Mil fondos espléndidos para no caer en pozos de ambición

Para encontrar un combinado perfecto hay que mezclar ingredientes que mariden e incluirlos en su adecuada proporción

Continúa siendo bastante usual encontrar inversores que suscriben fondos tras ver que obtienen rentabilidades espectaculares. No sé si los compran por el miedo a perderse una gran oportunidad o porque creen que el pasado reciente es un buen predictor del futuro. Cualquiera que sea la causa, lo cierto es que los flujos de entrada y salida continúan mostrando que, en media, los inversores entran en los fondos que lo han hecho bien y salen de los que lo están haciendo mal.

Los retornos extraordinarios en fondos llaman más la atención si se producen en unos años malos o mediocres de mercado. Un ejemplo cercano lo tenemos en 2020. Ese año la renta variable europea acabó mal y la global regular, sobre todo comparado con otros años como 2019 o 2021. Pero en años convulsos siempre hay fondos que destacan. Y ese año algunos fondos sobresalieron hasta el punto de obtener retornos de dos y tres dígitos. La pandemia impulsó unos cambios de hábitos que aprovecharon algunas compañías como Zoom, que se ofreció inicialmente gratis y atrajo numerosos usuarios. La cotización de algunas de esas compañías descontaba, a finales de ese tumultuoso año, unas expectativas de futuro sensacionales. Los fondos que tenían ese tipo de compañías ya venían haciéndolo bien, pero tras 2020 eran los campeones indiscutibles de los rankings de rentabilidad. A finales de ese año y principios de 2021 estos fondos recibían entradas netas de dinero que, en algunos casos, eran las mayores de su historia. Comprar fondos tras retornos sobresalientes es lo que yo llamo “caer en pozos de ambición”. La estadística muestra que los resultados excepcionales no son sostenibles en el tiempo, suelen ser eso, una excepción.

En general los fondos que se promocionaban como descubridores de futuras compañías disruptivas con alto crecimiento (y altas valoraciones) tuvieron un 2021 peor que el mercado. Desde noviembre del 2021 esa tendencia se ha agudizado todavía más, dejando a los inversores más recientes en pérdidas y con la duda sobre qué hacer, si mantener o vender.

Dentro de la tecnología y del subsector de consumo por internet hay que distinguir entre compañías consolidadas y futuras promesas. Hay grandes compañías que han cambiado nuestro modo de consumir y de relacionarnos y que siguen sorprendiendo positivamente con sus resultados. El caso más paradigmático probablemente sea Amazon. A pesar de ello, este principio de año, el Nasdaq, mercado donde cotizan este tipo de empresas, se está comportando peor que la Bolsa mundial, donde tienen un peso menor.

Muchos inversores compran fondos concentrados en futuras promesas queriendo beneficiarse desde una época temprana de los próximos Amazon, Google (Alphabet) o Apple. Si usted cree que hay gestores capaces de detectar cuáles hay que comprar y que merecen pagar el precio actual, puede tener estos fondos en cartera en la medida en que soporte su volatilidad. Los flujos de salida en estos fondos muestran que los partícipes han empezado a vender, aunque no podemos saber quiénes están vendiendo, si los que pierden o los que todavía ganan bien.

A lo largo de mis treinta años de experiencia profesional, he observado que los partícipes de fondos, contrariamente a lo que pasa con inversores en acciones, no suelen mantenerse en fondos con pérdidas un plazo acorde a la filosofía de ese fondo y a la volatilidad que puede sufrir. El tiempo que soportan suele variar entre unos meses y dos años. Es bastante excepcional que soporten más de dos años viendo un fondo de inversión con retornos negativos. Salvo que sea tan insignificante en su cartera que ni lo miren. Pero si lo que han invertido tiene cierta importancia para ellos, solo lo mantienen cuando confían mucho en su asesor o en el gestor de ese fondo en particular. Lo más habitual es que acaben por claudicar tarde o temprano, tanto más temprano cuanto mayor es el peso del fondo en su patrimonio total o mayor es la pérdida latente.

Los inversores en acciones directas aguantan pérdidas de valor durante mucho más tiempo. Lo que puede resultar inexplicable usando una lógica aristotélica, porque está incurriendo en un riesgo específico mucho mayor. Los resultados que arrojan los estudios del comportamiento inversor explican en gran medida estas diferencias de comportamiento. Normalmente el inversor directo se involucra más en la decisión sobre qué acciones comprar y eso desencadena un sentimiento que explica muy bien Ariely en su libro traducido al español como Las trampas del deseo. Además, está el sesgo de familiaridad, una versión del sesgo doméstico, estudiado por el Nobel Daniel Kahneman. Pero en contra de que lo que algunos sostienen, que con fondos se tiene una sobrediversificación que puede suponer menor rentabilidad para el inversor, la diversificación le protege y no es verdad que a más acciones en cartera el resultado sea peor. Depende más del mercado, de los sectores, que de una determinada acción. Y si no miren la evolución del S&P 500 frente al Dow Jones, con solo 30 compañías. En fondos es igual, no hay una correlación consistente entre rentabilidad y concentración en acciones. En los últimos años sí hay un sector y unas temáticas que destacan, pero este enero se ven los riesgos.

Si usted tolera muy bien los vaivenes de fondos y está seguro de que se mantendrá invertido, puede meterlos en su combinación ideal. Pero si se va a salir en el peor momento, hay miles de fondos fabulosos, con una buena diversificación. No necesita comprar los primeros del ranking para tener en el medio y largo plazo una buena rentabilidad.

Si admite una recomendación, busque un cóctel equilibrado que no le pueda provocar indigestión.

Marta Díaz-Bajo es Directora de soluciones de inversión de Atl Capital