El giro defensivo de la inversión ante la amenaza de la inflación

La última llamada de atención sobre los riesgos reales de una cronificación de la inflación proviene del Fondo Monetario Internacional (FMI), que acusado sistemáticamente de poca diligencia y no ver venir las crisis locales y globales, se cura en salud por si finalmente la recuperación descarrila empujada por una inevitable subida de las tasas de interés en las principales zonas económicas del mundo. Los mercados financieros, más precavidos incluso que el servicio de estudios del FMI, ya se han movido ante la perspectiva de mayores tasas de inflación, empujando hacia arriba las rentabilidades de los bonos y hacia abajo sus precios. Incluso empiezan a aparecer flujos de capitales desde las divisas débiles (Turquía, Brasil y otros emergentes) hacia el refugio del dólar porque todo apunta a que será la Reserva Federal de EE UU la primera institución monetaria que elevará el precio del dinero.

El resto de bancos centrales reaccionará más tarde, sea porque el ciclo esté más retrasado (caso de Europa), sea porque consideren que sus administrados precisan de un auxilio expansivo más prolongado. Pero los inversores de la práctica totalidad del globo deben empezar a considerar que la subida de tipos será generalizada, al igual que en una economía globalizada las tensiones de precios tienen carácter global, y que no sería mala idea empezar a protegerse de tal fenómeno. Las subidas de tipos son un incremento inmediato de la factura financiera para las empresas, para los hogares y para los Estados, y lo son cuando los niveles globales de deuda marcan récord, lo que sin duda se traduce en menos capacidad de compra de los particulares, menos capacidad de inversión de los Estados y menos margen para las empresas no financieras.

Tal fenómeno hace menos atractiva la inversión en renta variable, aunque recupere parte del atractivo la deuda, tanto soberana como corporativa, si el repunte de rentabilidades no pone en riesgo el repago de los cupones. En los mercados de acciones habrá de producirse un reajuste de posiciones, un ajuste de carteras, porque los analistas siguen diciendo que, pese a que el fondo de mercado mantiene su carácter alcista y que hay oportunidades para aprovecharlo, hay cada vez más dudas. Por tanto, conviene la búsqueda de protección de una parte del patrimonio generado en los últimos trimestres de avances de las Bolsas hacia la liquidez, y una rotación hacia valores cíclicos (alimentarias, eléctricas), hacia los que tienen posiciones oligopolísticas en sus mercados, a los que remuneran con periodicidad (infraestructuras) y a los valores tecnológicos y farmacéuticos, que han demostrado durante las sucesivas crisis su capacidad de resistencia, e incluso de ganancias generosas de sus valoraciones.