La fiebre por invertir en un sector hotelero que sigue esperando ayudas

El sector hotelero español ha soportado una larga travesía en el desierto que no solo ha consumido músculo y recursos financieros, sino que ha desembocado en una recuperación más compleja e incierta que en otros mercados. Esa circunstancia explica la oleada de operaciones de compraventa de activos que se está produciendo en el sector, propiciada por las dificultades de financiación y por el creciente interés de los fondos extranjeros. Solo en los últimos tres meses, decisiones como la de Meliá, que ha vendido ocho de sus hoteles a un vehículo institucional por 200 millones y comprado a Varde el hotel Apollo en Barcelona por 90 millones; NH, que se ha desprendido del hotel Calderón de Barcelona por 125 millones de euros; RIU, al comprar 19 hoteles a TUI por 670 millones de euros, o el fondo canadiense Brookfield, que ha adquirido cinco hoteles a Selenta por 550 millones, evidencian que el mercado español está moviéndose a buen ritmo.

Las razones para poner a la venta activos de calidad por parte de las hoteleras españolas son eminentemente financieras, tras una crisis sanitaria marcada por la severidad de los confinamientos, las fuertes restricciones de movilidad y las recomendaciones de no viajar a España por parte de países europeos emisores de turistas. Aunque las necesidades de liquidez se han visto suavizadas por medidas de apoyo, como los ERTE y los créditos ICO, las ayudas públicas que ha recibido la industria turística española no son comparables con las que se han aprobado en otros países y explican en buena medida que España sea en este momento un mercado ganador para los inversores extranjeros. Aunque los descuentos no son altos, el alto potencial de esos activos cuando mejores el mercado, fundamentalmente de los situados en Madrid y Barcelona, así como en Canarias, Baleares y Costa del Sol, constituye un poderoso anzuelo para los fondos de inversión.

El regreso del apetito inversor tras los meses más oscuros de la pandemia, así como el hecho de que se focalice en activos de alta calidad y lo haga sin el gancho de los grandes descuentos, demuestra la confianza en la industria turística española y las altas expectativas que existen sobre su recuperación. Pero al tiempo evidencia también la escasez de financiación y las dificultades de liquidez de las empresas, como también la insuficiencia de las ayudas que han recibido para capear esta crisis. Frente a países como Francia o Alemania, que han inyectado dinero abundante para evitar quiebras, en España ha habido dos únicos rescates mientras un total de 17 empresas siguen a la espera de poder acceder a los fondos que necesitan.