La construcción, una actividad para cimentar los valores de la UE

El sector tiene un papel clave en los cambios que promoverán los fondos de recuperación dentro y fuera de Europa

El pasado 1 de diciembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó una nueva estrategia de la UE: The Global Gateway –que podríamos traducir como La entrada global–. El nombre del plan del Ejecutivo comunitario persigue impulsar inversiones en países socios de la Unión para desarrollar infraestructuras, para lo cual se movilizarán hasta 300.000 millones de euros en los próximos seis años, hasta 2027.

La idea de la Comisión contiene elementos increíblemente interesantes y gravita en torno a inversiones verdes, inteligentes y seguras en los países destinatarios –la mayoría en vías de desarrollo– alrededor de cinco áreas: las conexiones digitales, las infraestructuras relacionadas con la energía o la lucha contra el cambio climático, las redes de transporte, los sistemas de salud y la educación e I+D.

Una brillante apuesta inversora que, situando la construcción como motor de la ayuda a países en desarrollo, pretende cimentar los principios rectores de la Unión: exportar los valores democráticos, la buena gobernanza y la transparencia, el Estado de derecho, los estándares laborales o las energías limpias a lo largo de Asia, África o Latinoamérica.

El plan comunitario es la ocasión perfecta para ilustrar cómo la actividad constructora puede ser la vía óptima para difundir los ideales del mejor ejemplo en el mundo de integración política y económica a partir del anhelo común de superar los errores del pasado y de vivir en paz y armonía. No hay que olvidar que la construcción de la Unión Europea, con sus errores, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2012 al consolidarse como un proyecto pacífico y próspero.

Como afirma Von der Leyen, las infraestructuras que promueven otros países “no son transparentes, no son sostenibles y no implican a la comunidad local”. Aquellos proyectos aglutinados en The Global Gateway tendrán que respetar “los valores sociales y medioambientales de la UE” y la estrategia estará totalmente alineada con los objetivos tanto de la Agenda 2030 como del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Pero volvamos a la construcción: es muy oportuno afirmar que, lejos de la visión instalada desde hace tiempo en España que identifica casi exclusivamente al sector con el ladrillo y la carretilla, esta actividad juega un papel primordial en los cambios tanto a nivel nacional (siete de cada diez euros de los fondos Next Generation EU van a pasar directa o indirectamente por nuestra industria) como global, en este caso con países en vías de desarrollo u otros aliados naturales de la UE alineados con nuestros valores.

La construcción, pues, es una actividad imprescindible para Estados en vías de desarrollo y para países desarrollados. En el caso español, pero también europeo, los países de la Unión tendremos que hacer frente a nuevas necesidades como, por ejemplo, las demandas de edificios verdes y de alta eficiencia energética, nuevos materiales, avances tecnológicos, cambio climático… Dentro de los futuros perfiles que reclama la construcción, se están elaborando planes formativos en el ámbito de la sostenibilidad; perfiles especializados en tecnologías de datos y automatización; perfiles en el ámbito de la modularización y prefabricación, y perfiles de transformación y mejora de procesos como es el uso de la metodología BIM, obligatoria en España desde enero de 2020 y que es la base de la transformación digital. El sector tiene que renovarse continuamente para adaptarse a los cambios.

Hemos hablado de exportar valores más allá de las fronteras comunitarias mediante la actividad constructora, pero también esta debería servirnos para afrontar nuestros propios retos sociales. Prueba de ello es la reducción de la brecha entre los sexos en nuestro sector, tradicionalmente copado por hombres: se trata de crear un sector más atractivo y moderno, también para las mujeres. El talento femenino ya supera el 9% de los puestos, casi un punto porcentual más que hace un año. Y ese porcentaje continuará incrementándose, pues está demostrado que la presencia de mujeres consigue mejores resultados económicos, aumenta el rendimiento de los proyectos con impacto social e incrementa la creatividad

Si bien hace unos años la mayoría de las mujeres tenían la percepción de que se trataba de un sector totalmente inaccesible para ellas, desde hace un tiempo vemos cómo afortunadamente empiezan a romper estos prejuicios. La diversidad en las empresas constructoras es una fuente de creatividad e innovación y porque la aportación de las mujeres es un elemento esencial en la orientación hacia el cliente.

Es cierto que en España los problemas sectoriales distan mucho de los que padece un Estado emergente: aquí falta mano de obra cualificada, en CNC calculamos que necesitamos más de 700.000 nuevos trabajadores para mantener en un estado óptimo nuestras edificaciones e infraestructuras y además, a través del plan de recuperación, transformar nuestra economía. En otras partes, en cambio, urgen servicios básicos como hospitales o carreteras. Pero lo que es indiscutible es el valor de la construcción en ambos casos.

Se habla de un pulso por la influencia global. De que las democracias deben demostrar su capacidad para responder a los nuevos desafíos y tener la ambición necesaria para mejorar la vida de las personas en todo el mundo, tal y como recoge la propia introducción del plan. En este contexto, Bruselas pretende reforzar la posición de Europa a través, fundamentalmente, de la transición ecológica. Pero sea cual fuere la vía, una vez más, queda demostrada la importancia que tendrá nuestro sector para construir el futuro de una manera más justa y sostenible.

Pedro Fernández Alén es Presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC)