Entorno

Nucleares no, pero... Vuelve el dilema

Bruselas estudia incluir este tipo de energía en la taxonomía verde

La central de Trillo en Guadalajara
La central de Trillo en Guadalajara Getti images

En medio de la inquietud que despiertan los altos precios de la electricidad en Europa, la energía nuclear se reivindica como una vía para luchar contra el calentamiento global y Bruselas estudia incluirla entre las fuentes válidas para ese propósito. Francia empuja para que la atómica reciba la etiqueta verde; Alemania hace lo mismo para que el gas natural también la tenga. Se trataría de conceder una calificación a las inversiones realizadas en energía nuclear y gas similar a la que reconoce a la eólica o la solar. Una posibilidad que ha despertado todo tipo de susceptibilidades.

Desde un punto de vista técnico y ambiental, este planteamiento no tiene mucho sentido para Juan José Coble, director del Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética de la Universidad Nebrija: “Si bien es cierto que la energía nuclear tiene un buen balance respecto a las emisiones de CO2 durante su etapa de funcionamiento, esto no es así durante la extracción y el refino de uranio”.

En su opinión, el problema es que ahora se pretende mirar solo una parte del proceso, el funcionamiento de las centrales y su generación de energía, que parece más verde. “Pero para poder evaluar razonablemente bien cualquier tecnología energética hay que analizarla desde la cuna hasta la tumba, y la tecnología nuclear tiene problemas ambientales importantes, tanto en la cuna como en la tumba, aparte de los residuos que se generan tanto durante su vida útil como durante el desmantelamiento”.

España defiende que no figure en la lista de tecnologías limpias

Con relación a la posibilidad de que Bruselas la incluya en la taxonomía verde, desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) argumentan que, con independencia de que pueda tener una consideración singular como tecnología que acompañe en la transición energética, “es bueno que no se incorpore en esa lista de tecnologías limpias. Quien quiera, con arreglo a sus propias decisiones soberanas, puede invertir en nuclear, pero atendiendo a la congruencia del sistema de la taxonomía sería una distorsión incluir esa tecnología”.

En las discusiones dentro de la Comisión Europea sobre cuáles deben formar parte de esa lista, España defiende no solo que la atómica no puede estar dentro, sino tampoco el gas, como pretende Alemania.

Hay centrales en el mundo con autorización para operar hasta 60 e incluso 80 años

Las cifras

20,2% es la aportación al sistema eléctrico nacional de la energía atómica en 2020.

442 reactores hay en el mundo. El parque nuclear español está formado por siete en cinco emplazamientos.

Por el contrario, para el Foro Nuclear sería muy positivo que la Unión Europea (UE) la considere como tecnología verde. “Si no fuese incluida en la taxonomía”, advierte la asociación que representa los intereses de esta industria, “se pondría en riesgo la financiación de la actividad de generación eléctrica nuclear en Europa”.

Y recuerda que 13 de los 27 Estados miembros disponen de centrales que producen más de una cuarta parte de la electricidad consumida cada año en la UE. Además, se pondría en riesgo su continuidad para lograr los objetivos de la transición energética. “Dada la urgencia climática, hay que contar con las fuentes bajas en carbono disponibles, entre las que está la nuclear”, sostienen.

El parque nuclear cumple un servicio de cobertura, mientras sigue creciendo la potencia instalada renovable, comenta Coble. Ahora bien, “ni el gas ni la energía nuclear deben tener la etiqueta verde. Los dos tienen impactos ambientales importantes en las distintas etapas de su vida útil”, insiste.

Explica que cuando lleguemos a unas cifras de instalación de potencia y de producción renovable suficientemente amplias y que den un buen margen de seguridad de funcionamiento del sistema eléctrico, “habrá que reconsiderar el mix energético que tenemos”.

El parque atómico cumple un servicio de cobertura mientras crecen las renovables

En 2020, por décimo año consecutivo, la atómica siguió siendo la fuente de genera­ción con mayor aportación al sistema eléctrico nacional, con el 22,2% del total, según Foro Nuclear. Las instalaciones convencionales (nuclear, carbón, hidráulica, ciclo combinado y fuel/gas) representaron el 55,6% del total de la producción. El resto de tecnologías (cogeneración, residuos, eólica, solar, turbinación de bombeo y otras renovables) produjeron un 6,21% más, debido fundamentalmente al incremento del 65,4% en la solar fotovoltaica.

