El tamaño sí importa, (el bancario)

Las entidades europeas necesitan un proceso de mayor consolidación que les permita ser más grandes, actuar con más eficacia y elevar su rentabilidad

Si comparamos los cinco mayores bancos de EE UU por capitalización (JPMorgan Chase & Co, Bank of America Corp, Wells Fargo & Co, Citigroup Inc y U.S. Bancorp) con sus homónimos europeos (BNP Paribas SA, Banco Santander SA, Intesa Sanpaolo SpA, ING Groep NV y Credit Agricole SA) las diferencias son significativas (aunque todos se han visto afectados por el impacto del Covid). Hoy los cinco bancos norteamericanos tienen un valor de mercado de aproximadamente 1,23 billones de dólares y su capital contable es de 989.000 millones. Los resultados en estos doce últimos meses acumulan ingresos superiores a los 350.000 millones. Sus beneficios (antes de extraordinarios) atesoran una cifra de 93.000 millones mientras que su rentabilidad promedio es del 9,9%.

Estos cinco bancos controlan más del 40% del mercado norteamericano. Si ahora lo confrontamos con los bancos de la UE, siguiendo el mismo criterio de selección y tiempo, estos no superan los 300.000 millones de valor de mercado, mientras que la suma de su capital contable es de 464.000 millones. Los cinco bancos cotizan pues por debajo de su valor en libros, un dato que muestra su actual debilidad para generar valor a sus accionistas. Sus ingresos añaden un total de 172.000 millones a la cuenta de resultados. Su rentabilidad no excede del 3% debido a la obtención de unos beneficios de tan solo 8.650 millones de euros, un 90% menos del logrado por sus pares norteamericanos.

Parece evidente que la banca europea necesita de un proceso aun mayor de consolidación que le permita ganar tamaño, mejorar su eficiencia y al mismo tiempo corregir al alza los porcentajes de rentabilidad.

Sin querer ser exhaustivo. su integración les permitiría reducir la fragmentación y eliminar los subbancos no rentables con menor capacidad para invertir en tecnología; mejorar la solvencia y sus necesidades de capital regulatorio ; compartir los costes de ciberseguridad, un elemento crítico y prioritario en este sector; facilitar la adaptación a un futuro nuevo y más digital; poner en común el aprovechamiento de los recursos y la obtención de economías de escala con el objetivo de mejorar sus márgenes; eliminar las deficiencias de cada unidad de negocio para aprovechar las fortalezas aportadas por la integración corporativa potenciando aquellas áreas de actividad que realmente fuesen más rentables.

La UE es la segunda área económica en importancia después de los EE UU, pero lamentablemente el mercado único europeo no está totalmente integrado especialmente en este sector, lo que complica la consolidación de bancos paneuropeos. Se hace imprescindible un único marco regulatorio, que todos estén sujetos a una sola legislación. Esto eliminaría las normas y competencias de cada país. Asimismo, habría que homogeneizar todos los contratos de operaciones bancarias entre cliente y banco. Finalmente es apremiante poner en marcha un mecanismo de garantía de depósitos completo (EDIS por sus siglas en inglés) para que la unión bancaria sea verdaderamente un mercado doméstico.

La disrupción tecnológica, con la aparición de las fintech, han convertido a este sector posiblemente en el más debilitado de Europa (antes de la pandemia). El sector fintech ofrece grandes oportunidades y gran potencial de crecimiento. Tan solo hace falta un cambio que incluya más pedagogía a la población, que reduzca las barreras y los trámites al emprendimiento, que favorezca la formación de los profesionales y que se supere la resistencia de la dirección de las empresas a transformar la forma de gestionar las finanzas.

Por consiguiente, el fortalecimiento de la banca pasa ineludiblemente por unificar esfuerzos para que, mediante fusiones paneuropeas o también acuerdos de colaboración conjunta, puedan hacer frente a este reto tecnológico.

Hace tan solo unos días la prensa económica publicaba el acuerdo entre los 30 bancos más grandes de Europa para crear un servicio unificado de pagos a nivel europeo (EPI). Se trataría además de un proyecto respaldado por la Comisión Europea y los principales reguladores financieros de la zona euro. Su objetivo es hacer frente a las grandes empresas tecnológicas fortaleciendo además la total autonomía europea en el sistema de pagos. Este tipo de alianzas son también uno de los caminos que debe seguir el sector.

La tecnología juega un papel crucial en la estrategia de la banca. A modo de ejemplo: JP Morgan gasta 11.000 millones en investigación tecnológica, casi 8 veces el beneficio de CaixaBank en 2020, y 50.000 tecnólogos están trabajando para el banco, un escenario que se repite en las grandes entidades de EE UU antes mencionadas.

El presente de la banca ya es digital y competir con estos nuevos players se consigue unificando esfuerzos mediante la consolidación o a través de acuerdos de colaboración. Ganar tamaño en la banca, sí importa.

Rafael Sambola Puig es economista y profesor de Eada Business School