El alto precio de la energía no es razón para abandonar el ‘cero neto’

Los Gobiernos deben apoyar el aislamiento de edificios para reducir la demanda en un quinto para 2050

Contadores eléctricos en una casa de Burdeos.
Contadores eléctricos en una casa de Burdeos. reuters

El concepto cero neto se enfrenta a su primera prueba política importante. Mientras las facturas de energía se disparan un 50% en toda Europa, los costes de la transición a una economía más ecológica son objeto de un nuevo examen. Las políticas de cambio climático no explican la actual subida de precios. Pero la oposición política corre el riesgo de debilitar la capacidad de los Gobiernos para hacer frente a retos más difíciles.

A pesar de lo que insinúan algunos legisladores del Partido Conservador británico, las subvenciones a las energías renovables no son responsables del aumento de las facturas de los clientes. Como explicó recientemente el organismo regulador del Reino Unido al elevar el límite del precio de la energía para 22 millones de hogares británicos, los verdaderos culpables son los precios al por mayor, empujados al alza por factores como el desa­juste entre la oferta y la demanda tras la pandemia, y el coste de rescatar a los proveedores de energía en quiebra. La parte de la factura de la luz en el Reino Unido que se destina a las subvenciones verdes caerá un 4% este verano y representará solo el 8% del total.

Otra línea de ataque, esgrimida por muchos de los mismos políticos y por gigantes del petróleo como Rosneft y Saudi Aramco, es que los inversores con conciencia ecológica están ahogando la tan necesaria inversión en petróleo y gas. Es cierto que las compañías petroleras y sus financiadores se ven presionados para limitar la nueva oferta. Pero eso no tiene por qué conducir a precios más altos.

Según la senda de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), para reducir las emisiones de carbono al cero neto y restringir el calentamiento global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales es necesario que las compañías petroleras y de gas limiten la inversión a los 350.000 millones de dólares anuales actuales. Al mismo tiempo, los Gobiernos deben apoyar medidas como el aislamiento de los edificios para reducir la demanda de energía en una quinta parte para 2050. Mientras tanto, la inversión mundial anual en energías limpias tiene que triplicarse hasta alcanzar los 4 billones de dólares en 2030.

Las cifras de la AIE también suponen que los Gobiernos cooperen para evitar la inflación de los precios de metales como el litio que se utiliza para fabricar baterías, desarrollar el almacenamiento de energía y adelantar subvenciones y préstamos para limitar los costes iniciales que supone para los consumidores el cambio a vehículos eléctricos y bombas de calor.

En este supuesto, la factura energética podría reducirse al mismo tiempo que las emisiones de carbono. La AIE calcula que el hogar medio del mundo desarrollado pagó 3.238 dólares al año entre 2016 y 2020 para calentar su casa y alimentar sus vehículos. En el escenario de cero emisiones de la agencia, esta cifra se reduce a 2.368 dólares en 2030. El riesgo de esta ambiciosa hipótesis es que los Gobiernos no actúen. Los críticos de la estrategia cero, que pretenden sacar provecho político del aumento de los costes de la electricidad, están aumentando las probabilidades de que las facturas sigan siendo elevadas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías