Robinhood se parece más al sheriff de Nottingham que a un rebelde

El bróker obtiene gran parte de sus ingresos de vender información a creadores de mercado como Citadel

Vlad Tenev, cofundador y co-CEO de Robinhood.
Vlad Tenev, cofundador y co-CEO de Robinhood. reuters

Robin Hood era un rebelde, según la leyenda medieval. Robinhood Markets, el bróker-app que se prepara para salir a Bolsa, también se presenta con la librea verde y afirma tener la misión de “democratizar las finanzas”. Pero se parece más al sheriff de Nottingham. Su modelo de negocio, que consiste en quitar a los pobres para dar a los ricos, puede prosperar en tiempos de burbuja, pero no es sostenible.

“Todos somos inversores”, proclama el folleto. La empresa se jacta de dar acceso a “una de las mayores fuentes de creación de riqueza del mundo”: el mercado de valores de EE UU. Más de la mitad de sus 18 millones de clientes nunca había tenido una acción. La firma, con sede en Silicon Valley, ha revolucionado el negocio de los brókeres al “borrar” las comisiones de las operaciones con acciones y opciones y permitir a los clientes poseer acciones fraccionarias. “Estamos ampliando significativamente el tamaño del mercado definido”, escriben.

¿Qué problema hay? Pues muchos. Afirma que la mayoría de sus clientes son de comprar y mantener. Puede que sea cierto, pero, como ocurre con los casinos, el grueso de los ingresos procede de una pequeña fracción de traders empedernidos. La aplicación parece un cruce entre videojuego y red social. Cuando el precio de una acción cambia, los dígitos giran. Se envían notificaciones llenas de emojis. Como en Las Vegas, el objetivo es maximizar el tiempo que la gente pasa en el dispositivo.

Ha tenido un éxito notable en este sentido. El folleto presume de que en 2020 quienes visitaron la apli un día concreto lo hicieron una media de casi siete veces en esa jornada. En diciembre, el regulador de valores de Massachusetts la acusó de incitar a utilizar repetidamente su apli y de dirigirse a clientes jóvenes con poca o ninguna experiencia. Alega que es culpable de “gamificación”, es decir, la “aplicación de elementos típicos del juego a otras actividades”. Se atrae a los clientes con la promesa de acciones gratuitas. Se asemeja a un esquema piramidal en el que los clientes ganan hasta 500 dólares al año por recomendar a otros que se unan.

En cuanto a lo de comprar y mantener, Robinhood es más conocido como el lugar favorito para negociar “acciones meme” como Tesla y Sundial Growers, un productor de cannabis de Canadá. Las criptodivisas son una línea de negocio en rápido crecimiento, y una gran parte de las ventas derivan del trading de dogecóin, que se originó como una farsa. Al igual que las hipotecas de alto riesgo expandieron el mercado inmobiliario de EE UU pre-2008, Robinhood está llevando el apalancamiento a las masas. Los préstamos de margen pueden obtenerse por solo el 2,5%. Y los clientes pueden operar con opciones sin comisiones.

Robinhood ha adoptado muchos de los malos hábitos de Silicon Valley, como las acciones de supervoto, o los estados financieros a medida que no cumplen con los principios de contabilidad generalmente aceptados, o dar información pública reducida (por ser una “empresa de crecimiento emergente”). Los ejecutivos disfrutan de espléndidas concesiones de opciones. Pero, pese a sus afirmaciones, Robinhood está mucho más cerca de Wall Street de lo que sus clientes pueden pensar.

En 2020, ganó casi 100 millones por prestar las acciones de sus clientes a los vendedores en corto. El grueso de los ingresos procede de otra fuente de Wall Street: las comisiones en efectivo de los creadores de mercado por la información sobre las operaciones de los clientes. Los llamados pagos por flujo de órdenes aportaron el 81% de los ingresos del primer trimestre. El creador de mercado Citadel, de Ken Griffin, le pagó más de 300 millones en 2020, más de un tercio de los ingresos totales.

El flujo de órdenes de los minoristas es tan valioso porque, en general, juegan una mano perdedora. Los estudios sugieren que obtienen un retorno inferior al negociar en exceso, una conclusión que se mantiene tanto antes como después de los costes de trading. Además, tienen carteras poco diversificadas y adquieren valores especulativos promocionados en los medios, especialmente los que tienen ganancias tipo lotería. En general, los hombres obtienen peores resultados que las mujeres. La abrumadora clientela masculina de Robinhood cumple todos los requisitos.

Ello significa que las firmas financieras pueden obtener grandes beneficios negociando contra los minoristas. Así, Robinhood se parece más al sheriff de Nottingham que a su epónimo. En 2020, la fortuna personal de Griffin se duplicó con creces, y una pequeña parte de esa ganancia se derivó de su acuerdo con Robinhood.

Ya hemos pasado por esto. La pretensión de democratizar las finanzas es una característica común de las burbujas, junto con el uso generalizado del apalancamiento, la llegada de inversores inexpertos y el frenesí por las últimas tecnologías. En los años 20, los fideicomisos de inversión presumían de llevar Wall Street a la gente. GM y Radio Corporation of America eran los valores emblemáticos. John Raskob, fundador de GM, proclamó que “todo el mundo debería ser rico”. Los préstamos de margen estaban en su punto más alto. Pero cuando llegó la crisis, tanto los fondos apalancados como los inversores particulares se hundieron.

Robinhood recuerda a E*Trade, el bróker de descuento online que floreció brevemente con las puntocom. El trading intradía estaba de moda y E*Trade amplió rápidamente su base de clientes. El precio de su acción se sextuplicó. Pero el aumento de clientes se paró tras el estallido de la burbuja, y el valor cayó un 99%.

Al menos sobrevivió. Otra cosa es si Robinhood tendrá la misma suerte. Sus clientes acumulan grandes ganancias sobre el papel. El mayor riesgo no es que los tipos suban o que el mercado se hunda, acabando con esos beneficios especulativos. Más bien, que un día los usuarios se despierten pensando que la empresa no está sirviendo a sus intereses, sino a los de Wall Street. Entonces la revuelta del pueblo podría comenzar de verdad.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías