Será difícil que el arte del acuerdo fiscal de Yellen tenga una secuela

Persuadir al Congreso de EEUU para que ratifique el convenio para alcanzar el tipo mínimo global en el Impuesto sobre Sociedades requiere una hazaña

Será difícil que el arte del acuerdo fiscal de Yellen tenga una secuela

Los días de negociar tratos de Janet Yellen no han hecho más que empezar. La secretaria del Tesoro de Estados Unidos era conocida por ser una lumbrera en economía más que como negociadora. Pero fue la expresidenta de la Reserva Federal quien convenció a 130 países para que respaldasen un nivel mínimo en el impuesto sobre sociedades a principios de este mes. Persuadir al Congreso para que haga lo propio al tiempo que preserva la coalición mundial será un reto aún más complicado.

Los líderes republicanos de los comités financieros de la Cámara de Representantes y del Senado escribieron a Yellen el jueves para mostrar su preocupación por el hecho de que el acuerdo tributario global pudiera favorecer a otros países a expensas de los intereses estadounidenses. Los funcionarios del Tesoro han subrayado que Estados Unidos no va a perder ingresos, pero algunos republicanos sostienen que la fórmula podría asignar hasta el 30% de los beneficios globales a otros países.

Otro problema son las exenciones. Reino Unido, por ejemplo, presionó para que los servicios financieros quedasen fuera del acuerdo, y también se espera que quede excluido el sector minero. Por otro lado, China quiere mantener las áreas económicas especiales, y Suiza quiere mantener algunos subsidios. Algunos de los legisladores estadounidenses están descontentos con esa clase de trato especial.

El Grupo de los 20 países desarrollados y emergentes más importantes, cuyas autoridades financieras comienzan una reunión de dos días el viernes, son muy conscientes de las pegas que le están poniendo a Yellen en su país y quieren saber cómo se va a asegurar el apoyo del Congreso, el cual, al igual que otros órganos legislativos, deberá aprobar el acuerdo. Una forma de hacerlo sería fijar el tipo mínimo para las empresas por encima del 15%, dado que el presidente Joe Biden quiere elevar el tipo mínimo aplicable a los ingresos de empresas estadounidenses en el extranjero desde el 10,5% actual hasta el 21%. Pero es demasiado alto para algunos países, que en ese caso podrían retirar su apoyo al acuerdo global. Tratar de persuadir a diferentes partes con intereses opuestos de que un acuerdo tributario es algo con lo que todos salen ganando quizá sea demasiado, incluso para Yellen.