‘Westworld’ y el derecho de los robots

La serie pone en evidencia el progreso actual de la inteligencia artificial y los robots, así como la financiación y explotación privada de la tecnología

Ed Harris, en la segunda temporada de 'Westworld'. En vídeo, tráiler de la segunda temporada de la serie. HBO
Ed Harris, en la segunda temporada de 'Westworld'. En vídeo, tráiler de la segunda temporada de la serie. HBO

Westworld es un proyecto ambicioso de HBO que juega con varios géneros: ciencia-ficción, western, thriller, terror, lo que lo dota de una singularidad relevante en el panorama seriéfilo actual.

La serie narra en un futuro no muy lejano la historia de un parque temático habitado por robots, “los anfitriones”, dotados de inteligencia artificial para interactuar con los humanos, “los huéspedes”, que visitan el parque y que se adhieren a las múltiples historias o “narrativas” planteadas sobre la base de la programación de los robots, para satisfacer sus necesidades de emoción y aventura, pero también sus bajos instintos de violencia o sexo. No obstante, el problema surge cuando esos robots anfitriones, programados para llevar a cabo las narrativas ideadas por los guionistas desde la sede central de la empresa, toman conciencia de su realidad, y advierten que los humanos los están utilizando.

Westworld, con evidentes ecos de obras como Blade Runner, Persons of Interest, Dollhhouse o Parque Jurásico, es espectacular en su diseño de producción, impactante en su contenido, y refleja una violencia inusitada tanto en las actitudes de los humanos que van a “divertirse” al parque como en la posterior rebelión de los robots.

Las preguntas sobre hacia dónde puede conducirnos el progreso tecnológico, los límites al mismo, la convivencia del ser humano con las inteligencias artificiales, la posibilidad o no del libre albedrío, la existencia de un futuro determinado imposible de modificar, o la propia condición de la naturaleza humana tienen una respuesta muy pesimista en la serie, si bien es cierto que las actitudes de los protagonistas son distintas según sus propias experiencias.

Por otro lado, Westworld también plantea cuestiones sobre los seres dotados de inteligencia artificial, sobre sus derechos, sobre su papel en el futuro de la evolución humana, o si llegarán a desarrollar una autoconsciencia que pueda suponer la base de su rebelión frente a sus creadores.

La diferencia entre los humanos y los robots se diluye a medida que avanza la trama, y la serie cuestiona abiertamente si no estamos hablando ya de etapas evolutivas en nuestra historia, y como podemos estar acercándonos a la extinción del ser humano. Las líneas de programación, los algoritmos, las bases de datos, pasan a ser los libros de historia de nuestra civilización, como se refleja en algún capitulo, y da pie a imaginar un futuro no solo dependiente, sino exclusivamente controlado por la inteligencia artificial.

Westworld es una serie adulta, compleja, bien escrita y bien interpretada, donde desde los títulos de crédito y la impactante música de Ramin Dwajadi se adivina ese mundo de ciencia ficción, pero no tanto, que plantea cuestiones filosóficas sobre la condición humana y hacia dónde nos conduce el progreso científico como especie, y que sin duda tendrá un mejor y más profundo desarrollo en las próximas temporadas que la consagraran como un icono de la televisión actual.

En relación con esta serie es una evidencia el progreso actual de la inteligencia artificial y los robots, y la financiación y explotación privada de la tecnología, como ocurre en Westworld, es imparable, pero establecer el marco legal adecuado para su control es una obligación del legislador.

Entre las distintas iniciativas reguladoras son de destacar las resoluciones del Parlamento Europeo con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de derecho civil sobre robótica, que recoge las principales líneas de trabajo para el legislador al respecto, entre las que se mencionan la creación de una Agencia Europea de Robótica e Inteligencia Artificial, la elaboración de un código de conducta ético voluntario que sirva de base para regular quién será responsable de los impactos sociales, ambientales y de salud humana de la robótica y asegurar que operen de acuerdo con las normas legales, de seguridad y éticas pertinentes (se prevé por ejemplo la exigencia de que los robots incluyan interruptores para su desconexión en caso de emergencia, como se aprecia en algunas escenas de Westworld donde con un comando de voz, una frase, “los anfitriones” se desconectan), la promulgación un conjunto de reglas de responsabilidad por los daños causados por los robots, la redacción de un estatuto de persona electrónica, el estudio de nuevos modelos de empleo y el análisis de la viabilidad del actual sistema tributario y social con la llegada de la robótica, la integración de la seguridad y la privacidad como valores de serie en el diseño de los robots, así como la puesta en marcha un Registro Europeo de robots inteligentes.

En conclusión, asuntos complejos e inexplorados en torno a la regulación de la inteligencia artificial que están siendo actualmente objeto de debate y desarrollo legislativo y que, sin duda, supondrán un reto en los próximos años.

José Luis Luceño Oliva. Profesor de Loyola Másteres.

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