Carteras de calidad para un 2022 que puede ser más volátil

Pese a mantener la sobreponderación en renta variable, es aconsejable introducir algunos elementos que puedan mitigar el riesgo

Llegamos a diciembre y es el momento de hacer repaso de un año que termina y comentar cómo nos estamos posicionando de cara al que viene. Este 2021, si no cambian mucho las cosas, va a ser un muy buen año para la renta variable, pero negativo para la renta fija. La Bolsa mundial apunta a rentabilidades superiores al 20%, ¿quién lo hubiera aventurado hace 12 meses?, mientras que el Ibex 35 se queda rezagado con una apreciación del 5%.

Si bien se esperaba un año en el que destacaran los mercados emergentes y Europa, es Estados Unidos –otra vez– el que está liderando las ganancias, sobre todo si introducimos el cambio del dólar (apreciación del 8% frente al euro) en la ecuación. Como curiosidad, han funcionado muy mal dos de las recomendaciones con mayor consenso a finales del año pasado: renta variable emergente y depreciación del dólar.

Aunque mirando a los índices el año ha sido tranquilo, con pocas correcciones y bastante suaves, internamente se ha producido mucho movimiento, con muchas alternancias entre empresas de crecimiento, de valor o de calidad a lo largo del ejercicio. Además, cosas que habían funcionado muy bien el año pasado, como las grandes tecnológicas chinas o las compañías conocidas como unprofitable tech en Estados Unidos, han sufrido mucha volatilidad y, en muchos casos, caídas significativas.

Por otro lado, en renta fija, salvo que hayas tenido bastante high yield en cartera –asumiendo el riesgo que conlleva este activo–, la rentabilidad ha sido negativa y mantener liquidez te sigue costando un 0,50%.

Con la mirada puesta en el año que viene, y contemplando los activos financieros en su conjunto –renta variable, renta fija y liquidez–, seguimos con la impresión, que ya teníamos el año pasado, de que va a ser complicado optar a rentabilidades positivas tanto en renta fija como en liquidez. Por eso mantenemos algo de sobreponderación en renta variable en nuestras carteras mixtas a expensas de la exposición a renta fija.

Las Bolsas no están especialmente baratas, aunque con una competencia tan floja en el resto de activos podrían seguir sorprendiendo positivamente. Por quitar un poco de hierro al tema de las valoraciones, este año 2021 los principales índices de renta variable se han abaratado, pues los beneficios de las empresas han crecido más de lo que han subido sus cotizaciones en las Bolsas.

Así, pensando en el año que estamos a punto de comenzar y en nuestras recomendaciones de inversión, me gustaría resaltar algunos temas relevantes. Hemos dejado atrás el periodo de fuerte recuperación económica y vamos hacia tasas de crecimiento algo más moderadas en 2022, que podrían ser revisadas a la baja dependiendo de los efectos de la nueva variante ómicron. Todavía mantenemos un impulso fiscal razonable gracias al plan de infraestructuras en Estados Unidos y al fondo de recuperación europeo. Sin embargo, el mensaje de los principales bancos centrales empieza a endurecerse ante la evidencia de una inflación que se muestra más persistente de lo esperado, lo que a día de hoy se traduce en una política monetaria que se prevé menos expansiva de lo que se anticipaba hace unas pocas semanas. Así, la Reserva Federal estadounidense ha dejado entrever que reducirá su programa de compras de bonos (tapering) a un ritmo más elevado del actual.

No sería de extrañar, visto lo anterior, que pudiéramos enfrentarnos a un año 2022 algo menos tranquilo o, dicho de otra forma, más volátil del que estamos despidiendo. En este sentido, aunque mantenemos nuestra sobreponderación en renta variable, hemos introducido algunos elementos mitigadores del riesgo. Hemos realizado cambios en nuestra cartera de renta variable con la idea de reducir su sensibilidad a los movimientos de los mercados.

Así, hemos disminuido su beta al recortar parte de nuestra apuesta de recuperación cíclica y al eliminar la temática de semiconductores, que tan buenos resultados ha producido. Los nuevos fondos incorporados para compensar estas ventas –infraestructuras cotizadas y tecnología más diversificada– van en la misma dirección de asumir menos riesgo de mercado.

Por otro lado, pero con la misma intención, hemos aumentado en cuantía y en fecha de vencimiento las coberturas sobre renta variable que tenían nuestras carteras mixtas. Estas coberturas ampliadas, construidas con opciones sobre los índices S&P 500 y Euro Stoxx 50, unidas a la menor sensibilidad de nuestra cartera de renta variable a los movimientos del mercado, deberían protegernos mejor en el caso de que se produjeran caídas de las Bolsas durante los próximos meses.

En resumen, nuestra cartera modelo tiene un sesgo claro a la calidad, exposición global y fondos con bajo tracking error, en líneas generales. Porque la rentabilidad en el largo plazo, como hemos comentado más de una vez en este espacio, se consigue manteniéndose invertidos, evitando tomar decisiones emocionales al calor del último titular. ¿Cuántas veces hemos tenido la tentación a lo largo de 2021 de darlo por cerrado para asegurar nuestra rentabilidad? En años como el que estamos a punto de cerrar, ha sido tan importante o más que acertar con una apuesta, no haber tomado las decisiones equivocadas. Porque, como decía Benjamin Graham, solemos ser nuestro peor enemigo.

Los dichos bursátiles hace tiempo que no se cumplen… no sabemos si habrá rally de fin de año, pero esperemos que en las tres semanas que nos quedan el mercado no nos dé ningún susto –más– importante y que tengamos un buen 2022.

Ángel Olea es Director de inversiones de Abante