La moda también se apunta al trabajo híbrido

Los trabajadores se vestirán más para visitar clientes que para la oficina

Un hombre trabaja mitad en traje y mitad en pijama desde su casa.
Un hombre trabaja mitad en traje y mitad en pijama desde su casa. GETTY IMAGES

Los pijamas y la ropa de estar por casa han sido los reyes del armario durante este año para el segmento de la población que ha podido teletrabajar, pero toca ir retomando la normalidad y, con ella, la vuelta a la ropa de oficina. Sin embargo, volver a las viejas costumbres no siempre es fácil y muchos apostarán por relajar los códigos de vestimenta para hacer la vuelta más llevadera, lo que tiene implicaciones que van más allá de lo meramente formal. Sobre todo ello se debatió esta semana durante la mesa redonda La nueva ropa de trabajo, en el marco del Business of Luxury Summit (cumbre del negocio del lujo, en inglés), organizado por el Financial Times, y en el que también participó la Asociación Española del Lujo.

Para el diseñador Jason Wu, con la recuperación de la normalidad habrá una explosión de glamur. “El año pasado no era el momento de engalanarse, pero yo creo que ahora veremos mucha vestimenta de venganza. Después de un año de Netflix en casa, la gente quiere volver a verse elegante”, comentó. Si bien el mundo de la moda ya evolucionaba hacia la casualización, esta tendencia vivirá un pequeño parón. “Yo mismo me muero de ganas de ponerme un esmoquin y una buena camisa”, reconoció a través de la webcam vestido con una sudadera negra. No son solo suposiciones, argumentó, sino que es algo que ya está pasando: “En China vemos que la gente se vuelve a vestir como antes, así que lo lógico es pensar que también ocurrirá así en Occidente”.

Tras esta primera etapa de euforia, el equilibrio será la norma. “Mi sensación es que las personas se van a arreglar más cuando vayan a visitar a los clientes que para el día a día en la oficina. La ropa formal va a sobrevivir, pero más para los exteriores que para el lugar de trabajo”, expuso la diseñadora Emma Willis. No obstante, no es simplemente una cuestión de formalidad, sino que la percepción externa influye en la confianza que se tiene en uno mismo. “Puede que con el atuendo de oficina se sufra un poco a veces, pero en este contexto lo que importa es la seguridad que se transmite”, prosiguió. En contraste, al salir del ámbito laboral, se seguirá primando la comodidad.

Esta búsqueda de la confianza a través del aspecto afecta de forma diferente a cada colectivo. En este caso, los expertos coincidieron en que, aunque en un primer momento pudiera parecer lo contrario, son los jóvenes los que más se apoyarán en la vestimenta formal, con el objetivo de transmitir seriedad. “La imagen de los directivos que se quitan el traje y la corbata corresponde con personas que ya han tenido éxito. Creo que es un mal consejo decirle a los jóvenes que no hace falta que vistan elegante”, comentó Willis.

Aunque algunas voces se han mostrado críticas con la casualización del vestir, ya que creen que las mujeres son tomadas menos en serio cuando adoptan esta estética, la diseñadora discrepó. “Creo que nosotras tenemos más flexibilidad y más opciones disponibles”, apuntó. Por su parte, Wu insistió en que la relajación de los códigos de vestimenta afectará de la misma manera a ambos géneros: “La cultura de las zapatillas deportivas lo cambió todo, ahí es cuando las mujeres vieron que no tenían por qué llevar tacones para trabajar”. Sin embargo, Willis reconoció que ella, a nivel personal, no se vería capaz de ir a la tienda sin ellos.

Los expertos coincidieron en que las camisas seguirán siendo un básico en las oficinas, si bien es posible que las corbatas que, según el periodista Robert Armstrong, ya habían experimentado un leve descenso en los últimos tiempos, queden relegadas a momentos más puntuales. En esta línea, las marcas deberán apostar por el conocido como smart casual (casual elegante) para continuar siendo útiles a los profesionales. Pero tampoco será necesario despedirse de los pijamas tan pronto. Las mayoría de las compañías están poniendo el foco en el trabajo híbrido de cara a los próximos meses y eso continuará teniendo un impacto en los atuendos. “Habrá que encontrar un equilibrio entre ambos mundos, entre la ropa de estar por casa y el smart casual”, comentó Armstrong, que lucía corbata y chaqueta a pesar de hablar desde el salón de su casa.

Sostenibilidad

El nivel de formalidad no es el único cambio que ha traído la pandemia. La creciente conciencia medioambiental que se ha acentuado durante estos meses ha llegado también al interior de los armarios. “El último año me ha hecho pensar aún más que la calidad es más importante que la cantidad”, comentó Wu. Las prendas básicas que poder ponerse una y otra vez a lo largo de los años serán las grandes estrellas. Así lo vio también Willis: “La calidad es la elegancia de nuestro tiempo”.

En esta línea, los materiales sostenibles y responsables con el medioambiente, así como las fibras naturales, estarán más valoradas. “Si vamos a vestir de manera más casual, hay que apostar por prendas de más calidad para que se vea bien”, apuntó Willis, quien también pronosticó un auge de la fabricación a mano.

 

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