En tiempos de incertidumbre: flexibilidad y carteras ‘blend’

EE UU plantea las valoraciones más exigentes, mientras que en Europa y Asia hay algunas oportunidades

Tras 16 meses desde que arrancará la crisis del Covid-19, la mayoría de las economías comienzan a ver la luz al final del túnel. Las vacunaciones avanzan a un ritmo extraordinario, incluso en España, que no arrancó precisamente con buen pie. Pero las buenas noticias rápidamente se ven matizadas por la evolución de las distintas olas. De nuevo, la alegría y euforia de muchos genera repuntes en los contagios y hace subir la incidencia acumulada. Las restricciones vuelven a ser noticia, y ciertos sectores vuelven a tener que cerrar con el consiguiente impacto económico.

Esta situación ilustra muy bien el contexto actual y hay una palabra que define muy bien todo lo anterior: incertidumbre. Nos encontramos en una situación inédita, nunca antes vista. Pese a la virulencia que el Covid-19 ha provocado en las economías fruto de los confinamientos en todo este tiempo, el sentimiento de los inversores es el de euforia. Al mismo tiempo, todos los estímulos monetarios han generado un repunte de la inflación y los agentes se preguntan si será pasajera o permanente. Recientemente conocíamos las últimas declaraciones de Jerome Powell, avisando de que las subidas de tipos están a la vuelta de la esquina. Y todo lo anterior queda aderezado con unos Gobiernos al límite en términos presupuestarios (una parte significativa de los países de la OCDE no cumpliría el pacto de estabilidad) pese a que el coste de la deuda es el más bajo que ha habido en 5.000 años de historia registrada.

De todo lo anterior se deduce algo evidente: nadie sabe lo que va a pasar. Puede que vivamos un pequeño boom económico una vez los países recuperen con normalidad la habitual actividad económica. O puede que no. Puede que la inflación haya llegado para quedarse. O puede que no. Puede que los déficits públicos vuelvan a niveles razonables y los hipotéticos problemas a futuro de países como Japón, Grecia o Italia se desvanezcan. O puede que no. Puede que la quinta ola sea una falsa alarma. O puede que no.

Si este 2021 nos ha enseñado algo es que anticipar cuándo van a producirse ajustes en Bolsa y cómo de rápidos van a ser es impredecible. Tras más de una década de underperformance del factor estadístico del value frente al growth, en apenas unos meses se produjo una recuperación muy virulenta y rápida. ¿Quién ha acertado con el timing y la velocidad de dicho acontecimiento? A la mayoría les pilló con el pie cambiado. Desde nuestra humilde opinión, estos ajustes no hacen sino reafirmarnos en dos ideas que subyacen de todo el anterior análisis: merece la pena ser flexible y tener carteras blend.

El asset allocation lleva mucho tiempo teniendo la relevancia que se merece. Uno puede acertar a nivel micro, invertir en una compañía y obtener un resultado positivo. Ahora bien, si su posicionamiento no es el adecuado, el coste de oportunidad de no haber invertido más en uno u otro tipo de activo le supondrá pagar un peaje muy alto. Bajo nuestro punto de vista, el asset allocation prudente en este contexto implica varias cosas. La primera de ellas, en lo referido a dónde invertir en renta variable, implica apostar por la flexibilidad geográfica. No hay una clara región que concentre las mejores valoraciones a nivel mundial en estos momentos. Sí hay, por el contrario, un país que objetivamente (al menos en base al PER de Shiller) presenta las valoraciones más exigentes. Ese país es Estados Unidos.

Las dos zonas que presentan precios más comedidos son Europa y Asia, pero ni siquiera el conjunto de mercado es atractivo. Uno debe de acudir a ciertos nichos del mercado para empezar a encontrar precios sensatos. Concretamente, en las pequeñas y medianas capitalizaciones es donde se observa más pesimismo. Sin ser algo estrictamente relacionado con el asset allocation, el nivel de endeudamiento de las compañías cobra en este contexto más relevancia que nunca. No sabemos cómo de frágiles pueden quedar las economías una vez que desaparezcan los estímulos y nada tranquiliza más a un inversor que saber que su compañía no necesita dinero como un enfermo requiere oxígeno.

En términos sectoriales, y volviendo al concepto de blend, merece la pena tener un poco de todo. Por lo mencionado anteriormente sobre el entorno tan incierto, creemos que tiene sentido construir carteras que tengan rendimientos adecuados tanto en entornos en donde repunte la inflación como en aquellos en donde su crecimiento sea más moderado. Nadie tiene la varita mágica y el peaje por equivocarse puede ser muy alto.

Por último, mencionar al patito feo de todas las carteras en estos momentos: la renta fija. Si hay un consenso claro en el mercado hoy en día, es que a nadie le gusta la situación actual de la renta fija. Las rentabilidades brillan por su ausencia en todo lo que es investment grade y deuda gubernamental, los dos nichos del mercado que históricamente más inversión han acaparado. Todo el que invierta hoy en día en estos nichos está prácticamente firmando perder poder adquisitivo, algo que a ojos de un inversor racional debería ser algo inverosímil. Por ello, creemos que merece la pena ser flexibles, alejarse de estos nichos, no tener duraciones largas, pero sí ser exigentes con la yield, que es la mejor protección frente a la incertidumbre. En términos geográficos creemos que, aquí sí, la región más interesante es Europa, pero nuevamente, con cierta flexibilidad para invertir en oportunidades que puedan surgir en otras regiones.

Cuanto más convulso sea un mercado, más cautela hay que tener. Cuanto más se olvide el mercado de los fundamentales, más hay que filtrar basándose en ellos. Cuanto más se posicione el mercado a nivel de estilos, más merece la pena ser el díscolo que construya carteras blend. Solo aquellos que tengan la bola de cristal podrán apostar todo al rojo.

Pablo Martínez Bernal es 'Head of sales’ para Iberia de Amiral Gestion