La confianza empresarial alemana se hunde a las puertas de las elecciones

A dos días de ir a votar, cae por tercer mes consecutivo el optimismo de los empresarios ante las vicisitudes en la cadena de suministros

Periodistas observan en directo un debate electoral en Alemania, el 19 de septiembre.
Periodistas observan en directo un debate electoral en Alemania, el 19 de septiembre. EFE

La confianza empresarial en Alemania bajó de nuevo en septiembre, hasta los 98,8 puntos de los 99,6 revisados en agosto. Es el tercer mes consecutivo en el que cae este índice del Instituto de Investigación Económica alemán (IFO), lo que se interpreta por los expertos como un cambio de la tendencia económica del país.

A dos días de las elecciones más reñidas que Alemania ha tenido en más de una década, las empresas no solo están menos satisfechas con la situación actual, sino que también son más escépticas sobre los meses venideros. El problema esencial es la falta de suministros de materias primas y de productos intermedios, que les están pasando factura a las empresas del sector comercio y tienen a la industria manufacturera al borde de la recesión.

La caída de la confianza empresarial en este sector no había sido tan fuerte desde marzo de 2020, el momento más álgido de la pandemia. En este año los niveles se habían recuperado, pero según el IFO, el gran optimismo de primavera en las expectativas de crecimiento se ha evaporado casi por completo.

Aunque no figura en ninguno de los programas electorales de los candidatos, sin duda la escasez de suministros será un desafío que habrá de abordar el nuevo Ejecutivo. A ello se suman retos mayores en materia económica, como la desigualdad causada por la crisis del coronavirus, la mejora salarial, la redistribución de la carga fiscal y el abastecimiento energético. Los tres grandes aspirantes —Olaf Scholz, Armin Laschet y Annalena Baerbock— han centrado gran parte de su campaña en estos y otros temas.

Scholz es el candidato de la socialdemocracia alemana (SPD), actual vicecanciller y ministro federal de Finanzas del Ejecutivo de Merkel. Su promesa más polémica ha sido fijar el salario mínimo en al menos 12 euros por hora, un aumento que sobrepasa el fijado por las normas de remuneración. También ha prometido la construcción de 100.000 nuevas viviendas sociales al año, reforzar la situación laboral del personal sanitario y dar más garantías para los autónomos.

Laschet es el candidato de la alianza formada por la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). Entre sus promesas figura lo siguiente: el pleno empleo, no subir impuestos, mantener los costos salariales adicionales a un nivel estable que se mantenga en un máximo del 40%, frenar la deuda, garantizar un precio económico de la electricidad, digitalizar el sector salud y fortalecer el comercio de derechos de emisión.

Baerbock, la segunda mujer después de Merkel que se presenta como candidata a la Cancillería, compite por Los Verdes. Quiere que el 100% de la producción de electricidad sea renovable para 2035, prevé aumentar el precio de la tonelada de CO2 y reducir los certificados de emisión europeos. Reformará el freno de la deuda y quiere que las empresas que reciban ayudas estatales para paliar la crisis del coronavirus no puedan repartir dividendos.

Scholz llega a la cita de este fin de semana con una intención de voto que ronda el 25%. El bloque conservador de Laschet mantiene en torno al 22% y los ecologistas de Baerbock un 16%. Detrás de ellos están los liberales del Partido Democrático Libre (FDP) y la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con el 11% de la intención de voto cada uno. Al final de la cola está la izquierda de Die Linke, con el 7%.

Con estos números es difícil saber quién gobernará, aunque todo apunta a que el próximo Gobierno alemán será tripartito. La coalición con más opciones parece ser SPD con verdes y liberales; la siguiente sería CDU con verdes y liberales; y por último una coalición sólo de la izquierda. Estos escenarios dejan como favorito a la cancillería a Scholz, aunque la negociación, en cualquier caso, se prevé larga no tanto por quién asciende a este puesto de poder, sino en quién se apoya para conseguirlo.

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