Algunas razones contra la Superliga europea

Si se hiciese realidad nos empobrecería culturalmente, pero además es un ejemplo de mala práxis económica

Recuerdo cuando de chavales íbamos algunos domingos a animar a los jóvenes jugadores del Logroñés Promesas en el campo municipal de Las Gaunas; el Promesas militaría en tercera división, o tal vez más abajo, pero allí nos juntábamos un grupo de amigos, nos divertíamos y pasábamos fenomenal la tarde. Al domingo siguiente veía fútbol de mayor calidad cuando iba con mi padre a ver a los mayores: el Logroñés. No pretendíamos ver figuras famosas del fútbol mundial, solo queríamos que ganara nuestro equipo, que ya era bastante. Alguna vez veía por televisión algún partido de primera; eso ya era otro nivel, aunque no todos fueran grandes figuras.

Ahora todo es distinto: vemos jugando en equipos españoles a bastantes de los mejores jugadores del mundo, y nuestros equipos son seguidos y admirados en todo el planeta. La televisión y la tecnología ponen a nuestra disposición los mejores partidos a un precio asumible. En Iberoamérica siguen al Madrid o al Barça tanto o más que a los equipos locales, y lo mismo pasa en todo el mundo. El Logroñés no le interesa a mucha gente, y lo mismo pasa con otros muchos equipos: ¡pudiendo ver a Messi o a Mbappé!

Es sin duda un fenómeno interesante, producto de la globalización, que no hubiera sido posible sin la revolución tecnológica a la que estamos asistiendo. El resultado es que unas decenas de jugadores en todo el mundo centran la atención de los medios y de la gente. Naturalmente generan mucho dinero, y cobran en consecuencia. La Superliga europea es un invento para avanzar más en esa línea: unos pocos clubs, que reúnen a los mejores jugadores y el mayor poder de convocatoria, se juntan para montar su liga, confiando en que todo el mundo la seguirá, quedando las demás ligas postergadas. Si llegara a ser una realidad, podría llegar a anular la identificación con los equipos locales, nos empobrecería culturalmente, pero además, es un ejemplo de mala praxis económica.

Los clubs de la Superliga ganarían mucho más dinero, tendrían a los mejores jugadores, que podrían superar las exorbitantes retribuciones actuales. Algunos dicen que la economía es así, y que cada uno está en su derecho de intentar ganar todo lo que pueda. Pero a mí me preocupa la desigualdad: ¿es lógico que algunos futbolistas ganen cantidades fabulosas, y todavía quieran ganar más?

Yo creo que las autoridades políticas tienen en esto una responsabilidad. No soy partidario de poner límites a las retribuciones, como tampoco a los alquileres, pero sí de crear las condiciones de mercado para que no haya abusos. Para evitar la excesiva subida de los alquileres hay que poner más viviendas en el mercado, y para evitar un enriquecimiento excesivo de algunos que viven alrededor del fútbol, hay que impedir las Superligas.

La globalización y la tecnología tienen mucho que ver con el aumento de la desigualdad en todo el mundo, y concretamente en España: los trabajadores menos cualificados o menos afortunados ven reducidos sus salarios o pierden sus puestos de trabajo, mientras otros las aprovechan para ganar más dinero. Las desigualdades aumentan y aumentan, y llevamos muchos años con este proceso. La Superliga no es sino una anécdota en esta evolución, pero una anécdota en la mala dirección.

Cierta desigualdad es consustancial con el funcionamiento de un sistema de mercado, sistema que tiene muchas virtudes; pero deberíamos dar prioridad a buscar e implementar soluciones que permitan el funcionamiento del mercado disminuyendo las desigualdades, que yo creo que ya son insoportables, tanto por razones de justicia como por razones de sostenibilidad. No son sostenibles las actuales diferencias retributivas en las grandes empresas españolas, y si no las vamos paliando, acabará sufriendo el propio sistema político. No creo que la solución venga de subir el impuesto de sucesiones o de patrimonio; lo que hay que hacer es crear las condiciones de mercado para revertir las diferencias. Creo que esto debería ser prioritario para los gobernantes españoles, europeos y mundiales.

Muchas medidas podemos tomar para mejorar el funcionamiento del mercado, desde una mayor transparencia hasta una mejor protección de los consumidores, en todo esto hay un muy amplio margen de mejora; pero un tema fundamental en la economía de mercado es estimular la competencia: nuestro entorno económico tiene organismos que se dedican a estos menesteres, pero hay que avanzar mucho más: tiene que haber más limpieza en el funcionamiento de las operaciones comerciales, debemos evitar los abusos de los grandes sobre los pequeños; en definitiva, hay que luchar contra los monopolios, contra los oligopolios, contra los privilegios, que se dan en los mercados de bienes y servicios tradicionales, en el mercado laboral o en los mercados de las nuevas tecnologías. Y también en el fútbol.

Adam Smith, cuando escribía en el siglo XVIII, no se podía llegar a imaginar nuestras actuales circunstancias, pero ya defendió con calor la libre competencia. Y esta idea sigue siendo perfectamente válida hoy. ¿Qué quieren los clubs de la Superliga?, disminuir la competencia. Lo mismo que hacen muchos privilegiados de nuestra sociedad. Habrá que idear e implementar diferentes medidas, y entre ellas más competencia y menos monopolios y menos Superligas.

Parece que la Superliga europea no saldrá adelante en su formato inicial, me congratulo por ello, pero la pelea no está ganada. Nunca se acaba de ganar la batalla contra los partidarios del monopolio, habrá otros intentos, los que quieren beneficiarse de disminuir la competencia no descansan.

Fernando Gómez-Bezares es Catedrático de Finanzas de Deusto Business School. Vicepresidente de Spainsif