Invierta en empresas con buena gobernanza

La continua búsqueda de la excelencia en el plano cualitativo suele provocar éxitos cuantitativos, mejorando los resultados y reduciendo la volatilidad

A medida que todo ciclo económico se agota, suelen aflorar casos de malas prácticas empresariales. De entre los más sonados, destacan declaraciones de bancarrotas por asumir riesgos excesivos, o destapes de casos de manipulación contable. ¿El motivo más común? Directivos presionados por mantener la racha de buenos resultados y las altas valoraciones bursátiles. Estos casos tienen un común denominador: merman la valoración de las empresas envueltas en los mencionados escándalos. En el caso de cotizadas, sus acciones tienden a sufrir abruptas caídas, ocasionando pérdidas permanentes en el capital de sus accionistas.

En la crisis de las puntocom, cuando los mercados bursátiles se desplomaron, el escándalo contable de Enron copó las portadas de los periódicos de todo el mundo. En 2008, las protagonistas fueron las agencias de rating y sus dudosas prácticas a la hora de calificar cédulas hipotecarias subprime. Unos años más tarde; Dieselgate, Lucking Coffee, Wirecard… Aunque pueda parecer que se trata de casos muy remotos, créanse aquello de que “el ser humano es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra”. Sin ir más lejos, este mismo año, el parón de la economía y la consecuente abrupta caída de mercado en 2020 ocasionada por el Covid nos ha dejado casos como el de Greensill Capital o Archegos Capital Management. Esta misma semana, el caso más sonado es el de la promotora china Evergrande. Aunque puedan parecer casos que solo ocurren en otras geografías, piensen en Gowex, la antigua Pescanova o Abengoa.

Aunque intuitivamente puedan pensar que se trata de casos aislados imposibles de prever, analizados en retrospectiva es fácil llegar a la conclusión de que la gran mayoría son protagonizados por compañías con débiles estándares de gobernanza. Ello quiere decir que, si los accionistas hubiesen tenido en cuenta la calidad del equipo directivo y de sus prácticas a la hora de tomar su decisión de inversión, podrían haber evitado verse afectados por la mayoría de esos escándalos.

¿Cómo reducir al máximo las probabilidades de sufrir pérdidas permanentes en el capital o un pobre desempeño en el proceso de creación de valor? La clave reside en invertir en compañías que tengan una gobernanza corporativa de alta calidad. Estas compañías han probado ser más resilientes a través de los diferentes momentos del ciclo económico y bursátil, dado que son dirigidas de una forma más conservadora, y típicamente son empresas más ágiles, innovadoras, estables, y con un modelo de negocio más sólido.

La buena gobernanza es el arte de tomar buenas decisiones al más alto nivel, y también es el proceso a través del cual dichas decisiones son implementadas. Se trata de una tarea compleja, que involucra a diferentes grupos de interés y su valoración en ocasiones es ciertamente subjetiva. Si el proceso de toma de decisiones de una empresa funciona bien, suele generar equilibrios entre las partes afectadas, resultando en una estrategia de largo plazo más clara, acertada y duradera, que permite hacer sostenible en el tiempo la creación de valor, y en última instancia, supone un mejor comportamiento de la acción frente a sus comparables en el largo plazo.

La buena gobernanza parte de un alto nivel de conocimiento del sector en el que opera una determinada empresa, lo que permite a sus directivos identificar las oportunidades y los riesgos a los que se enfrenta. De entre las oportunidades, hay que saber elegir qué bazas jugar, cuáles de ellas implican la más alta probabilidad de conseguir un crecimiento rentable atractivo y perdurable. La identificación de riesgos conlleva la gestión posterior de los mismos, evitando la exposición a aquellos que sean innecesarios, y moderando la exposición o asegurándose frente aquellos que merezca la pena asumir o no sea posible evitar.

El nivel de riesgo y la calidad de la gestión es algo que también se puede evaluar desde el aspecto financiero. ¿Qué grado de conservadurismo financiero tiene una empresa? ¿Cuáles son las políticas de asignación de capital? ¿Es lógica y tiene sentido en cada momento la política de retribución a los accionistas? ¿Qué grado de estabilidad tienen los beneficios y cómo de rentable es el crecimiento? ¿Son las decisiones de inversión acertadas, generando consistentemente retornos por encima del coste del capital? ¿Usan estándares contables conservadores y adecuados?

Pero el good governance no solo se centra en analizar si el equipo directivo sabe identificar oportunidades y riesgos, sino que lo impregna prácticamente todo en una organización. Se trata de una lista sin acotar que engloba aspectos de muy variada índole, entre los que quizás destacaría los siguientes: 1) Poner un especial acento en la calidad de su capital humano y la gestión de este. 2) Contar con una buena arquitectura de toma de decisiones, así como de información y comunicación interna y externa. 3) La estructura organizativa y sus procesos han de estar bien definidos, garantizando la plena alineación de intereses y la excelencia operativa. 4) Auditar y evaluar de forma regular e independiente los procesos y prácticas acometidos. 5) Promulgar una cultura y valores que impregnen las dinámicas de la organización y las prácticas de todos los que trabajan en ella. 6) Velar por el respeto al medio ambiente, no solo desde la obvia necesidad de respeto a las normativas vigentes de emisiones, tratamientos de residuos u orígenes sostenibles de los insumos, sino también actuando proactivamente con iniciativas innovadoras que promuevan un mayor cuidado del entorno.

Todo ello permite a una organización alcanzar mejores resultados. La continua búsqueda de la excelencia en el plano cualitativo suele provocar éxitos en lo cuantitativo, mejorando los resultados, reduciendo la volatilidad de los mismos y reforzando la solidez de un determinado modelo de negocio y la presencia de una empresa en un determinado mercado o entorno.

En definitiva, no nos cabe duda de que a la hora de buscar inversiones en empresas que tengan enfoque ESG, la G es la variable más importante, pues es la que impulsa la E y la S. Además, son precisamente estas compañías con unos estándares superiores de gobernanza las que han probado crear más valor para sus accionistas y el resto de los grupos de interés con los que interactúa, de una manera sostenible a futuro.

Lucas Maruri es CFA, gestor del fondo Gesconsult Good Governance RV USA