La innovación que se esconde detrás del Museo del Prado

Las propuestas creativas surgen cuando se buscan soluciones para un problema concreto

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Unas lonas cubren la fachada del Museo del Prado con motivo de su bicentenario, en 2019.

Cuando el Museo del Prado cumplió 200 años, su fachada estaba cubierta por andamios de obra. Desde la pinacoteca no querían recibir así su bicentenario, así que dieron con una ingeniosa solución: cubrir las vallas con lonas evocando las telas de algunos de sus cuadros más emblemáticos y, de paso, sacar el museo a la calle. Esto es innovación, tener ideas para solucionar un problema, aseguró el director de comunicación y marketing corporativo del Museo del Prado, Carlos Chaguaceda, durante su intervención en el Enterprise Innovation Summit 2021, organizado por Icemd, el instituto de innovación de ESIC.

Aunque pueda resultar chocante hablar de la innovación de una institución centenaria, el portavoz del museo reivindicó “la innovación de las pequeñas cosas”. La anécdota de las lonas es solo un ejemplo de las iniciativas que se han visto obligados a llevar a cabo en los últimos tiempos. Cuando llegó el momento de reabrir el museo tras el confinamiento, se encontraron con que solo podían mostrar un 40% de su recorrido, así que decidieron poner todo patas arriba. Así nació Reencuentro, una exposición que aunaba las principales obras de la pinacoteca para dar la bienvenida de nuevo al público. “Cuando haces un hito tienes que marcarlo, no solo en tu agenda, sino hacer que sea relevante para los demás”, justificó Chaguaceda.

La búsqueda de soluciones es lo que les llevó también a colaborar con la Asociación de Tablaos Flamencos de Madrid, en septiembre de 2020. Los turistas eran el público principal de estos espectáculos y el cierre de fronteras estaba provocando que no pudieran abrir sus puertas. Para poder seguir llevando el flamenco al mundo, varios bailarines dialogaron con algunas pinturas emblemáticas en las propias salas de la institución. Todo ello provocó que el New York Times destacara el perfil de Instagram del museo como una de las cinco cuentas dedicadas al arte que se deberían seguir. “Si no comunicas lo que haces, es mejor que no lo hagas”, apuntó Chaguaceda, quien estimó que las redes del museo son plataformas de entretenimiento constante de calidad.

Esta idea de la innovación como una manera de buscar soluciones para los detalles más pequeños también la compartió el director de accesibilidad e innovación de Fundación ONCE, Jesús Hernández-Galán: “Ahora todo el mundo utiliza ese término, pero cuando nacimos, nosotros lo llamábamos buscarnos la vida”. La ONCE ha pasado de ser casi una startup a una corporación en poco más de 80 años, pero el trabajo no cesa. “Nosotros seguimos innovando porque hay muchos problemas a los que se enfrentan las personas con discapacidad que aún no están resueltos”, continuó. El camino, de hecho, no tiene fin porque, como planteó el director general de ESIC Business & Marketing School, Eduardo Gómez, “la innovación no tiene tanto que ver con un verbo de acción, sino más con los estar, ser y parecer”. Es una manera de estar en la vida y las personas que quieren ver el mundo de esta manera alternativa se acaban juntando, apoyó.

Una máxima que también aplica el director general de Dija, David Alonso, al elegir a su equipo. “La gente con muchos logros no es necesariamente la que mejor nos ha funcionado. Prefiero a las personas con muchas ganas y mucha curiosidad”, reconoció. No se pone en duda que las nuevas aplicaciones digitales han sido un catalizador de nuevas ideas, pero no son el motor de las mismas. “La innovación llega cuando la tecnología pasa a ser una commodity, cuando deja de llamar la atención. La verdadera innovación está en el cómo”, sostuvo Elena Ibáñez, fundadora de Singularity Experts, donde se encargan de buscar profesiones con futuro.

Pero no siempre se acierta. “La innovación es prueba y error y en las grandes corporaciones a veces no se comprende esto. Si queremos innovar, tenemos que aplicarlo en serio”, apuntó el director de marketing de Citroën, Fabián Rodríguez. Para reducir los riesgos desde el punto de vista del marketing, Chaguaceda recomendó no dejar espacio para la polémica. Un ejemplo es la campaña que rodaron con La Vuelta en la que se veía a ciclistas circulando por el Museo del Prado. Algo que nunca ocurrió en realidad porque la escena se montó digitalmente. Pero, para adelantarse a las críticas por abrir la pinacoteca a las bicis, colgaron un vídeo con el making off a la vez que lanzaban la campaña. “Tienes que intuir dónde van a estar los problemas. El problema no es estar en el debate, sino no tener los argumentos para participar en ese debate”, concluyó.

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