Apostar por la red de recarga es clave para el éxito del coche eléctrico

Entre las barreras figura el precio de los vehículos, sus limitaciones de autonomía y las dificultades para cargar la batería

La progresiva implantación del coche eléctrico en España de aquí a 2030 es un proyecto ambicioso, pero no resultará factible si no va acompañado de una infraestructura eficiente de recarga que facilite la popularización de estos vehículos en el mercado español. El Gobierno prevé que para esa fecha circularán por las carreteras españolas cinco millones de coches eléctricos, de los cuales tres millones serán turismos. Desde el sector del automóvil se asegura que para que el objetivo se alcance es necesario apostar por una potente red de recarga que alcance de 45.000 a 48.000 puntos a finales de 2022, de 110.000 a 120.000 en 2025 y de 340.000 a 360.000 en 2030. Las empresas del sector de la energía, con Iberdrola, Endesa y Naturgy a la cabeza, han puesto en marcha distintos proyectos para acelerar el despliegue de esa red. Mientras Naturgy prevé construir una red pública de más de 1.100 cargadores rápidos y semirrápidos en entornos urbanos, en el marco del programa europeo Next Generation, Iberdrola contempla la instalación de 150.000 puntos de recarga en hogares, empresas y en la vía pública en los próximos cinco años. Endesa, por su parte, ha empezado a desarrollar la segunda fase de un plan que incluye la instalación de 25 estaciones de carga ultrarrápida en 2022, las cuales permitirán cargar en menos de diez minutos y que, según la compañía, serán las primeras de estas características en España.

Pese a todo, a día de hoy la economía española está todavía lejos de otros países en el desarrollo del vehículo eléctrico. El peso de estos modelos se ha incrementado casi un 5% desde 2011, pero de momento representa tan solo el 0,2% del parque. Entre las razones que explican este escaso arraigo figura el precio de los vehículos, sus limitaciones de autonomía y muy especialmente las dificultades que representa la escasa red de recarga que existe en España, un elemento fuertemente disuasorio en un país en el que los trayectos largos por carretera no son una excepción.

Los planes de inversión de las grandes empresas energéticas constituyen una muestra de su compromiso y su confianza en el desarrollo de estos vehículos. Pero para ser plenamente efectivos, esos planes deberían crecer a la par o incluso por delante de la demanda de los propios modelos, de forma que esta no se vea afectada por una de las grandes objeciones a su compra. También es necesario apostar por la tecnología más rápida de recarga, aquella que resulte no solo asequible en términos de precio, sino también en términos de tiempo. Del éxito de estos factores eminentemente pragmáticos, y no tanto de argumentos ideológicos o de ética social, depende la implantación efectiva del coche eléctrico en España.