Cristina Rois, de Ecologistas en Acción, manifiesta su preocupación porque, al hilo del cambio climático, “se esté intentando vender algo que es inasumible”. En su opinión, lo que está en juego es el acceso a los fondos europeos: “La industria nuclear, es decir, las eléctricas que están detrás, están utilizando todo su poder de propaganda para recibir ayuda de la UE para pagar la extensión de la vida de las centrales y seguir manteniendo las que están en funcionamiento; no se están planteando construir otras nuevas”.

En este sentido, Rois subraya que, aunque el periodo de vida útil de una central es de unos 40 años, en algunos países se está pidiendo permiso para alargarla. “En Estados Unidos, por ejemplo, hay muchas autorizadas para funcionar 60 años y alguna hasta los 80. Esto también tiene mucho que ver con la capacidad de la industria para presionar a los reguladores, porque alargar la vida de una central hasta los 80 años con un nivel de riesgo tan grande como el que hemos visto que tiene la producción nuclear es mucho descaro”, afirma.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 contempla el cierre gradual y escalonado de las centrales nucleares españolas, acorde con el pacto alcanzado con las compañías eléctricas, que prevé la clausura de estas instalaciones en 2035.

Nada ha cambiado con relación a este compromiso, insisten desde el Miteco: “En la medida en que se den las condiciones de seguridad, prioridad de las Administraciones públicas y de las empresas, se cumplirá el calendario que permite organizar la salida de esas plantas nucleares con total seguridad, tanto para el sistema eléctrico como para la propia actividad de desmantelamiento de las plantas y de gestión de los residuos”.

“Esta crisis surge porque abandonamos un modelo basado en combustibles fósiles y pretendemos pasar, sin enterarnos, a un modelo renovable pero que tenga apoyos puntuales y en pequeños porcentajes de energía nuclear y de centrales de ciclo combinado de gas”, apunta Coble, y añade:

“No todos los países avanzan igual, y llegar a este mix energético cuesta tiempo y dinero. Estamos inmersos en una transición energética y debemos apoyarnos en lo que hay para llegar al nuevo paradigma”.

Muchos países llevan años haciendo una apuesta decidida por las energías renovables. Sin embargo, hay 33 que tienen cerca de 450 reactores nucleares en operación, gran parte de los cuales tienen autorización para alargar su vida útil; y otros 19 países tienen más de 50 nuevas unidades en construcción. “Por tanto, la energía nuclear, como tecnología no emisora de CO2, va a continuar siendo clave en la consecución de los objetivos medioambientales”, según el Foro Nuclear.

El experimento de Gates y Buffett

En contra de lo esperado, a raíz de que la lucha contra el cambio climático lograra situarse en el centro de la agenda política, ha reaparecido en el debate el papel de la energía atómica en la reducción de emisiones, como pone de manifiesto su posible inclusión en la taxonomía comunitaria, el sistema de clasificación de actividades económicas sostenibles.

Mientras que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, anuncia la construcción de nuevas centrales atómicas y presiona al Ejecutivo comunitario para asegurarse de que estos proyectos sean atractivos para los inversores, y en Alemania la nueva coalición de Gobierno reafirma su posición contra el aval a la energía atómica pero necesita cobertura para las centrales de gas para seguir con su plan de abandonar las nucleares, en Estados Unidos Bill Gates y Warren Buffett apuestan claramente por la energía nuclear con la construcción de una central con una nueva tecnología experimental en un pueblo de Wyoming, el estado con la mayor producción de carbón del país.

“Quizás estamos entrando en una etapa de cambio de paradigma del sistema nuclear. Puede que ahora el dilema no sea nucleares sí o nucleares no, sino qué pasa con el nuevo sistema, con una perspectiva de mayor seguridad, menor coste y menos residuos”, afirma Massimo Cermelli, profesor de Economía de Deusto Business School. Y prosigue: “Si Gates y Buffett se mueven en esa dirección, por algo será”. Según Cermelli, mientras parte de Europa sigue con el cierre de las centrales, la experimentación está en Estados Unidos: “Esta nueva generación de reactores podría abrir otro escenario al sector y reforzar las energías renovables, que son imprescindibles”, resume.

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