Paloma Vázquez de Castro: “La industria textil en España está desmantelada”

Creó en 2016, con sus ahorros y los de su equipo, la firma de moda Psophía

Psophía
Paloma Vázquez de Castro, creadora de Psophía.

Creó Psophía hace cinco años, tras haber desarrollado prácticamente toda su carrera como directora creativa en Hoss Intropia. Paloma Vázquez de Castro (Madrid, 1964) factura un millón de euros al año y vende sus prendas, además de en España y en su página web, en tiendas multimarca de EE UU, Italia, Portugal, Benelux y Grecia (en breve entra en Francia). Sueña con abrir un tienda física, donde compartir la experiencia de Psophía [hace referencia a sus dos nombres, el segundo es Sofía]. De todo ello habla en la entrevista realizada esta semana en El Club Matador de Madrid, con su socia, Rebeca Álvarez, al lado.

¿Cómo les está afectando la pandemia?

Con incertidumbre. La sensación que se tiene es la de vivir el presente, hay un cambio sociológico muy grande. La pandemia ha modificado el mundo, nos ha puesto patas arriba. A lo largo de mi vida me he enfrentado a situaciones duras, pero algo de estas características no lo había vivido hasta ahora. La inestabilidad te hace dudar a la hora de tomar una decisión determinada. No hay nadie al que no le haya afectado. Dicho esto, como empresa hemos crecido porque éramos pequeños, y todavía queda mucha gente por descubrir y que nos descubra. Con nuestro tamaño, que te paralicen unos meses es duro, pero nos ha servido para prepararnos para cuando esto acabe.

Empieza el proyecto cuando abandona la anterior empresa, Hoss Intropia, ¿es arriesgado montar un negocio en el sector textil?

Nacemos con una inversión personal mía y de parte del equipo. Cuando dejamos la otra firma se nos quedó grabado cómo se puede crear algo tan grande y que se caiga todo, cuando las cosas se pueden hacer de otra manera. Cuando me fui en 2015 fui la última en irme, lo hice con mucha tristeza, salimos con una desazón muy grande. Fue una empresa maravillosa [Hoss Intropia entró en liquidación y en 2019 la marca fue adquirida por Tendam], hasta que entraron accionistas ajenos al negocio, con las páginas de Excel, y coincidió que en ese momento empezaba una crisis económica y no se supo afrontar el crecimiento de la empresa. Cuando me voy me encuentro muy vacía.

¿Cuál fue el siguiente paso al de su salida de la empresa?

Me replanteo qué es lo que sé hacer. Tengo una profesión, a pesar de que al principio me resistía a seguir adelante. El equipo, por otra parte, con experiencia en otras empresas, no estaba motivado, porque todos los que estábamos nos quedamos como huérfanos, sin un proyecto en el que creer. Cuando trabajas con el corazón, te cuesta trabajar con el dato, y eso es lo que nos pasó. Yo tuve llamadas de otras empresas, pero decidimos lanzarnos. Y lo hemos hecho con el ahorro personal, con trabajo, conocimiento y un equipo de siete personas.

¿Cómo se recibió a Psophía en el mercado?

Llevamos cinco años y la aceptación ha sido muy buena. Vamos poco a poco, porque ante todo sabemos lo que no queremos hacer y dónde no queremos caer. Es mejor un crecimiento lento, conservando la esencia de lo que queremos hacer. Cuando te dicen que una empresa ha de tener éxito en tres años, eso al final te va minando.

¿Cuál es su vara de medir el éxito?

Para mí esto es un modo de vida, vivo de ello. El éxito radica en lo que necesites. Nosotros perseguimos un objetivo común, y es crecer más despacio que rápido. Asentarnos. Probablemente, en un futuro demos entrada a un inversor, pero me da cierto miedo que ponga unos objetivos y no podamos llegar. Prefiero tener capacidad de reacción a tener un plan de negocio concebido, dado que en el mundo de la moda ha cambiado la conducta y la relación con la gente. El consumo masivo de usar y tirar tendrá su función, pero lo diferente, lo especial, es lo que perdura. La moda es un mundo muy subjetivo, lo define el cliente. Aquí hemos creado un universo propio y queremos que se nos conozca por ello. Tengo algo que ayuda, hago cosas bonitas y bien hechas, y eso elimina problemas.

En el sector de la moda hay cada vez más competencia.

Hay espacio para todos. Poco a poco vamos fidelizando a los clientes. No somos dictadores de tendencias, tenemos nuestro propio estilo. El cliente valora la calidad, aunque otra cosa es que pueda acceder a ella. En los años de bonanza no nos importa tanto el valor de las cosas, pero debemos darle valor a lo que tenemos. Una prenda bien hecha debe ser como un cuadro de Velázquez, debe perdurar en el tiempo. La ropa de usar y tirar es basura. Una prenda debe usarse todo lo que se pueda, incluso zurcida.

¿Cómo convive la creatividad con la cuenta de resultados?

Dado que hemos apostado por un crecimiento lento, hacemos ropa para gente que la quiere, que sabe que detrás hay alguien haciendo esa prenda. Todo eso es lo que le da valor. Todos los bordados y los estampados los hacemos y pintamos nosotros. Nuestras prendas tienen alma, y aplicamos la creatividad con el realismo.

La industria textil en España ha desaparecido, ¿dónde fabrican?

Está desmantelada. Nosotros cuando estábamos en la otra empresa ya trabajábamos con Asia, porque la mayor parte de la moda del mundo se hace allí. Nosotros queremos que los nuestro sea made in Spain, pero tenemos el problema de que no hay industria. Asia ha comido todo el terreno y sería vital que España apostara por revitalizar este sector. Necesitamos tener talleres actualizados, con maquinaria buena, que cuiden los detalles, que estén preparados para competir con lo que se hace en otros países. Sería maravilloso tener una estructura mínima, porque la cercanía te evita también una serie de costes. En Portugal hay unos talleres maravillosos, es una tabla de salvación. Occidente debería reflexionar en este sentido, y debería haber un impulso en cuanto al desarrollo de la industria al igual que lo ha habido en creatividad. El problema es que esa creatividad no se traduce en algo que luego se pueda llevar a la realidad.

Normas
Entra en El País para participar