Hacia un mercado más sostenible, pero quizá menos sostenido

Los buenos resultados empresariales, la recuperación económica y la abundante liquidez coexisten con los factores de incertidumbre

Retomamos las rutinas habituales tras el break de verano y hay algunos focos a seguir que no cambian sobremanera a la hora de analizar cómo se van desenvolviendo los mercados, aunque parece que podemos ir teniendo más clara alguna hoja de ruta que nos acompañe en el viaje hacia las siguientes metas.

Dejamos atrás un mes de agosto que ha sido mucho más tranquilo de lo que algunos podían pronosticar, como si todos hayan decidido que así fuera, como pidiendo un merecido descanso que no se viera entorpecido, y volvemos a la actividad precisamente con eso, con más actividad, más liquidez, más aventuras en lo que a operaciones se refiere en algunos mercados como el de las emisiones de renta fija, entre las que sigue ganando terreno el carácter sostenible en los formatos de deuda.

Lo hemos visto con el reciente bono verde inaugural del Tesoro Español. Y, además, volvemos con lo tradicional y siempre presente en períodos más normales: los datos, los eventos, las declaraciones, las noticias, las intenciones y demás, que puedan ir clarificando lo que venga.

Grosso modo, la situación sigue marcada por el entorno macro, con cierto convencimiento de que la reactivación económica no será tan boyante como se podía pensar hace unos meses que sería a estas alturas (antes de los estragos de las nuevas variantes del Covid); por la evolución de la inflación, que no cede y que sigue afrontando esa dualidad entre el querer creerse que pueda ser pasajera versus el ir convenciéndose de que puede que no lo sea, y aquí surge todo lo que tiene que ver con los peligros de la estanflación, el crecer poco pero con precios al alza; y por las reacciones de los bancos centrales respecto a la necesidad de ir estando menos presentes a través de sus programas de compras, sobre todo porque esa inflación asusta en su evolución y amparando la decisión, ya lo decía Lagarde hace unos días, en las posibles menores necesidades de gasto asociadas a la pandemia, por obra y gracia de unos datos de contagio que pueden no mejorar, pero que si provocan menos efectos letales por el buen hacer de las campañas de vacunación. Es el timing de ese tapering lo que más se sigue ahora mismo, porque el hecho de que lo tendremos con nosotros es poco discutible.

Y así encaraban los mercados la última semana de agosto, con la reunión de banqueros centrales de la Fed en Jackson Hole, de la que surgía un mensaje que se interpretaba como de querer actuar en este sentido, reduciendo compras, pero de no hacerlo tan pronto, es decir, el famoso dovish tapering del que se inundaron las lecturas de la situación por parte de los analistas posteriormente a este encuentro.

Asimismo, coincidía con un dato de inflación para Europa que era más alto de lo esperado, con lo que empezamos a ver que, con el cierto decalaje en las situaciones a afrontar, tanto Fed como BCE tendrán que ir pasando por una serie de actuaciones que quizás no sean tan diferentes en los próximos meses. Es verdad que el reciente dato de inflación para agosto en Estados Unidos, que incluso queda por debajo del esperado en su observación mensual, puede dar algo de razón a la Fed para alargar la monitorización de la situación y no actuar demasiado pronto.

Pero, más allá de la inflación y los bancos centrales, se unen algunas otras incertidumbres que actualmente los mercados gestionan, o tratan de hacerlo, como las derivadas de la propia evolución del virus, que tiene mucho de incierto a pesar de comprobarse que los efectos son menos letales por las vacunas, la creciente intervención del Gobierno chino en el sector privado, el surgimiento de algunos riesgos geopolíticos como lo ocurrido en Afganistán y a pesar de que no creara excesiva volatilidad en precios de activos, o el retomar lo relacionado con la aprobación del plan de gasto de Biden y los problemas que puede desatar respecto a la subida de impuestos asociada.

Pero no es lo mismo afrontar incertidumbres con el colchón que provee el hecho de moverse en máximos de Bolsas, o con tipos relativamente controlados, o, en definitiva, con mercados que consolidan en los peores momentos y siguen mejorando cuando la situación es más propicia, que hacerlo cuando ya ha habido correcciones significativas y en la búsqueda de nuevos entornos de precios que se ajusten a nuevas realidades.

Parece que asistimos a una situación en la que, los buenos fundamentales, que se han plasmado en la última batería de resultados empresariales, la situación macro, que podrá ser peor que la descontada pero incluso así es la mejor en décadas en cuanto a crecimiento, y la persistente liquidez con la que cuenta al sistema, se enfrentan en un hipotético partido de desempate, a todas esas otras incertidumbres que asoman. Y que, del resultado de ese cara a cara, se irán definiendo las condiciones de un nuevo entorno en el que podremos tener menos protagonismo de bancos centrales, en el que el dichoso Covid vaya olvidándose, y en el que el crecimiento se vaya ajustando a dinámicas más fundamentales y reales, e incluso, con el tiempo, menos apoyadas en una liquidez que lleva tanto tiempo sosteniendo muchas cosas, y que necesariamente tendrá que dejar de ser tan protagonista si queremos volver a ver un mercado más capaz de funcionar sin tanto estímulo y apoyo. Así debería de ser. Que así sea cuando sea posible.

Jesús Sáez es director de mercado de capitales de Natixis para Iberia