cuando el presidente ruso envió misiles y tropas a la vecina Ucrania, los precios mundiales del trigo saltaron a máximos históricos. La interrupción de las cosechas en un país conocido como el granero de Europa y que representa el 8% de las exportaciones mundiales podría provocar graves déficits de suministro. Sería aún más perjudicial si Putin ejerciera el –mayor– peso en el cereal de Rusia.

Los agricultores ucranianos disfrutaron de una cosecha récord de 32 millones de toneladas en 2021. De ellos, 24 millones de toneladas –también un récord– se destinaron a la exportación, sobre todo a Egipto, Indonesia y Turquía. A muy corto plazo, es probable que los buques de guerra rusos en el Mar Negro interrumpan los envíos. Pero Ucrania ya había enviado dos tercios de sus exportaciones previstas en noviembre del año pasado, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Por lo tanto, es probable que el impacto inmediato en el mercado mundial del trigo sea limitado.

Lo que más preocupa es que el conflicto pueda prolongarse e interrumpir la cosecha ucraniana de este año, que se habrá plantado casi en su totalidad a finales de 2021. Es poco probable que el país se convierta en un importador neto en lugar de un exportador neto, lo que requeriría que la producción se redujera en unas tres cuartas partes. Pero el mercado mundial del trigo está actualmente muy ajustado debido a las sequías en Siria, Irak e Irán. Antes de la invasión rusa, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) preveía que la demanda y la oferta estaban prácticamente igualadas, con 776 millones de toneladas cada una. En comparación, el año pasado el mundo disfrutó de un superávit de 15 millones de toneladas.

Una preocupación aún mayor es que Putin pueda convertir el trigo en un arma en represalia por las sanciones occidentales contra los bancos y multimillonarios rusos. Rusia está en camino de cultivar 76 millones de toneladas del grano este año, casi el doble de lo que necesita para alimentar a su propia población. Impedir que su excedente de casi 40 millones de toneladas salga del país –más del 15% del grano comercializado anualmente– llevaría al mercado mundial a un fuerte déficit.

Por supuesto, esto también constituiría un daño a sí mismo. Los agricultores rusos se llevaron 8.000 millones de dólares en ingresos por exportaciones en 2020. Y los consumidores de pan de los países más pobres, para quienes los alimentos representan una proporción mucho mayor de los gastos diarios, se llevarían la peor parte. Es probable que esto haga la vida aún más difícil para los diplomáticos rusos en las Naciones Unidas. Sin embargo, podría no ser un obstáculo para un líder que ya se ha enemistado con tantos países y parece decidido a que se endurezcan las sanciones occidentales.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías