Lecciones de los JJ OO sobre el estrés y el éxito profesional

Alcanzar y mantener resultados extraordinarios conlleva sacrificios y renuncias

Las noticias sobre los Juegos Olímpicos van informando de los deportistas que consiguen medallas, muestran imágenes que deslumbran y declaraciones de los deportistas sobre su felicidad por el logro. Los que no ganan interesan menos. De todos modos, ha sorprendido y atraído mucho las noticias primero de la retirada y luego de la reincorporación de la gimnasta Simone Biles. Se trata de la gimnasta más laureada de todos los tiempos y una favorita en estos juegos. Por ello, supuso un shock el anuncio de su retirada. La razón, según sus propias palabras: “Es más importante la salud mental que el deporte ahora mismo”. En los entrenamientos preparatorios, indicó a su entrenador, perdió la orientación espacial en uno de los saltos y temía un accidente y también perjudicar a su equipo con un pobre desempeño. Además, declaró que sentía tener todo el peso del mundo sobre sus hombros y reconocía lo duro que es luchar “contra tu propia cabeza”. Unos días después regresó para competir en una especialidad en la que, al parecer, tenía menos posibilidades, por lo que en su percepción la presión podía ser menor. Muy probablemente, ello ha contribuido a que consiguiera la medalla de bronce.

Estos cambios, tan bruscos como sorprendentes, han conmocionado a muchos seguidores de los Juegos. Ha sido interesante ver, hace solo dos días, las reacciones en las redes sociales al anuncio de su retirada. En ocasiones, manifiestan comprensión y empatía, pero en otras irritación e insultos por abandonar la competición. Resulta sorprendente la radicalidad de los juicios y la soltura con que se emiten. Esta situación permite reflexionar sobre las ilusiones, aspiraciones, esfuerzos, renuncias, sacrificios, logros, satisfacción, bienestar y salud ante los proyectos y retos personales.

El estrés es un fenómeno relevante en este contexto. En primer lugar, las aspiraciones de la persona por conseguir logros juegan un papel importante y también lo tienen las demandas y estímulos del entorno. Este es el caso de los deportistas de élite, pero cabe incluir a otras personas que aspiran a conseguir logros excepcionales, en alguno de los campos de la actividad humana: la ciencia, los negocios, las artes, o el voluntariado, entre otros. Esas aspiraciones conllevan fuerte autoexigencia continuada de tipo físico, mental, emocional, personal, etc. Los esfuerzos excepcionales pueden mantenerse durante largos periodos de tiempo, con niveles cada vez más exigentes.

Cuando la conducta para lograr esas aspiraciones y objetivos es exitosa, suele producir satisfacción y recompensas inmateriales (autoestima personal), sociales (reconocimiento) y materiales (económicas). Además, si los logros son excepcionales, la persona alcanza visibilidad, y con ello se generan expectativas sociales, que suelen suponer presión sobre sus logros futuros, en especial entre sus seguidores.

La consecución de metas elevadas en un determinado ámbito tiene implicaciones en otras facetas de la vida. Alcanzar y mantener resultados extraordinarios conlleva sacrificios y renuncias y, con ello, déficits en esas facetas. Esas exigencias pueden afectar negativamente a la salud o al bienestar, sobre todo si no se está preparado para manejar las exigencias físicas, mentales, emocionales, sociales y públicas. Ante esas situaciones estresantes, la persona evalúa o estima su capacidad para afrontarlas. Si llega a la conclusión de que sus recursos no le van a permitir el control de la situación o no está segura de ello tiende a experimentar emociones negativas (miedo, irritabilidad, agresividad, etc.), ansiedad y molestias psicosomáticas. En este contexto, entendemos que tras el replanteamiento de la situación y con apoyo psicológico, la gimnasta ha reevaluado sus recursos y ha asumido volver a la competición. Esa disminución de la presión, en buena medida por reestructuración cognitiva, y por el apoyo social, ha contribuido probablemente a su medalla de bronce.

La renuncia y posterior reincorporación en pocos días de Simone Biles ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre las propias aspiraciones y logros. No es de extrañar que los profesionales, llevados por su desarrollo de la carrera, se planteen metas y asuman exigencias que, llevadas a un determinado nivel, pueden atentar contra su salud. Esos niveles de dedicación a veces solo son posibles si se renuncia al desarrollo de otras facetas de la vida. Metidos en esa dinámica, las expectativas del propio entorno pueden suponer una presión adicional. En cualquier caso, caben múltiples opciones y es una decisión personal, que evoluciona en el tiempo, la forma en que cada uno plantea su realización personal.

Las decisiones de Simone Biles nos llevan a tomar conciencia de los complejos equilibrios entre los logros, los éxitos, el prestigio y la imagen social y los riesgos que ello puede suponer para la propia vida, la salud y el bienestar cuando aquellos se llevan a situaciones límite. Además, llama la atención cómo las condiciones pueden cambiar en pocos días, ya que se trata de fenómenos dinámicos. Esos equilibrios han sido necesarios para los atletas que han logrado medalla y para otros muchos que no la han conseguido. En cualquier caso, son respetables y admirables sus esfuerzos, sus logros y también su decisión de abandonar o de reincorporarse, cuando estas se producen.

Las personas construyen sus vidas de muchas formas. En todos los tiempos ha habido personas excepcionales capaces de ir más allá de los límites alcanzados hasta el momento, descubrir lo desconocido, transformar de forma genial las artes, la ciencia, el pensamiento, la cultura y otros muchos ámbitos de la realidad. Eso muestra el gran potencial del ser humano y ratifica la convicción de que, aun asumiendo que hay límites, no queda claro dónde están. Todos esos logros se han hecho posibles con talento, empeño, dedicación y esfuerzo excepcionales, y por supuesto con renuncias. Se suele decir que se consigue lo imposible porque quien lo logra no sabía que lo era. También conocemos muchos intentos no coronados con éxito y los costes, en ocasiones dramáticos, que han supuesto. Ese carácter abierto y el gran potencial del ser humano es su mayor valor y el que lo hace único.

José M. Peiró, Universidad de Valencia, investigador del Ivie y académico de la Academia de Psicología de España