El ahorro de costes de la EBA es un acierto y a la vez un fracaso

La medida anunciada por el supervisor bancario debería ser un primer paso para que la UE se decida a reducir los atávicos costes burocráticos que soportan las empresas

La gran crisis financiera de 2008 dejó como legado permanente una exhaustiva normativa de supervisión en el sector financiero que endureció sustancialmente algunas exigencias que ya existían, como las referidas al capital de las entidades, pero también generó un importante acervo de nueva normas de gran complejidad técnica. No solo acatar, sino también acreditar el cumplimiento de ese ingente marco regulatorio, se ha convertido en una carga notable para las entidades financieras, muy especialmente para las de menor tamaño, porque se ha sumado a los rigores de una coyuntura económica y monetaria compleja que ha estrechado sustancialmente los márgenes del negocio bancario. La propia EBA (Autoridad Bancaria Europea) reconocía ayer este extremo al anunciar que reformará los procesos de su actividad supervisora y reguladora con el objetivo de reducir la factura que tienen que afrontar los bancos para cumplir con las exigencias burocráticas. El organismo supervisor, que ha elaborado un listado de 25 recomendaciones, calcula que los costes podrían rebajarse entre un 15% y un 24%, lo que equivale a entre 188 y 288 millones de euros. La mayoría de esos ahorros procederían de las entidades más pequeñas y de estructura menos compleja, que son las que soportan con más dificultades y menos herramientas el sobrecoste regulatorio.

El anuncio de la EBA, que puede beneficiar a 2.800 bancos de la UE, constituye un acierto y al mismo tiempo un fracaso. Un acierto en primer lugar, porque cualquier medida cuyo objetivo sea reducir la burocracia que soportan las empresas resulta una forma simple y eficaz de aumentar la competitividad, aún más en un contexto de crisis como el que Europa vive actualmente. Pero también un fracaso,ya que supone reconocer que la regulación en vigor puede reducirse, agilizarse y abaratarse, y que el peso soportado por las compañías –en este caso por las del sector bancario– durante los últimos años ha sido excesivo e innecesario.

Las empresas europeas han dejado de ser únicamente negocios nacionales o comunitarios para convertirse también en operadores internacionales dentro de un mercado globalizado y altamente competitivo. La medida anunciada por la EBA debería ser un primer paso para que la UE se decida a apostar por reducir los atávicos costes burocráticos que soportan las empresas, y no solo en el sector financiero, sino también en otros mercados, como forma de incentivar la actividad en un entorno cada vez más complejo para la economía europea.