Luis García Montero: “La ciencia es clave para el prestigio de nuestra cultura”

El poeta dirige el Instituto Cervantes desde 2018 y defiende el papel de la lengua compartida como un espacio de entendimiento frente a la confrontación

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Luis García Montero, director del Instituto Cervantes.

Poeta, ensayista, crítico literario, excandidato de Izquierda Unida a la Asamblea de Madrid y, desde 2018, también director del Instituto Cervantes. La trayectoria de Luis García Montero (Granada, 1958) es diversa, aunque siempre con el foco en el poder de la cultura para lograr una sociedad mejor. Ese es su trabajo ahora, asegura, al frente de una institución que acaba de cumplir 30 años. Insiste en el potencial de la cultura en momentos de crispación y evita pronunciarse sobre la Oficina del Español que dirigirá Toni Cantó.

¿Cómo han vivido este año en el Instituto Cervantes?

Hemos tenido las complicaciones derivadas de la pandemia en el mundo. Por una parte, recursos humanos ha tenido un protagonismo muy especial para estar muy atentos a la situación de nuestro personal en todo el mundo. Por otra, nos hemos enfrentado al reto de la transformación tecnológica. Era algo que venía haciéndose desde hace tiempo, pero la pandemia ha supuesto un empuje inevitable porque hemos tenido que cambiar buena parte de nuestro trabajo presencial, tanto las clases como el trabajo en línea.

Este año celebran su 30º aniversario. ¿Cómo han evolucionado?

A la gente le llama la atención nuestra juventud. Si se compara con las instituciones de otros países, somos muy jovencitos, pero el Instituto Cervantes solo podía nacer en democracia. Formamos parte de una comunidad de casi 500 millones de hablantes, el imperialismo creaba una situación de dominio y de prepotencia que impedía desarrollar una tarea de cultura en nuestro idioma. Respeto al intercambio y la diversidad, manteniendo el tesoro de un idioma compartido. Eso tiene un calado democrático que hacía difícil que se pusiera en marcha durante el franquismo. A partir de ahí buscamos expandirnos poco a poco.

En momentos de crisis, la cultura suele ser lo primero que se recorta, ¿cómo ven el panorama actual?

Sí, hubo una parálisis alrededor de la crisis de 2008, cuando se perdió en torno a un 30% de los presupuestos. Ahora empezábamos a acercarnos a otras instituciones europeas, pero comprendemos que ha llegado la pandemia y es muy triste un panorama donde todo el mundo pregunta qué es de lo mío. Por eso yo prefiero defender que la cultura es un valor esencial para una sociedad democrática y para la imagen de un país más que obsesionarme en exigir más presupuesto del que se puede pedir ahora. Lo que sí me preocupa es la dignificación de la plantilla.

¿Qué papel juega la cultura en un contexto de polarización como el actual?

Eso es a lo que nos referimos cuando decimos que la cultura es un valor esencial. Tiene que ver con la paralización de la mentira, de los bulos, del irracionalismo, los movimientos de odio, la insolidaridad... La pandemia nos ha enseñado dos cosas: una, que necesitamos cuidarnos; y dos, que una sociedad democrática debe asegurar los derechos cívicos y la libertad. Necesitamos cuidarnos significa que una pandemia ha revelado lo peligroso que es recortar en sanidad pública y en ciencia. Pero también ha desvelado que necesitamos devolverle confianza y autoridad al Estado. Si queremos asegurar nuestra convivencia tenemos que creer en las reglas que impone un Estado capaz de organizarlo. Cuando hay que quedarse en casa porque lo dicen los científicos, conviene que el Estado diga que hay que quedarse en casa.

Hablaba también de la libertad.

La reflexión de una palabra tan importante en democracia como es la libertad tiene que ver con eso. Cuidado con entender la libertad como la ley de la jungla. Desde la Ilustración, la libertad supone un marco de convivencia donde tenemos que darnos unas reglas que respetar para poder convivir de acuerdo con nuestros derechos cívicos. No es la ley de la jungla, sino tener un contrato social. Hay que pedirle también al Estado que su poder esté relacionado con el respeto a los valores cívicos. La única manera de articular esta doble necesidad, Estado y derechos cívicos, es la cultura. Por eso digo que es fundamental para evitar la polarización.

¿Y la lengua?

Las lenguas pueden pensarse de manera natural como un espacio de entendimiento. Ese es nuestro trabajo. Frente a la polarización que concentra a la gente en una obsesión cerrada, es mejor destacar el conocimiento y la cultura de una sociedad que es libre cuando aprende a respetar la diversidad.

¿Somos conscientes del potencial de la cultura española o se valora más fuera?

No, somos poco conscientes del potencial del español como lengua y como cultura. La atención que la sociedad española le ha prestado a la cultura ha sido muy escasa desde la guerra civil y durante la dictadura. Se va recuperando, pero muy lentamente. Por otra parte, hay un gran desequilibrio en inversión cultural respecto a países cercanos. Lo que pasa es que no hemos tenido que preocuparnos mucho porque el español goza de muy buena salud. Los españoles somos el 8% de una comunidad que se acerca a los 500 millones que tienen la lengua como nativa. La despreocupación por invertir en nuestro idioma tiene que ver con la fuerza demográfica, por eso hay que llamar la atención en la repercusión económica que tiene.

¿Y cuál es?

A mí me gusta mucho la perspectiva iberoamericana: una lengua hermana como el portugués, no solo en Brasil, sino también en la Península, nos suma hasta los 850 millones en todo el mundo. Podemos estar alrededor del 11% del PIB mundial. El conocimiento de un idioma da enseguida muy buenos resultados, tanto en el turismo como en las operaciones comerciales. Cuando se analiza la exportación e importación de países con un idioma compartido, se nota la importancia del mismo. Aparte de eso, la imagen del país. Ahí tenemos retos pendientes.

¿Cuáles?

Estamos muy orgullosos de ser la lengua de Miguel de Cervantes y Rosario Castellano, pero debemos recordar también que somos la lengua de Ramón y Cajal y de Severo Ochoa. Para el prestigio de nuestra cultura, el protagonismo de la ciencia y la tecnología es fundamental. Estamos contentos de abrir un centro en Los Ángeles porque, además de ser un centro cultural de prestigio, está también muy protagonizado por las tecnológicas y eso es por lo que estamos apostando ahora.

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