¿Ya está el año hecho en los mercados?

No es posible saber si vendrá no una corrección, pero es interesante aprovechar los precios bajos para proteger este ejercicio tan bueno

El año está hecho. El pasado mes de diciembre los estrategas de las principales casas de inversión ofrecían sus objetivos del S&P 500 para 2021. No sorprendía ver repetirse niveles próximos a los 4.200 puntos, pues implicaban alcanzar la tradicional subida del 10% –en este caso un poco más– que suelen pronosticar todos los años. Estamos ahí, con el objetivo cumplido, y la sensación de que nos gustaría dar el año por cerrado –pájaro en mano– también empieza a palparse entre los profesionales de la inversión. Además, nos encontramos a las puertas del verano, periodo que se asocia con mercados más revueltos e ilíquidos, y ante el que nos vemos tentados a irnos de vacaciones algo más protegidos, por lo que pudiera pasar.

El año, si nos centramos en los sectores o dinámicas que están dirigiendo los mercados, está siendo un rompe piernas, con frecuentes alternancias y sin un guion fijo: growth, value, recovery, stay at home…

Hay tres factores, al menos, que pueden explicar estos cambios de humor en los mercados. Podríamos hablar de un factor macro esencial; el debate sobre la inflación lo inunda todo y sus implicaciones sobre la evolución de los tipos de interés, la política monetaria de los bancos centrales y los sectores o compañías que se verían más beneficiados o perjudicados son evidentes.

Y podemos seguir con dos factores de carácter más técnico. El auge de la inversión temática, medido en flujos, es evidente. Primero fueron los fondos temáticos de gestión activa y luego los ETF y las cestas de acciones. Estos dos últimos instrumentos permiten realizar inversiones ágiles, intradía. Más allá de las bondades financieras de todas estas temáticas, que el tiempo irá poniendo en su sitio, la inversión temática tiene una ventaja importante en el discurso, en el relato, en definitiva, en el marketing que se puede construir alrededor de la inversión. El último lo encontramos en el mayor peso de los inversores minoristas en el volumen de contratación de los mercados. Parte importante de este furor minorista se está centrando en algunas pequeñas y medianas compañías –más fáciles de mover– con fundamentales dudosos y que empiezan a conocerse como meme stocks.

El año será como tenga que ser, y ya luego lo explicaremos. Los mercados, ya hemos comentado en otras ocasiones, tienen la manía de hacer lo que les da la gana. Generalmente, produciendo lo que más daño causa. Quedan todavía seis meses por delante que pueden hacer variar mucho la foto actual. El año va a ser bueno, salvo accidente, en términos de crecimiento económico y resultados empresariales. Es verdad, también, que el recorrido de las bolsas ha sido muy alcista y buena parte de este futuro prometedor ya está, en nuestra opinión, recogido en los precios, descontado.

Estamos en un momento en el que empieza a vislumbrarse un cambio en la política monetaria en Estados Unidos –como ha podido apreciarse en las dos últimas reuniones de la Fed–, que pasaría a ser menos acomodaticia. Creemos que este proceso puede llevar a un incremento de la volatilidad en los mercados. Hemos comprado un poco de coberturas en nuestras carteras mixtas. Hemos aprovechado que la volatilidad era relativamente baja y el precio de la protección –compra de opciones puts–razonable. No sabemos si vendrá o no una corrección, pero nos ha parecido interesante (rentabilidad/riesgo) aprovechar esos precios baratos para proteger un año tan bueno. Decía un gestor conocido nuestro que los paraguas hay que comprarlos en el verano. No por la estacionalidad, sino porque es el momento en el que, por falta de demanda, están a mejor precio.

Jon Rahm acaba de ganar el US Open, convirtiéndose en el único español que ha conseguido el trofeo, uno de los cuatro majors del año, y que le ha impulsado para recuperar el número uno del ranking mundial de golf. Se vio obligado a retirarse, hace dos semanas, del torneo Memorial debido al protocolo Covid del PGA Tour. Había acabado la tercera jornada y era líder destacado con seis golpes de ventaja y gran favorito para llevarse el torneo al día siguiente. Para más inri, el US Open empezaba en dos semanas y su presencia no estaba asegurada. Me puedo imaginar a mí mismo en esa situación, desbordado por sentimientos de rabia, frustración o lamento. En una entrevista concedida después de conseguir el US Open comentaba: “He intentado estar calmado en todo momento. Mi mente siempre ha sido la misma el jueves o el domingo, intentando estar siempre en el presente”. ¡Qué fortaleza y capacidad de concentración! Está claro que Jon Rahm aprovechó esas dos semanas para prepararse bien. Al leerlo me acordé de una frase de Gustave Flaubert: “El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente”.

En el mundo de las inversiones es importante la estabilidad emocional, como hemos comentado en otras ocasiones. De los errores pasados hay que aprender, pero no lamentarse eternamente. Del futuro, que está por escribir, hay que intentar huir del miedo o la esperanza (¿altas expectativas?). Esto está muy bien en teoría, en la práctica es mucho más difícil.

Ángel Olea es Socio y director de inversiones de Abante