Ante la quinta ola, vacunar en las farmacias

Entre el colectivo existe cierta perplejidad por no poder hacerlo estando capacitados para ello

Ante la quinta ola, la vacunación frente al Covid reaparece como una necesidad colectiva, cuya velocidad debe aumentar para afrontar el reciente repunte de infectados. Semanas atrás, el ritmo de inoculación en España parecía suficiente para mejorar las estadísticas. Anteriormente, en España, la administración de la vacuna había adolecido de cierta irregularidad debido a varios motivos. En algunos momentos, la causa de los retrasos fueron las dudas sobre su seguridad. En otras, lo fue el suministro limitado de dosis. En definitiva, ha habido una escasez intermitente de dosis, que ha comportado la necesidad de administrarlas en base a criterios éticos y de salud pública, con el correspondiente reparto equitativo por edades, grupos profesionales y territorios.

En situación de escasez de dosis, la inclusión de nuevos puntos de administración de vacunas no era una prioridad. Sin embargo, durante el segundo y tercer trimestre del año, el flujo de dosis que llegan a España ha aumentado progresivamente. De manera que, ahora, con un mayor volumen dosis disponibles, el aumento de número de puntos de vacunación se convierte en determinante. Si tenemos en cuenta que el coronavirus, con esta quinta ola, vuelve a amenazar la recuperación alcanzada hasta hace pocas semanas, debemos concentrar todos los esfuerzos en extender la vacunación en un tiempo inferior al previsto.

La necesidad de aumentar el ritmo de vacunación responde, en primer lugar, a motivos de salud colectiva. Pero, inmediatamente después, a la necesidad de normalizar, lo antes posible, la actividad económica y, en consecuencia, nuestra competitividad como país. Hay una correlación positiva entre porcentaje de población vacunada y la actividad empresarial y social, especialmente la vinculada con el turismo y la hostelería. También existe una relación entre una mayor vacunación y reducción de la presión sobre nuestro sistema sanitario. La relación entre dichas variables es solo una muestra de la importancia de incidir en el ritmo de vacunación, el cual nos podrá acercar a la inmunidad de grupo. Se trata de un marco de absoluta excepcionalidad y, por tanto, parece razonable contar con todos los recursos sanitarios para la administración de la vacuna.

La existencia de un sistema sanitario tensionado dificulta la capacidad de aprovechar este progresivo aumento de disponibilidad de vacunas y pone de manifiesto la necesidad de contar con todos los colectivos sanitarios con capacidad para administrarla. Ante la necesidad de acelerar la vacunación de la población, en el Reino Unido o Francia, la farmacia comunitaria se ha erigido como una de las opciones más razonables para multiplicar la capacidad de vacunar. Salvando las diferencias del modelo español con el norteamericano, pero también en Estados Unidos las oficinas de farmacia se han unido a la campaña de vacunación.

En España, contamos con más de 22.000 farmacias, con presencia en todo el territorio nacional, con profesionales capaces de inocular las vacunas y, de esta forma hacer que este proceso llegue a la mayor parte de la ciudadanía, en el menor tiempo posible y, por su capilaridad geográfica, de forma homogénea a todas las regiones. Con una mínima formación se subsanarían las posibles dudas o reticencias sobre la capacitación de los farmacéuticos para manipular las dosis.

Además, la posibilidad de poder vacunar en la farmacia sería una medida especialmente recomendable para determinados grupos de adultos, como las personas mayores o los pacientes crónicos. Sin embargo, a diferencia del caso de la vacuna contra la gripe, en España no se contempla que este colectivo sanitario participe en la administración de la vacuna contra el Covid. Los argumentos, todos legítimos, son diversos. Algunos son técnicos, otros ideológicos y también los hay corporativistas. Con independencia del mayor o menor acierto de dichos argumentos, el reto que nos plantea la pandemia es que como país seamos capaces de ponernos de acuerdo para administrarlas en el menor tiempo posible para cumplir con los objetivos de vacunación lo antes posible.

Atendiendo a un sencillo análisis coste-beneficio, los beneficios de incorporar a las farmacias serían muy superiores a sus supuestos costes, ya sea en forma de protección de vidas humanas o de asentar las bases para iniciar la recuperación económica cuando antes. Los farmacéuticos se han ofrecido para administrar la vacuna, sin que se les haya concretado una respuesta. Este silencio se produce a pesar de la preparación de sus profesionales y de la ventaja añadida de contar con una red con penetración en todo el territorio nacional, así como que, con su participación, se contribuiría a descongestionar el sistema nacional de salud.

Nos encontramos inmersos en una etapa clave de la evolución de la pandemia y España no puede permitirse quedarse en una posición rezagada. Ante la nueva afrenta que representa el repunte de infecciones, deberíamos aunar todos los recursos sanitarios de los cuales dispone nuestro país para llevar a cabo la vacunación y hacerlo con la máxima presteza, ya que la vida de buena parte de la ciudadanía depende de ello, así como la viabilidad de nuestra economía.

Entre el colectivo de las farmacias comunitarias existe cierta perplejidad por el hecho de no poder vacunar estando capacitados para hacerlo. Los actores que forman el sistema sanitario español deberían dejar a un lado sus diferencias, aunque fuera temporalmente, y concentrar los esfuerzos en acelerar la vacunación. Para afrontar la quinta ola de infecciones, el aumento del número de puntos de vacunación se convierte en un factor esencial. Como señalan los expertos, si aceleramos este proceso, salvaremos vidas y, a su vez, generaremos empleo y recuperaremos una confianza de la cual nuestra economía está sumamente necesitada.

Javier Casas es director general de Alliance Healthcare