La verdadera solución al problema de la vivienda y los jóvenes es el empleo

Es un conflicto que tiene consecuencias graves no solo sociales, sino también económicas

La evolución de los precios de la vivienda durante los últimos años, que han aumentado a un ritmo sustancialmente superior al de los salarios, se ha convertido en una barrera casi infranqueable para el acceso de los jóvenes a su primera casa y les ha condenado a retrasar la emancipación hasta una edad cada vez más tardía. La irrupción de la pandemia y de la crisis económica desatada por las medidas para contenerla no han hecho más que agravar un problema que amenaza con cronificarse y que está presente en todas las regiones españolas. Los datos apuntan a que a actualmente los menores de 30 años en España no disponen de los ingresos necesarios para poder alquilar o comprar en solitario una vivienda del mercado libre en ninguna de las 17 comunidades autónomas. El esfuerzo necesario para emanciparse ronda de media el 60% de los ingresos en el caso del alquiler y llega al 90% en el pago de una hipoteca, porcentajes que doblan y triplican el máximo recomendable –no superior al 30%– y que vetan, de facto, la posibilidad de poder contar con un hogar propio.

Las soluciones a este problema, que no es privativo de España, aunque sí resulta especialmente agudo en nuestro país, son muy variadas, e incluyen desde el control público de los precios –especialmente en el mercado del alquiler–, que se ha revelado ineficaz en los países europeos en los que se ha implantado, hasta las ayudas y avales públicos para la adquisición de la vivienda, en mercados como el británico y el italiano. Inspirándose en esos modelos, la patronal de promotores y constructores APCEspaña ha planteado al Gobierno un plan para que la Administración central avale hasta 11.200 millones de euros destinados a un total de 330.000 viviendas para jóvenes. Este tipo de iniciativa, que está basada en el programa británico Help to buy y en el fondo de garantía hipotecaria para la primera vivienda de Italia, no es inédito en España. Está presente ya en la Región de Murcia, para menores de 35 años, y en estudio en la de Madrid.

El problema del acceso a la vivienda de los jóvenes tiene consecuencias graves no solo sociales, sino también económicas. El proceso de maduración de todo individuo implica poder contar a una edad razonable con la posibilidad de formar un hogar propio y dejar de depender del cobijo familiar, un objetivo para el cual es necesario contar con un trabajo estable y un salario suficiente. El despeje de esa ecuación, que en España parece irresoluble, puede facilitarse con ayudas y programas de financiación como el propuesto por las promotoras, pero la verdadera solución pasa por impulsar una economía flexible, capaz de crear riqueza y empleo, y de dar oportunidades a los jóvenes.