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La fina línea del bien y del mal de las auditoras

Deloitte se percató a tiempo y en dos años ha dado la vuelta a su negocio para especializarse en la consultoría; gana más sin tanta incompatibilidad

Sede operativa de BBVA
Sede operativa de BBVA

El pasado jueves BBVA comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) su decisión de cambiar de auditor a partir de marzo de 2022. Para ello convocó un concurso al que se presentaron, como es lógico, las big four. Al final, BBVA se ha inclinado por EY (antes Ernst & Young) como auditor de sus cuentas para los ejercicios 2022, 2023 y 2024, adelantando en un año la obligación de tener que cambiar de firma. EY releva así a KPMG un año antes de que cumpliese el contrato de la auditora que preside Hilario Albarracín.

La razón podría ser comprensible, pero las cosas que inicialmente parecían sencillas y lógicas se han ido complicando. La fina línea del bien y del mal en la reputación y ética de una auditora está complicando el negocio de estas firmas y las elecciones a las empresas, sobre todo a las grandes compañías, que necesitan de la atención de grandes auditoras.

En el caso de BBVA, el relevo se produce después de que el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) impusiese una sanción de 88.000 euros a KPMG con una resolución que ya ha sido recurrida por la firma que todavía auditará al banco que preside Carlos Torres este año.

La multa a KPMG se debe a un aspecto en una infracción grave de las cuentas de 2017, relacionado con la documentación que se incorpora a la auditoría. La sanción es totalmente asumible por la firma, y no afecta a su solvencia o negocio. No tiene problemas. Además, es una multa de escaso alcance, excepto por una razón, ha sido suficiente para que BBVA se planteara convocar un concurso para cambiar de auditor. Así, una pequeña sanción ha restado millones a los ingresos de KPMG, que dejará de ser el referente del gigante bancario al finalizar este ejercicio. Y eso que la sanción aún no es firme. Pero el banco ha optado por cambiar de auditor ante la incertidumbre generada por la inspección del ICAC a KPMG, producida en un momento delicado para el banco, envuelto en una de las piezas de caso Villarejo, en concreto, en la pieza conocida como Tándem.

Pero una vez abierto el concurso de BBVA, la elección se fue complicando. Si el banco quería cambiar de auditor a consecuencia de la multa impuesta a KPMG, al poder influir en su reputación, las alternativas se fueron reduciendo. En un momento dado parecía que incluso seguir con su actual auditora podía ser lo mejor.

Una de las firmas que apostaron más fuerte por llevarse la cuenta del banco de origen vasco fue PwC. Pero su elección no hubiera estado bien vista ni por la Fiscalía Anticorrupción, ni por la SEC en Estados Unidos, entre otros organismos. Se da la circunstancia de que PwC está trabajando para BBVA. Es la firma encargada de realizar el forensic en el caso de la contratación del excomisario José Manuel Villarejo durante 13 años para que realizara presuntas labores de espionaje a empresarios, políticos y periodistas, entre otros colectivos. Es el citado caso Tándem.

La presión de los sindicatos logra que BBVA y CaixaBank hayan firmado unos ERE con condiciones como las de antes

Aunque la elección de PwC como auditor parece que no está reñido legalmente con su labor en el forensic, pero nuevamente la imagen o reputación del banco podría ponerse en entredicho, justo lo que quería evitar con el adelanto en un año en el relevo de KPMG.

EY, la firma finalmente elegida, tampoco está exenta de polémica. Se encuentra inmersa en el escándalo del conocido como Wirecard, la quiebra fraudulenta de la fintech alemana. Aunque para algunos expertos EY ha sido una víctima más de este escándalo.

Pero la cuarta de las grandes firmas auditoras, Deloitte, tampoco se libraba de posibles incompatibilidades. Aunque también se presentó a la licitación, Deloitte contaba en su contra con el escollo derivado de su labor de consultoría –en la que se ha especializado en los dos últimos años– con las grandes compañías españolas, entre las que se encuentra BBVA.

Deloitte ya había auditado las cuentas de BBVA desde 2002 a 2016. Ahora la firma, a sabiendas de lo complicada que se está convirtiendo la labor de auditar, ha dado un giro a su negocio y, aunque mantiene su división de auditoría, se está especializando en trabajos de consultoría, labor con menos quebraderos de cabezas regulatorios y con unas facturas más sustanciosas.

Así las cosas, tampoco son nada despreciables los ingresos que podría generar la cuenta de auditoría de BBVA. El banco que preside Carlos Torres desembolsó en 2020 unos 29 millones de euros a KPMG por auditar sus cuentas. BBVA es una de las empresas que más beneficios deja a las big four, solo por detrás de Santander en el caso de los bancos, dada su envergadura, con varias filiales internacionales.

Y cambiando de tema. Si hace unas semanas decíamos que los sindicatos lograron un acuerdo con BBVA sobre su expediente de regulación de empleo (ERE) con unas condiciones como las de antes, ahora son las centrales sindicales las que aseguran que el pacto conseguido en el caso de CaixaBank supera al del banco vasco.

Tanto en el caso del ERE de BBVA como en el de CaixaBank, las negociaciones comenzaron mal, muy mal, lo que llevó a los sindicatos a convocar tres huelgas, algo que no se había producido desde hacía 30 años. Pero no siempre lo que mal empieza acaba también mal. Los sindicatos han logrado arrancar a ambos bancos prejubilaciones a partir de los 50 o 52 años, voluntariedad en las salidas e indemnizaciones muy por encima de las que estaban dispuestos a pagar BBVA y CaixaBank al inicio de las negociaciones.

Además, la presión del Gobierno y de los sindicatos y la necesidad de la banca de mejorar su reputación ha derivado en una rebaja sustancial del número de despidos aprobado sobre las cifras de salidas propuestas inicialmente. Entre ambos bancos han recortado sus pretensiones en 2.800 empleados. Pese a ello, las salidas sumarán casi 9.500 en un año en ambos bancos.

Por cierto, con estas negociaciones los sindicatos han vuelto a recuperar fuerza en el sector financiero, aunque hay que decir que la banca ya no es lo que era, ni volverá a serlo. Han perdido terreno.

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