El crecimiento de China está atascado en primera para largo

El letargo de los salarios y la amenaza de subidas fiscales es un mal presagio para el consumo y firmas como LVMH

Distrito financiero de Shanghái (China).
Distrito financiero de Shanghái (China). reuters

Más vale una pequeña pérdida que una larga pena, advierte el proverbio chino. Aunque, dado el peso de la República Popular, un poco puede llegar muy lejos. Por eso, la desaceleración de la expansión económica del país, mayor de lo previsto, hasta solo el 4,9% en el último trimestre, se dejará sentir en todo el mundo. Es el resultado de varios factores que golpean al mismo tiempo. El hecho de que el presidente Xi Jinping se centre en cuestiones como la desigualdad y la ineficiencia del crecimiento implica que los mercados dependientes de China deberían prepararse para un impacto a largo plazo.

Las medidas de Xi contra el sector inmobiliario, que duran ya varios años, fueron un factor importante en la ralentización de la economía. En junio, Guo Shuqing, el principal regulador bancario, advirtió de que quienes fueran demasiado cínicos con la política inmobiliaria de Xi pagarían un precio. Desde entonces, el ritmo de las ventas de apartamentos ha caído rápidamente, y la mayor bomba de relojería del sector, China Evergrande, se ha tambaleado. Las nuevas construcciones se redujeron en enero-septiembre un 4,5%.

A ello hay que añadir la escasez de electricidad, debida en parte a los objetivos ambientales impuestos a los gobiernos locales, y los esporádicos brotes de virus. El aumento del 3,1% en la producción industrial el mes pasado fue el más bajo desde que el Covid-19 congeló el país a principios de 2020. Las ventas al por menor se mantuvieron débiles, y el gasto en infraestructuras no acudió al rescate. Los gobiernos locales tienen demasiado miedo a aflojar las cuerdas del monedero para proyectos de orgullo. Los analistas de Guosheng Securities estiman que hasta el domingo solo se había emitido el 65% de los bonos de los gobiernos locales presupuestados este año, frente al 92% del año pasado.

Xi, que quiere industrias más ecológicas y ve el sector inmobiliario y la deuda pública oculta como posibles riesgos sistémicos, tiene otras prioridades: en un artículo que escribió la semana pasada para Qiushi, una publicación destinada a las élites del Partido Comunista, advertía de las nefastas consecuencias de la desigualdad e hizo un raro llamamiento para acelerar la puesta en marcha de un impuesto sobre la propiedad a nivel nacional y ampliar un impuesto sobre el consumo que podría enfocarse en los bienes de lujo.

Está en riesgo la demanda anual china de 2 billones de dólares en bienes y servicios extranjeros. Goldman Sachs estima que una caída del 30% en la construcción de viviendas podría recortar hasta 4 puntos porcentuales del crecimiento de China en 2022. Los países exportadores, especialmente los expuestos a la construcción y a los metales, como Chile y Australia, podrían sufrir rápidamente las consecuencias. Y el letargo de los salarios, combinado con el aumento de los impuestos, sería un mal presagio para conglomerados de la moda como LVMH. Una corrección bursátil también supondría un riesgo de contagio a nivel mundial, como quedó patente en el desplome del mercado de 2015. Es hora de abrocharse el cinturón.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías