Gas natural y, además, verde. La etiqueta que propone Bruselas

La UE plantea considerarlo energía limpia junto a la nuclear

España rechaza el borrador por “dar señales erróneas al inversor”

Nuclear cierres pulsa en la foto

La Comisión Europea puso en bandeja al sector gasista el primer brindis del año. Antes de finalizar 2021 iba a proponer su etiquetado verde para las centrales nucleares (como se anticipó en el anterior suplemento de Entorno) y de gas –con Alemania en contra y Francia a favor –, pero desconcertó por su nocturnidad.

El 31 de diciembre, casi a medianoche, lo presentaba tras meses de debate aderezado con la escalada del precio de la luz en todo el continente. “Son temas delicados que implican, a veces, cruce de líneas rojas por parte de los Estados”, reconocía a mediados del mismo mes ante los periodistas una fuente de la Dirección de Fiscalidad y Unión Aduanera de la UE. Este no reveló el desenlace, pero habló de “eliminar subsidios a carburantes fósiles, para ir dando señales antes que penalizar”. Y aunque ya ha habido varios giros de guion, presuponer que el anuncio en la Nochevieja incluyera alevosía divide a los expertos.

“Que quisieron evitar ruido es tan obvio como que la decisión política estaba tomada. Un rumbo raro desde que se decidió abrir una nueva clasificación o taxonomía para teledirigir las finanzas hacia la transición ecológica de Europa. Ya señalamos el Reglamento 2020/852 laxo en neutralidad tecnológica y devaluador de lo sostenible”, opina Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables. “Ni la nuclear ni el gas son energías limpias, pero como elemento de transición y mal menor prefiero la segunda, por permitir una gestión más flexible”, añade.

Quien sí se reconoce algo sorprendido es Francisco del Pozo, responsable de la campaña de combustibles fósiles de Greenpeace: “La Comisión suele ser más equidistante. Las emisiones del gas, bien sumadas –directas, logísticas y fugitivas– son similares a las del carbón, por más que se niegue. Los lobbies han hecho un buen trabajo, lógico cuando hablamos de la segunda fuente de energía fósil más consumida en el mundo y hay tanta infraestructura faraónica que amortizar, sobre todo en España”.

La fuente que más crece

Unos 90.000 kilómetros de gasoductos recorren el territorio español, donde la demanda de gas ha crecido un 5% en 2021, según Enagás. “Las redes de canalización existentes servirían para transportar los gases renovables, como el biogás o el hidrógeno. La electrificación es necesaria, pero será gradual”, considera Inmaculada Peiró, directora de la Asociación de Empresas del Sector de las Instalaciones y la Energía (Agremia).

Desde Sedigas, la Asociación Española del Gas, comparten postura. “El PNIEC reconoce el gas natural como vector para cumplir sus objetivos. Sin requerir nuevas inversiones, juega un rol clave en los ciclos combinados, pues asegura el suministro. Sin olvidar la decidida apuesta por las opciones de origen renovable”, aseguran.

No obstante, igual que las principales empresas gasistas rechazan pronunciarse aquí sobre la taxonomía verde, en Sedigas también prefieren no declarar “hasta conocer el borrador final”.

Las cifras

20 Estados miembros, al menos, deben rechazar el proyecto presentado por la Comisión para frenar su actual tramitación por vía de acto delegado. De momento, España, Irlanda, Dinamarca, Países Bajos, Austria y Luxemburgo han expresado su desacuerdo.

270 gramos de CO2 por kilovatio hora es el tope fijado por emisión directa máxima para las plantas de gas hasta el año 2031. En España, la media ronda ahora los 370 gramos.

El 21 de enero finaliza el plazo para los comentarios de los grupos de expertos y en lo que queda de mes la Comisión Europea hará su propuesta de acto delegado complementario de la taxonomía, antes de someterse al veredicto del Consejo Europeo y del Parlamento. “Y ojo, que si se rechazase, tocaría empezar de nuevo”, advierte Ignacio Araluce, presidente de Foro Nuclear, otra de las energías tocada por la varita de lo sostenible.

En el mejor de los casos, hasta verano no se sabrá nada definitivo. Desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico corroboran lo declarado por Teresa Ribera, vicepresidenta tercera del Gobierno: “La energía nuclear y el gas tienen un papel que jugar en la transición, pero limitado en el tiempo”.

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